Cada vez más empresas californianas apuestan por contratar a personas con autismo

Cada vez más empresas californianas apuestan por contratar a personas con autismo

Autistic students at the Exceptional Minds animation school in Sherman Oaks, California, work on the creation of their portfolio, 1 June 2018.

(Noémie Taylor-Rosner)

Con la vista concentrada en la pantalla, Dakota Jordan da el último retoque al dibujo animado en el que lleva trabajando con ahínco desde hace semanas. “Cuando creo algo, es como si el mundo estuviera de repente a mi alcance. ¡Es un sentimiento de libertad absoluta!”, explica este joven autista apasionado de las artes plásticas y del cine, que se incorporó hace un año a la escuela californiana de animación y efectos especiales Exceptional Minds.

Este establecimiento con sede en Sherman Oaks, a pocos kilómetros de los mejores estudios de Los Ángeles, forma a jóvenes talentos que padecen determinadas formas de autismo, que sueñan con trabajar en Hollywood y que a día de hoy están cada vez más solicitados por la industria del séptimo arte.

Aunque cada caso de trastorno autista es único, un gran número de personas autistas destacan por unas aptitudes específicas que resultan de gran interés para los estudios: una extraordinaria atención al detalle, una enorme capacidad de concentración, una predilección determinada por las tareas repetitivas y un gran nivel de creatividad.

La escuela Exceptional Minds se fundó hace siete años y actualmente dispone de su propio estudio de animación y efectos visuales. Allí trabaja una parte de los jóvenes que se han diplomado en la escuela, que son llevados con regularidad para colaborar con gigantes de la industria del cine y de la animación: desde Nickelodeon a HBO, pasando por Sony, Netflix o los Marvel Studios (una sucursal de Disney).

“Algunas de estas empresas están interesadas en recurrir a nosotros sobre todo en el ámbito de los efectos visuales”, explica Jennifer Giandalone, coordinadora del estudio. “Nuestro equipo se encarga, por ejemplo, de volver a trabajar sus imágenes, borrando minuciosamente determinados detalles no deseados en la pantalla, como por ejemplo los encrespados antiestéticos sobre la cabeza de un actor, o unas montañas de fondo”. Son muchos detalles que a veces requieren horas de trabajo y una concentración inquebrantable.

“Nuestros jóvenes diplomados reciben ofertas por parte de gigantes de la industria para trabajar en proyectos de gran envergadura, lo que no suele ser muy habitual cuando se está debutando en este sector”, se congratula el director de la escuela, Ernie Merlán. El equipo de Exceptional Minds ha trabajado recientemente en varias superproducciones estadounidenses como la película Solo, el spin-off de la saga de La Guerra de las Galaxias, y también en Pantera Negra.

La industria cinematográfica no es la única en interesarse considerablemente por los trabajadores autistas en California. La Silicon Valley fue una de las primeras en verse atraída por su potencial, hace algunos años. En 2015, el gigante de la informática Microsoft llegó incluso a crear un programa de contratación consagrado por entero a las personas autistas. En lugar de hacerles pasar la tradicional entrevista de trabajo, que les pondría en una situación de desventaja debido a sus dificultades de comunicación, la empresa les invita a que demuestren su talento y sus competencias técnicas trabajando durante varias semanas con sus propios equipos.

“Nos dimos cuenta de que un gran número de estudios indicaban que estábamos realmente pasando por alto (...) determinados talentos al no contratar a más personas autistas en Microsoft”, explicaba hace poco en la televisión norteamericana la creadora de este nuevo programa de contratación, Jenny Lay-Flurrie.

El 86% de los adultos autistas estadounidenses están en el paro

El ejemplo sumamente mediatizado de Microsoft se ha extendido desde entonces por el mundo de la tecnología y de las finanzas, y grandes empresas como J.P Morgan, Ernst & Young, IBM y Bloomberg se han inspirado en la iniciativa del gigante de la informática. No obstante, estas experiencias siguen siendo relativamente limitadas: solo cerca de 50 personas autistas están actualmente empleadas a tiempo completo en Microsoft desde que la empresa estableció un programa de contratación especializado.

