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Los euroescépticos son una amenaza para los derechos de los trabajadores

by Angelo Boccato

Las elecciones europeas de hoy estaban escritas en la historia aun antes de iniciarse.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial el continente no había experimentado una crisis económica, social, política y existencial tan profunda.

El proyecto europeo es blanco de ataques y ofensivas a consecuencia de las políticas de austeridad aplicadas por la troika, la cual ha antepuesto las necesidades de las empresas a las necesidades de los ciudadanos europeos.

En este contexto, los partidos políticos “euroescépticos” y xenófobos se encuentran en alza en todo el continente, de Grecia a Francia y el Reino Unido.

Las plataformas de partidos de derecha y de extrema derecha presentan una gran variedad en estas elecciones, desde fuerzas que favorecen medidas proteccionistas hasta las que anuncian el libre mercado.

Obviamente, no todos los euroescépticos son de extrema derecha: particularmente, el Movimiento Cinco Estrellas de Italia (M5S), que no reviste las características abiertamente xenófobas que caracterizan a fuerzas como el Frente Nacional en Francia o el Partido de la Libertad de Geert Wilders en los Países Bajos, sino favorece una posición contraria al orden establecido más fuerte.

Beppe Grillo, líder del M5S, ha sido claro en cuanto a distanciar su partido de formaciones como la de Marine Le Pen, y algunos senadores del M5S incluso han discrepado públicamente con la propia postura de línea dura de Grillo sobre la migración indocumentada.

Nigel Farage, del Partido por la Independencia del Reino Unido, ha sabido venderse, con bastante éxito, como el “paladín del pueblo”, aunque otros elementos del partido han resultado menos convincentes para hacer creer que no son extremistas de derecha.

Bajo el nuevo liderazgo del secretario federal Matteo Salvini, la xenófoba Liga Norte ha visto sus números reforzados por el aumento del sentimiento antieuropeo en Italia, y al presentar a la moneda única como la fuente de todos los males del bel paese.

En Francia, el Frente Nacional de Le Pen está vaciando el espacio político dejado por el muy impopular Francois Hollande y su Partido Socialista a la izquierda, al igual que el espacio de centro-derecha del UMP neo-gaulliste.

Sin embargo, todos estos partidos, y muchos más, ni siquiera intentan ocultar su deseo de minar a la Unión Europea en su estado actual.

 

Inviable para aquellos que trabajan

Los partidos euroescépticos afirman situar a los ciudadanos europeos en el centro de sus políticas, a diferencia de los partidos mayoritarios en el Parlamento Europeo.

Sin embargo, es muy probable que sus promesas electorales populistas, tales como salir de la zona euro, por ejemplo, resulten completamente inviables de resultar elegidos en el Parlamento.

Además, estos grupos carecen del tipo de cohesión política que puede ayudar a crear una familia política europea funcional.

No obstante, el papel de las fuerzas anti-Unión Europea no puede infravalorarse, ya que, pese a sus diferencias, representan un considerable bloque político.

Pero, ¿pueden estas fuerzas contrarrestar la amenaza bien real que representa el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI) para los derechos de los trabajadores y los servicios públicos?

El Acuerdo Transatlántico tiene como finalidad crear una zona de libre mercado común entre la Unión Europea y los EE.UU. mediante la reducción de aranceles, el aumento de la protección de los inversores transnacionales y la armonización de las barreras reguladoras al comercio entre las dos orillas del Atlántico.

El problema que presenta este acuerdo es que dará poderes sin precedentes a las multinacionales, permitiéndoles demandar a los Estados valiéndose de normas de solución de controversias entre inversores y Estado.

Un ejemplo de estas normas de solución de controversias entre Estado e inversores es el de Egipto, donde la multinacional francesa Veolia está demandando al Gobierno egipcio por aumentar el salario mínimo.

Otro riesgo es el que representa la pérdida masiva de empleo, pese a los reclamos de crecimiento económico, como ya ha sucedido antes con acuerdos como el TLCAN (NAFTA).

 

La línea de partido y el Acuerdo Trasatlántico

Pero, ¿qué papel desempeñan los partidos políticos europeos en este acuerdo tan fundamental, pero secreto?

El Acuerdo Transatlántico, por ejemplo, suele ser elogiado por el Partido Popular Europeo; no recibe mucha atención por parte del Partido Socialista Europeo; y ha sido condenado al ostracismo por el Partido Verde y la Izquierda Europea.

Lo más probable es que el costo del Acuerdo Trasatlántico recaiga sobre los trabajadores y los consumidores, a través de normativas más débiles y salarios más bajos.

La disminución en materia de regulación afectará a los consumidores en cuestiones como la seguridad alimentaria y la utilización de organismos modificados genéticamente.

Las fuerzas políticas de extrema derecha y los euroescépticos culpan a elementos como la moneda única de la zona euro y la migración de hacer la vida de los trabajadores y trabajadoras europeos más difícil.

Pero la verdad es que estos partidos nunca tendrán la organización ni la fiabilidad necesaria para mantener una vigilancia eficaz sobre acuerdos como el Trasatlántico.
Las ONG, los sindicatos y los trabajadores europeos no necesitan un Parlamento débil, bloqueado por fuerzas euroescépticas que pueden mostrarse como defensores de las personas, pero en realidad, dirigen la mayor parte de su energía hacia cuestiones menores (aunque generadoras de grandes titulares).

Las elecciones europeas son muy importantes y el público en general debe ser consciente de los riesgos que presenta para sus derechos el que las fuerzas políticas de izquierda y los sindicatos estén luchando intensamente para protegerlos.
La xenofobia, el aislacionismo y las poco realistas promesas siempre se utilizan como armas en épocas de crisis, sobre todo cuando algunos de los partidos mayoritarios no han podido comunicar claramente con la opinión pública.

Por tanto, debemos mantenernos vigilantes con el que probablemente será el Parlamento más euroescéptico de la historia y con la forma en que trate acuerdos comerciales como el Trasatlántico.

De fracasar en nuestro intento, las consecuencias serán enormes.

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