China pretende alcanzar la “sociedad socialista” en 2050

China pretende alcanzar la “sociedad socialista” en 2050

“We are building a window on (our) civilisation to increase our friendship with the five continents.” This propaganda slogan, reproducing the calligraphy of the former Chinese president Jiang Zemin, was put on display during the 1990s at the Shanghai International Airport Company (eastern China). It was during that time that Jiang brought Wang Huning, his advisor and theoretician, into the political realm. The academic is the theorist behind China’s current project to become a ‘socialist country’ by 2050.

(José Á. Díaz)

China está alcanzando un momento crucial en su largo desarrollo. El país más poblado del mundo, convertido en la segunda economía del planeta y con una población urbana con unos niveles de vida nunca vistos por sus antepasados, arrastra a la vez un inmenso lastre social y medioambiental, y unas desigualdades tan abismales que podrían acabar socavando la propia legitimidad del Partido Comunista de China (PCCh), que dirige la República Popular desde 1949 y se apoya en el progreso económico para justificar su permanencia en el poder.

Consciente de que tiene que afrontar estos profundos problemas si quiere que el desarrollo del país sea equilibrado y sostenible, Pekín se ha fijado una fecha, 2050, y un calendario de trabajo para alcanzar la “sociedad socialista” que el Partido prometió cuando fue fundado en 1921.

El PCCh celebró en octubre pasado su XIX Congreso, un encuentro pentanual donde se suelen presentar las grandes líneas de la política nacional para el siguiente lustro, pero que en esta ocasión tuvo una trascendencia extraordinaria, ya que sirvió para anunciar el comienzo de una “nueva era” y los pasos necesarios para hacerla posible para 2050.

Según expuso el presidente chino, Xi Jinping, ante el Congreso, hacia 2022, coincidiendo con el primer siglo desde la fundación del PCCh, China deberá haber sacado de la pobreza extrema a cerca de 40 millones de ciudadanos que aún la sufren, tras lo cual el país podrá considerarse una “sociedad moderadamente próspera”.

Cumplir ese objetivo será el punto de partida para esta “nueva era”, que comenzará con dos fases: entre 2020 y 2035, el país deberá someterse a una “modernización socialista”, apoyado en una serie de reformas –aún por materializar–. Después, entre 2035 y 2050, China debe convertirse en “un gran país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y hermoso [razonablemente limpio de contaminación]”, detalló Xi.

Xi Jinping, guía para el siglo XXI

Las dificultades de esta tarea parecen explicar los esfuerzos de Xi por garantizar la continuidad de su política durante las próximas décadas. De hecho, este último Congreso ha supuesto la consolidación del poder en manos de Xi, que preside el país desde 2013, pero que sólo ahora se ha visto blindado ante posibles resistencias internas con la inclusión de su pensamiento político en la Constitución del Partido. Xi sale consagrado también, al aparecer su teoría vinculada a su propio nombre, una consagración de la que sólo disfrutaron antes que él Mao Zedong (reconocido en la Constitución como guía del PCCh desde 1945) y el aperturista Deng Xiaoping (desde 1997).

Esa medida excepcional, unida a la falta de un sucesor claro para 2023, alimenta las especulaciones de que Xi podría pretender alargar su mandato, tal vez hasta el XXI Congreso, en 2027, o incluso más allá. De ser así, se rompería la habitual norma no escrita de limitarse a mandatos de diez años, divididos en dos legislaturas pentanuales, y de elegir al comienzo de la segunda a los dirigentes sucesores, mediante su inclusión en el Comité Permanente de la Oficina Política del PCCh, el núcleo duro del poder nacional.

No es tan importante si Xi Jinping continúa formalmente o no como presidente más allá de 2022, explicó a Equal Times Mario Esteban, investigador principal del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, porque “la remodelación que ha hecho en el PCCh ha marcado su política para las próximas décadas, así que puede haber elementos externos que la distorsionen, pero este Congreso va a marcar claramente un antes y un después”.

Xi se ha fijado un calendario de trabajo, influido por la teoría del “neoautoritarismo” que expuso ya en los ochenta el teórico político Wang Huning, recién consagrado ahora como uno de los siete miembros del nuevo Comité Permanente. Según Wang, en un país gigantesco e inicialmente pobre como China, es necesario aplicar primero una especie de “autoritarismo benévolo” pero firme, pues sólo así, asegura, se podrán sentar las bases socioeconómicas que permitan más adelante un verdadero desarrollo y una mayor apertura.

Wang fue aupado desde el mundo académico a la política por el entonces líder Jiang Zemin en 1995, y desde ese momento hizo aportes teóricos al Partido para orientar la acción del Gobierno a largo plazo. También lo hizo con el anterior mandatario, Hu Jintao, y ahora con Xi. De hecho, sus ideas parecen ser la base de la agenda que ha presentado el actual presidente y líder del PCCh para 2050.