Según el estudio National Autism Indicators Report, publicado en 2017 por el Instituto de Autismo de la Universidad de Drexel de Filadelfia, actualmente solo el 14% de los adultos autistas estadounidenses con capacidad para trabajar y que se benefician de una ayuda estatal, tienen un empleo remunerado.

“En Estados Unidos no existe ninguna ley que imponga un sistema de cuotas en las empresas privadas”, explica Merlán. “En una industria tan flexible como la del cine, donde todo va tan rápido, me parece que eso es difícil de establecer. En mi opinión, lo único que realmente podemos esperar es que las empresas tomen conciencia, para que las cosas sigan avanzando en la buena dirección y la sociedad comprenda por fin que tiene mucho que ganar”.

Existen en cambio varias leyes que protegen a los empleados autistas una vez que se han integrado en el mercado de trabajo: la Ley para estadounidenses con discapacidades (ADA), aprobada en 1990 para los empleados del sector privado y de las administraciones locales, y la Ley de Rehabilitación de 1973 para las personas que trabajan para el Gobierno federal. Además de proteger a los empleados contra posibles discriminaciones en el trabajo, estos textos les garantizan el derecho a reclamar disposiciones especiales en función de su discapacidad, ya sea teletrabajo, flexibilidad horaria o permisos suplementarios por enfermedad. Sin embargo estas demandas tienen que hacerse siempre en consulta con el empleador, que podría rechazarlas por motivos logísticos o financieros y proponer soluciones alternativas.

Concienciar a las empresas sobre las necesidades de los empleados autistas

Para que los empleados afectados puedan reivindicar sus derechos, es necesario que sean conscientes de su existencia y sobre todo que sean capaces de hacerlos valer a través de la negociación con su empleador.

“Algunos empleados autistas siguen sin saber que tienen derecho a solicitar disposiciones especiales, porque muchos de ellos suelen tener poca experiencia en el mercado de trabajo”, subraya Mellissa Toler, directora encargada de competencias interpersonales en el seno de la organización Coding Autism, un nuevo centro de formación informática en Los Ángeles dedicado a las personas autistas.

“Por medio de la negociación se pueden obtener muchas cosas en la empresa. Pero las competencias sociales no son en absoluto algo natural para los autistas. A veces tienen muchas dificultades para comprender ciertos detalles o la importancia de determinados gestos no verbales, como encogerse de hombros o fruncir las cejas, lo que puede dar lugar a situaciones conflictivas en el lugar de trabajo”, explica Toler.

“En el centro de formación, además de proporcionar una enseñanza técnica, ayudamos a los futuros codificadores a mejorar sus competencias interpersonales gracias a ejercicios prácticos adaptados a cada uno de ellos”.

“Es evidente que los esfuerzos también tienen que provenir de las empresas”, añade Oliver Thornton, fundador de Coding Autism y autista. “Nuestro objetivo en última instancia será ofrecer cursos sobre autismo a las empresas asociadas con las que trabajamos que estén interesadas en contratar a algunos de nuestros talentos, para que puedan aprender a adaptarse a las necesidades de sus nuevos empleados”.

Este tipo de programa ya ha sido puesto en marcha por Exceptional Minds. “Cuando un estudio contrata a uno de nuestros diplomados, le proponemos una formación para que el equipo pueda familiarizarse con el autismo y con las necesidades particulares del nuevo empleado, ya que cada persona autista es única”, señala Merlán. “Nos hemos dado cuenta de que estas formaciones basadas en la escucha y en el respeto de los demás no solo benefician al nuevo empleado autista sino también a la empresa en su conjunto. Al final, todo el mundo sale ganando”, concluye.

This story has been translated from French.