Con la capoeira llega la paz y el perdón para los niños soldado de la República Democrática del Congo

Con la capoeira llega la paz y el perdón para los niños soldado de la República Democrática del Congo

Former child soldiers learn the Brazilian martial art of capoeira at the CAJED transit center in Goma, North Kivu, Democratic Republic of Congo.

(Flavio Forner )

Jueves por la tarde en Keshero, una comunidad a las afueras de Goma, la capital de la provincia de Kivu del Norte en la República Democrática del Congo (RDC). Un grupo de niños y jóvenes se reúne al aire libre en un centro de tránsito y orientación para antiguos niños soldado gestionado por el Centro de Acción para Jóvenes y Niños Desfavorecidos (Concert d’Actions pour Jeunes et Enfants Défavorisés, CAJED).

Alrededor de 70 chavales, 30 de los cuales fueron niños soldado, empiezan a formar un círculo mientras se preparan para realizar una actividad muy especial: la capoeira. Cada martes y jueves participan en una clase de dos horas del arte marcial brasileño que combina danza, música y canto y que se originó en el Brasil del siglo XVI entre los esclavos del oeste de África. Los niños de entre cinco y 17 años se juntan cuando empieza a sonar el berimbau, un instrumento de percusión de una sola cuerda.

“Ieh capoeira!”, les recibe con el saludo tradicional el maestro brasileño Flavio Saudade antes de empezar la clase. Los que llevan tiempo asistiendo a las clases muestran a los recién llegados cómo comportarse en la roda, el círculo donde se realizan la ginga (el paso básico) y otros movimientos de la capoeira en una forma de combate no violento.

Antes del calentamiento, todos deben dejar sus zapatos en una esquina, saludar a los maestros y pedir permiso para unirse a la roda. Este ritual ayuda a generar disciplina, respeto y un sentimiento colectivo de pertenencia, explica Saudade. “Hay que seguir el ritmo que marca el berimbau. No os precipitéis. Aquí todos somos hermanos”, dice a los niños, que le escuchan con gran curiosidad y atención.

“Con la capoeira aprenden a perdonarse a sí mismos”, declara Saudade.

Uno de los conflictos más mortíferos del mundo

El nordeste de la RDC lleva más de 20 años soportando un conflicto armado. Tras el genocidio de Ruanda en 1994, los radicales hutus que perpetraron los crímenes genocidas cruzaron la frontera para huir y se unieron al ejército congoleño/zaireño en una ofensiva contra los tutsis del Congo en la región oriental del país.

Lo que estalló a continuación fue uno de los conflictos más mortíferos desde la Segunda Guerra Mundial, en el que participaron otras cinco naciones africanas (Ruanda, Uganda, Angola, Namibia y Zimbabue). Financiado por los recursos minerales del Congo que aportaron billones de USD, tuvo como resultado más de seis millones de víctimas mortales.

Aunque en 2003 se declaró oficialmente el fin de la guerra, el este de la RDC sigue siendo el escenario de complejos y prolongados episodios de violencia e inestabilidad. Los últimos datos indican que 7,3 millones de personas de la región siguen necesitando ayuda humanitaria, mientras que 3,8 millones siguen siendo desplazados internos, la cifra más alta de África según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

De las decenas de grupos rebeldes armados que siguen luchando en el Congo oriental, muchos han reclutado a niños, a menudo por la fuerza, como combatientes en activo, porteadores, espías o esclavos sexuales. Desde 1998, decenas de miles de niños, conocidos en la zona como kadogos o ‘pequeños’, han participado en el conflicto en el este de la RDC. Después de separarles brutalmente de sus familias, los niños sufren traumas graves, tanto físicos como psicológicos. Para Saudade, la capoeira puede ayudarles a curarse con el objetivo de fomentar una paz duradera.

“Antes luchábamos entre nosotros”

Las clases de capoeira se han impartido en el CAJED de Goma desde agosto de 2014 como parte de la iniciativa Capoeira pour la Paix (Capoeira por la paz), promovida por los gobiernos de Brasil y Canadá, así como por la ONG AMADE-Mondiale con sede en Mónaco con ayuda de UNICEF.

El principal objetivo de las clases consiste en aumentar la confianza de los jóvenes participantes en sí mismos, así como ayudarles a superar los considerables traumas que han sufrido.

