Crisis mundial de desempleo juvenil: el gran reto de nuestro tiempo [junto al cambio climático]

Crisis mundial de desempleo juvenil: el gran reto de nuestro tiempo [junto al cambio climático]

In this photo from April 2016, French young people protest against the labour reforms making them more vulnerable on the labour market.

(AP/Christophe Ena)

Hasta en un 90%. Así de determinante ven jóvenes de todo el mundo —entrevistados para la fundación Millennial Dialogue— el papel de la economía en su “futura calidad de vida”. En medio de un debate general sobre el futuro del trabajo en la actual Revolución Industrial, tanto el paro crónico como la precariedad a la que están expuestas las nuevas generaciones, además de su desconfianza en la política, podrían tener consecuencias devastadoras para el conjunto de la sociedad.

“La crisis especifica de desempleo juvenil —dentro de una situación de paro mundial— es, junto al cambio climático, el gran desafío de nuestro tiempo”, afirma a Equal Times el responsable de la Oficina de la OIT en España, Joaquín Nieto.

“Cada año en todo el mundo, 40 millones de jóvenes —400 en una década— se incorporan a un mercado de trabajo que no se está ampliando lo suficiente”. De los 200 millones de parados globales, 70 millones son jóvenes y, como explica Nieto, “si la economía no es capaz de dar una respuesta, nos encontraremos con una generación perdida”, algo que conllevaría la “pérdida de capital humano, exclusión y desarraigo”, advierte.

“El otro desafío es la calidad del empleo”, continúa, “ya que, a diferencia de generaciones anteriores, con grandes conquistas de los trabajadores, la crisis ha agudizado la sustitución de trabajos de calidad por otros que no lo son”. A esto habría que añadir “el debilitamiento de las políticas de protección social y un cierto resquebrajamiento del contrato social”.

“Si no se resuelve la situación de paro juvenil mundial, las consecuencias serán graves, pero aún está por ver en qué dirección”, argumenta Nieto. “Es necesario que haya una orientación de las políticas económicas y sociales del empleo para resolver este problema, ya que la crisis de empleo juvenil está detrás de fenómenos de todo signo, como en 2011 estuvo detrás de la Primavera Árabe”, añade.

Países con “explosiones demográficas juveniles”, paro e inestabilidad

Precisamente un informe del instituto de investigación noruego Peace Research Institute Oslo (PRIO) sobre la Primavera Árabe y el rol de los jóvenes, concluía que países con “explosiones demográficas juveniles” se enfrentan a un mayor “riesgo de colapsar”. Pese a que Oriente Medio y África del Norte “están madurando demográficamente a un ritmo rápido”, la investigación aún apunta como elemento preocupante la escasez latente de “oportunidades políticas y económicas” de los jóvenes.

Además, un contexto de desempleo juvenil genera “una gran cantidad de jóvenes frustrados y desempleados” que se convierten en un “suministro constante de potenciales reclutas” para lo que llama “organizaciones rebeldes”.

Aquel año (2011), el 40% de los manifestantes en Egipto, Yemen, Libia y Túnez tenía entre 18 y 20 años, cerca de la mitad eran estudiantes y un 75% estaba desempleado o trabajaba a jornada parcial.

En Centroamérica, las pirámides poblacionales también reflejan un rápido crecimiento —concentrado entre los 15 y los 24 años— que continuará durante las próximas tres décadas. La tasa de homicidios de varones en esa edad, muchos producto de la violencia de bandas, es cuatro veces el promedio mundial, según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen. Ana Glenda Táger, directora Regional de América Latina de Interpeace, conoce bien el fenómeno de las agrupaciones juveniles en la zona (pandillas, maras, barras deportivas y escolares) que ha pasado de “mecanismo de cohesión, identidad y solidaridad” a “radicalizarse” debido a la “excesiva violencia ejercida por escuela y familia y a la acción represiva de la policía”, como detalla a Equal Times.