Nuevos retos para una nueva era

“Además de proclamar una ‘nueva era’ que empieza ahora, Xi también definió una nueva ‘contradicción principal’”, es decir, el concepto que fija para cada momento el objetivo principal de trabajo del PCCh, que ahora pasa a ser corregir las desigualdades, explicó a Equal Times la sinóloga Mareike Ohlberg, investigadora asociada del Instituto Mercator de Estudios Chinos (MERICS), el mayor centro de estudios europeo consagrado actualmente a China.

Según Xi, se pondrán en práctica 14 puntos, entre los que destacan resolver “la ‘contradicción principal’ entre un desarrollo desequilibrado e inadecuado y las crecientes necesidades de la gente de vivir mejor”, es decir, combatir las desigualdades, y volcar su economía hacia un modelo más eficiente y ecológico, que permita a los chinos llevar una vida “próspera” y al PCCh mantener su legitimidad.

Este calendario de desarrollo hasta 2050 permite anticipar su materialización en futuras medidas de mejora que se irán concretando en el ámbito social, laboral y medioambiental para los próximos años.

“Con esta redefinición, el Partido ha cambiado oficialmente el enfoque de su trabajo hacia un desarrollo más equilibrado, en lugar de darle prioridad al crecimiento económico” sin más, indicó Ohlberg, aunque en los últimos años Pekín ya había iniciado varios “programas para tratar de combatir la tendencia de la creciente desigualdad, con diferentes grados de éxito”.

“En realidad esto ya se apuntó un poco con Hu Jintao” (presidente entre 2003 y 2013), coincidió con ella Esteban. “Creo que Xi va a profundizar en esa transición que ya veíamos venir, desde un modelo centrado en la cantidad del crecimiento hacia uno más enfocado en la calidad de ese crecimiento”.

Ambos investigadores esperan, en consecuencia, que en los próximos años se vayan concretando sucesivas mejoras, aunque Esteban advierte: “es cierto que esto va en serio, no es mera retórica: hay voluntad política y están en ello, pero eso no significa que vaya a ser ni fácil ni de un día para otro, porque hay muchas dificultades y muchos elementos que quieren cambiar muy poco a poco”, para no arriesgarse a deteriorar la imagen del PCCh con los posibles efectos colaterales a corto plazo de algunas reformas.

Con todo, “si vemos el propio XIII Plan Quinquenal (2016-2020) y lo comparamos en sus objetivos con los de los anteriores, vemos que esta orientación a la dimensión social y a la protección del medio ambiente está mucho más presente que antes”, explicó, y además ya “aparecen objetivos medioambientales, que antes no figuraban”.

Esteban cree que se dará desde ahora una profundización en el “papel redistributivo del Estado”, con una mejora progresiva de la calidad y la cobertura de los servicios sociales y “reformas cada vez más garantistas, dirigidas a mejorar las condiciones laborales y la calidad del trabajo”.

Sin embargo, advirtió, “dentro de estas reformas también hay puntos tabú que dificultan mucho los objetivos que se buscan, ya que mientras no se permita la asociación sindical, sin negociación colectiva, el empleador seguirá teniendo un peso muy fuerte frente al trabajador”.

Ohlberg espera también mejoras en la calidad del desarrollo y en “el establecimiento de un sistema de seguridad social funcional, la atenuación de los efectos de una sociedad en rápido envejecimiento y la lucha contra la desigualdad entre regiones y para cerrar la brecha entre zonas urbanas y rurales”, indicó.

Eso sí, ni ella ni Esteban prevén mejoras en igualdad de género, ya que, “al contrario que en otros campos, el PCCh y el Gobierno no admiten tener ningún problema en esta área”, señala Ohlberg. Aunque China es, de hecho, uno de los países de la región más avanzados en este sentido, en realidad la desigualdad de género es ubicua y está tan generalizada en la sociedad que las propias activistas por los derechos de la mujer que están apareciendo incipientemente en el gigante asiático son percibidas por Pekín como un “grupo que está fuera de su control y cuya influencia es necesario tener acotada”, recordó.

Por otra parte, el 19º Congreso también reflejó la ambición de Xi de aumentar el peso de su país en la escena internacional y cumplir el “sueño chino de rejuvenecimiento nacional”, lo que hace prever que, a partir de ahora, “China probablemente se volverá más proactiva a la hora de promocionar su propio sistema político y su modelo de desarrollo como alternativas al orden político y económico occidental”, valoró.

Efectivamente, desde la crisis mundial de 2008 “el PCCh ha invertido en think tanks y proyectos de investigación para aportar una base teórica al ‘modelo chino’ –o la ‘senda china’ como le gusta llamarlo–”. Think tanks y proyectos de investigación que le ayudan a defender este modelo ante su propia población, principalmente, pero “ganarse el apoyo internacional para la manera china de hacer las cosas es cada vez más importante para el PCCh”, concluye la investigadora.

This article has been translated from Spanish.