COP21: un acuerdo, lagunas y espacios para la esperanza

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Todos sabemos que no hay puestos de trabajo en un planeta muerto.

Todos sabemos que es preciso mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de 2 grados centígrados para evitar el caos y la angustia de millones de personas que viven en este planeta.

Todos sabemos que, en cambio, los Gobiernos y las empresas nos han embarcado en un proceso de 3°C.

Y pese a saber todo esto, lo que ha dejado demostrado la COP21 en París es que los Gobiernos todavía tienen dificultades para tomar las medidas necesarias para cambiar de dirección.

Seamos claros, el acuerdo de París establece el objetivo correcto: mantener el aumento medio de la temperatura muy por debajo de 2°C para finales de siglo, tendiendo a 1,5°C. Sin embargo, nos deja en blanco en lo que se refiere a los medios para lograr estos objetivos.

El régimen climático de “gobernanza blanda” que nos ha dejado París significa que la probabilidad de alcanzar cualquier meta estará directamente relacionada con la movilización de los ciudadanos en cada país.

Las Partes que firmaron este pacto no estuvieron de acuerdo en incluir una revisión profunda e independiente de su contribución nacional antes y después de 2020; por lo tanto, incumbirá a los movimientos sociales hacer esta revisión por ellos, como lo hicimos con el informe “parte justa”, que demuestra que algunos países ni por asomo se aproximan a cumplir con la parte del esfuerzo que les corresponde para mantener el rumbo hacia un planeta seguro.

El acuerdo de París no obliga legalmente a los países ricos a movilizar más de 100 mil millones de USD al año después de 2020. Una vez más, depende de nosotros, sobre todo en el mundo desarrollado, el no perder el rastro de esta promesa.

Los negociadores relegaron al preámbulo del acuerdo el compromiso de garantizar a los trabajadores una transición justa y oportunidades de trabajo decente, en la que se convertirá en la mayor transformación industrial de nuestra generación. Obviamente, depende de nosotros, en particular del movimiento sindical, aprovechar este reconocimiento para propiciar el diálogo en cada país.

Aun cuando algunos se marcharon de París satisfechos, yo salí de la COP21 con un sentimiento aún más profundo de urgencia. Con los años, los sindicatos han logrado una mejor comprensión y compromiso con el reto que plantea el cambio climático, pero todavía queda mucho más por hacer.

Debemos promover la participación de nuestros miembros para que exijan a sus Gobiernos y empresas cumplir con las promesas formuladas durante la conferencia.

El acuerdo de París era necesario, pero no es suficiente. La verdadera buena noticia probablemente sea otra: al dejar París, el movimiento sindical salió más fortalecido y convencido que nunca de la necesidad de exigir un plan para descarbonizar las economías y puestos de trabajo seguros.

Y aún hay otra noticia mejor: París demostró que los sindicatos forman parte plenamente de un movimiento por el clima que está aumentado en intensidad y diversidad; un movimiento que no dejará a nadie atrás en esta carrera contra el tiempo y los intereses creados; un movimiento por el clima donde la movilización ha de prevalecer.