Bestbrice (nombre falso), de 16 años, fue miembro del grupo armado hutu congoleño de los Nyatura en Masisi, un poblado ubicado 80 kilómetros al noroeste de Goma. Durante los últimos cuatro meses ha sido uno de los 30 menores no acompañados que esperan en el centro del CAJED en Goma a una reunificación familiar o a que le encuentren una nueva familia de acogida. Cuando le preguntamos qué es lo que más le gusta de su nueva vida, responde sin dudarlo: “la capoeira”.

“La capoeira me hace sentir que soy capaz de lograr algo. Me hace olvidar el pasado. Cuando estamos haciendo los movimientos todo se vuelve tranquilo y me ayuda a forjar amistades con los otros”, explica a Equal Times.

Bestbrice asegura que desde que empezó con la capoeira ha hecho muchos amigos nuevos. “Al principio no me interesaba realmente”, admite riendo. “Pero según fueron pasando los días fui sintiendo que era algo bueno. Nadie te obliga a hacer nada. Estamos todos juntos aunque antes lucháramos entre nosotros. Lo que me atrae es que la capoeira nos ayuda a hacer amigos”, declara.

Este joven adolescente ha tenido que superar impactantes episodios de guerra mientras sobrevivía en la selva bajo un enorme estrés psicológico. “En la época en que estuve con el grupo armado tuvimos que superar un montón de dificultades”, nos cuenta, sin entrar en muchos detalles dolorosos.

Los Nyatura se fundaron en 2010. Son una de las numerosas mai-mai, milicias comunitarias creadas para defender su territorio de otros grupos armados. Como la mayor parte de las otras milicias, los Nyatura han sido acusados de violaciones de los derechos humanos, como ejecuciones sumarias, violaciones, provocar el desplazamiento forzoso de civiles y el reclutamiento de niños soldado.

Poner fin al fenómeno de los niños soldado

Actualmente, Bestbrice es uno de los más de 20.000 niños soldado que han sido liberados de grupos armados en la RDC, según un informe publicado en febrero por UNICEF. Sin embargo, muchos niños más siguen atrapados en las milicias.

“Los grupos armados no son un lugar adecuado para los niños”, explica a Equal Times Faustin Lyabahinduka, director del CAJED. “El problema que tenemos aquí en Congo es el fenómeno de los niños soldado que empezó después del [genocidio] con la afluencia masiva de ruandeses”.

El CAJED gestiona seis centros de transición en Kivu del Norte a través de los cuales han pasado alrededor de 10.000 niños desde que se crearon hace más de 20 años. Sin embargo, acabar con el reclutamiento de niños constituye una tarea complicada, advierte Lyabahinduka.

“También llevamos a cabo campañas de sensibilización en zonas aisladas de la provincia con equipos que contactan con los líderes locales de los grupos armados para intentar convencerles de que liberen a cualquier niño. Algunos grupos les liberan y otros niños consiguen escapar”.

Los niños que escapan de un grupo armado buscan ayuda en centros locales gestionados por ONG o puestos de avanzada de la misión de paz de la ONU MONUSCO.

“Tenemos que confirmar si los que escapan son realmente menores de 18 años. Una vez se verifica, llegan a los centros de transición para recibir asistencia de protección a la infancia. El período mínimo durante el que se alojan en estos centros es de tres meses”, asegura.

Cada mes, una media de 100 niños reciben ayuda en los 45 centros de verificación diseminados por todo Kivu del Norte, una provincia con una población estimada de 7,1 millones de habitantes, 2,9 millones de los cuales son menores de 16 años según la Comisión Electoral Nacional.

Bestbrice sueña con reunirse de nuevo con su familia. Hace varios meses que perdió la pista de su padre. “No sé si mi madre sigue viva. Nunca la conocí. Por lo que sé, es posible que mi padre esté en Ruanda. Espero que me acepte de vuelta. Mientras tanto me quedaré aquí en el CAJED hasta que encuentre a mi familia”.

Bestbrice nos cuenta que sueña con acabar sus estudios y un día ser capaz de encontrar un trabajo. Mientras tanto, seguirá asistiendo a las clases de capoeira. “Quiero que la vida siga adelante”.