Afrodescendientes en América Latina: un viaje de ida

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La lucha de los afroamericanos y afroamericanas por el reconocimiento de sus derechos es más vigente que nunca.

El racismo y la situación desventajada de esta comunidad persiste en muchos puntos del globo, desde Sudáfrica y los vestigios del Apartheid, pasando por el racismo cotidiano en Bélgica, hasta las reacciones ante una ministra negra en Italia.

En los Estados Unidos, la persistente violencia hacia la comunidad afroamericana provee titulares casi a diario.

50 años después del Civil Rights Act y con el primer presidente afroamericano en la historia, este país tiene verdaderos problemas para igualar los derechos de las comunidades que lo conforman. Dicho de otra manera, para igualar extender los derechos y oportunidades de los blancos a las otras comunidades.

En América Latina, la situación de los y las afrodescendientes pasa más desapercibida, aunque representan entre el 20 y 30% de la población. Por ello, la declaración del Decenio de los Afrodescendientes (2015-2024) por la ONU es una gran noticia.

El Decenio es consecuencia de un largo proceso de lucha de los movimientos sociales y organizaciones populares. La Conferencia de Durban contra el Racismo (2001) fue el escenario que inició una importante etapa histórica en la integración de los pueblos afrodescendientes y la defensa de sus derechos.

Sin embargo, la agenda planteada, construida colectivamente, se distorsionó por la intervención de la derecha internacional, los mecanismos institucionales de las grandes corporaciones y las formalidades de los organismos multilaterales.

A ello se suma la burocracia enquistada y fundamentalmente la mentalidad neoliberal de cierto liderazgo que percibió en los financiamientos una oportunidad para resolver sus intereses particulares.

Los EE.UU. y sus socios internacionales se propusieron penetrar en los movimientos sociales afrodescendientes con el objetivo político de castrar las luchas que se plantearan en un futuro inmediato.

Nuestras comunidades afrodescendientes, en su mayoría, cumplen un patrón de asentamiento en territorios de inmensas riquezas naturales: reservas hídricas, yacimientos de hidrocarburos y minerales o, en algunos casos, espacios susceptibles de planes urbanísticos o turísticos de carácter neoliberal.

La aparición de la afroderecha se produce con el propósito de crear una élite que expropiara la voz de nuestras comunidades para negociar con los Gobiernos súbditos de las grandes multinacionales.

La fragmentación de las organizaciones, la dispersión de las alternativas y la propia incoherencia de las luchas son hoy indicativas de que esos planes nos debilitaron.

 

El camino hacia el Decenio de las y los Afrodescendientes

En el escenario del Año de las y los Afrodescendientes (2011), el debate político más importante fue deslindar con esa afroderecha, con la conformación de la Alianza Regional Afrodescendientes para América y el Caribe -ARAAC- en el espacio del IV Encuentro Internacional de Movimientos Sociales Afrodescendientes y Transformaciones Sociales en América Latina y el Caribe, en junio de 2011, en Caracas.

En su declaración final, planteó “exigir a la Organización de las Naciones Unidas la implementación del Foro Permanente de las y los Afrodescendientes y el Decenio de los pueblos Afrodescendientes de la ONU”.

El reinicio de la integración de los pueblos afrodescendientes se da sobre la base de una agenda internacional con una perspectiva progresista, revolucionaria y democrática participativa, incorporándose a los nuevos escenarios de cooperación e integración en el continente.

Los movimientos sociales afrodescendientes debemos exigir a los Gobiernos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) el cumplimiento de la agenda definida en la Cumbre de Otavalo (Ecuador) de junio de 2010.

Dicha cumbre estableció el compromiso de nuestros Gobiernos de dar prioridad a las comunidades indígenas y afrodescendientes. Hay un imperativo ético que los Gobiernos participantes deben cumplir. Las comunidades afrodescendientes esperan que sus actuaciones concretas sobre el tema disten de las de Gobiernos de derecha.

Los espacios formales como el Consejo de Movimientos Sociales deben discutir propuestas como el Fondo Afrodescendientes del ALBA, como opción para enfrentar la pobreza y las desigualdades sociales junto a la intervención política, que no permite a nuestros pueblos avanzar.

La integración de los pueblos afrodescendientes del ALBA es el modelo esperado por nuestros hermanos y hermanas del continente. Es contradictorio el poco avance.

 

El “Mercosur de las y los Afrodescendientes”

Hoy se muestran condiciones favorables para la creación del Mercosur de las y los Afrodescendientes. Pese a tener en la última década tres Gobiernos con liderazgos progresistas, cada uno de ellos ha generado acciones afirmativas en sus respectivos países (Argentina, Brasil, Uruguay), sin ningún tipo de coordinación en los espacios de cooperación.

Superar el esquema comercial y neoliberal que dio nacimiento al Mercosur es un reto. Las luchas que establezcan los movimientos sociales afrodescendientes en este decenio son retos que atañen a su capacidad de movilización y negociación con esos Gobiernos.

Recordemos que, solamente en Brasil, se encuentra más de la mitad de afrodescendientes que viven en la marginalidad y pobreza del continente. Es urgente generar un diálogo de nuestros movimientos sociales para que arranque a las mentalidades tecnocráticas reivindicaciones históricas y deudas sociales pendientes.

El Mercosur de las y los Afrodescendientes para este 2015 debe ser una tarea en el proceso de integración de nuestros pueblos. Se debe superar el lento grupo de trabajo sobre afrodescendientes y convertirlo en el Mercosur de los Afrodescendientes.

 

Avances en los foros de integración regional

La experiencia progresiva de los movimientos sociales afrodescendientes en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) exige mayor dedicación.

La declaración del Encuentro Internacional de la CELAC en Caracas (2011) propuso reconocer los aportes de las y los afrodescendientes en la construcción del continente.
La relación solidaria y el debate fraterno entre el movimiento social afrodescendiente y la Cancillería de Venezuela permitió introducir ese punto en la carta fundacional de la CELAC y seguir proponiendo otros argumentos para construir una visión y líneas de acción sobre el tema.

Las resoluciones de los cancilleres sobre las y los afrodescendientes fueron ratificadas en la II Cumbre de la CELAC en La Habana, en enero de 2014, e incluidas en su declaración final.

El reconocimiento de los movimientos sociales no es un regalo, es un espacio conquistado en la reciente historia.

La reciente III Cumbre de la CELAC, en breves líneas, celebró la declaración del decenio por Naciones Unidas e incluyó una declaración especial sobre las víctimas de la esclavitud.

La burocracia diplomática no defiende los intereses de las y los afrodescendientes; quienes debemos defender el decenio somos los movimientos sociales, entendido como una coyuntura para transformar el lema del decenio “Afrodescendientes: Reconocimiento, Justicia y Desarrollo” en las banderas de nuestras luchas históricas.

Además, debemos combatir la miseria y la pobreza, la defensa de nuestro patrimonio cultural material e inmaterial, impedir la expropiación de nuestros territorios, combatir la violación de nuestros derechos humanos, la construcción de una educación intercultural donde la variante afrodescendientes tenga protagonismo y la protección de nuestras mujeres y nuestros niños.

Debemos asumir la lucha y movilización por nuestros derechos.

 

Este artículo es una adaptación del original, publicado en Alainet.