“A los jóvenes del conocido como Triángulo del Norte —Guatemala, El Salvador y Honduras—, que además constituyen la mayoría de la población, solo les quedan tres opciones vitales: migrar hacia los Estados Unidos —en condiciones precarias y corriendo toda suerte de riesgos—, participar de la economía informal o engrosar las filas de las pandillas o del crimen organizado”, denuncia. Estos tres países encabezan el número de jóvenes en la región que ni estudian ni trabajan, NINI, con porcentajes cercanos al 30 %, según un informe de la OIT sobre trabajo decente y juventud.

En toda América Latina la cifra alcanza los 20 millones de jóvenes, de acuerdo al Banco Mundial.

“Son conscientes de que no vivirán mejor que sus padres”

En el caso de los jóvenes de los países industrializados, Nieto no puede afirmar que las consecuencias de su “cuestionamiento del establishment y del funcionamiento del sistema” vayan a ser negativas.

“Es una juventud bastante formada, participativa, por lo que pueden darse fenómenos como el 15M español —más bien solidarios, que han sacudido aspectos anquilosados de las democracias actuales— o por el contrario podría darse la incorporación masiva de jóvenes a organizaciones que ofrecen como respuesta la xenofobia, el racismo y el nacionalismo excluyente. La reacción social y unas políticas económicas de empleo que generen la suficiente confianza como para que este cuestionamiento sea constructivo, serán fundamentales”.

Pero reconoce que “tras la frustración juvenil subyace ser conscientes de que no vivirán mejor que sus padres”.

En España, desde el inicio de la crisis, el riesgo de pobreza entre los jóvenes de 16 y 29 años ha aumentado 11 puntos porcentuales (de 18,1 a 29,2%), mientras que ha descendido 13 (de 25,5 a 12,3%) entre los mayores de 65 años, según el Instituto Nacional de Estadística.

La mayor encuesta sobre mileniales (los nacidos aproximadamente en las dos últimas décadas del siglo XX) revela que esta generación, formada por jóvenes de entre 18 y 35 años, no está interesada en la política. Su principal argumento: que son los políticos quienes no están interesados en los jóvenes y sus problemas. “En Alemania sí están en la agenda política.

Pero, se sienten traicionados cuando, tras las elecciones, los políticos hacen otra cosa”, critica Fabian Wichman, responsable de campañas de Exit Deutschland. Este proyecto de desradicalización, único en el país, ha “rescatado” a más 600 personas de organizaciones nazis en los últimos 14 años. Sin embargo, el Ministerio del Interior germano calcula que aún quedan 25.000, el 40 % de los cuales desea “emplear la violencia para promover su ideología”.

“La protección de datos excluye a los menores de 16 años de esa cifra”, explica Wichman, “pero si miras a la criminalidad en general, la edad más violenta en grupos conectados a diferentes ideologías se sitúa entre los 18 y los 31 años”. Respecto a los detonantes de la radicalización de estos jóvenes, para Wichman: “tiene mucho que ver con hacerse adulto y con problemas familiares o en la escuela (…), pero también hay razones económicas: miedo a no conseguir un empleo o a los extranjeros”, añade.

“Otros sí tienen empleo, no están desconectados de la sociedad, pero el temor a perderlo puede desencadenar comportamientos violentos. También situaciones globales, como la crisis de refugiados... sienten que van a tener menos o que otros colectivos tengan menos. Hay un miedo a no obtener lo que uno quiere, una vivienda, por ejemplo (…). Es una combinación de factores —familia, entorno violento— y la promesa del grupo de ‘tú tienes problemas, nosotros tenemos la solución’”, concluye.

“En el debate sobre el Futuro del Trabajo, OIT, gobiernos, sindicatos y patronales estamos analizando si habrá trabajo —decente— para todos y cómo será. La automatización en la actual revolución industrial supondrá un incremento extraordinario de la productividad; la clave es si estos beneficios se repartirán o no”, explica Nieto.

“Si se reparten, el escenario podrá ser inclusivo. Pero también podría suceder lo contrario ya que las tendencias del empleo, en relación a las medidas tomadas durante la crisis, no apuntan en la buena dirección. Y si mantuviera la orientación de los últimos tiempos podría llevar a una revolución tecnológica con exclusión social donde la convivencia no sería posible. Ese es el gran riesgo”, concluye.

This article has been translated from Spanish.