Cuando el turismo urbano de masas choca con el "derecho a la ciudad"

Cuando el turismo urbano de masas choca con el "derecho a la ciudad"

In 1992, UNESCO warned that the growth of mass tourism was a threat to Venice and its surroundings. In 2014, the World Monuments Fund included the city in its list of “places to watch”, given the damaging impact cruise tourism is having on Venice’s “unique structure”. In 2016, the Venetian Lagoon was identified as one of the seven most endangered places by the Europe Nostra programme. UNESCO, meanwhile, is threatening to withdraw Venice’s protected heritage status and to place it on its endangered heritage sites list.

(AP/Luigi Costantini)
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Pese a que la ONU declaró 2017 como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, el impacto de los visitantes está llevando a que ciudades como Ámsterdam se planteen imponer a los foráneos una tasa diaria de 10 euros. Este, entre numerosos casos más, sitúan la gestión del turismo urbano de masas como uno de los mayores desafíos al que se enfrentan las ciudades.

Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), el turismo genera el 10% del PIB mundial, uno de cada 10 puestos de trabajo y un 30% de las transacciones comerciales internacionales en el sector servicios. Pero también unas complejas relaciones entre visitantes y residentes, como recoge el Índice de Irritación de George Doxey, relaciones que van desde la “euforia” inicial a la “apatía”, la “irritación” y finalmente la “hostilidad”. Ésta última puede provocar, según el modelo de Richard W. Butler, el estancamiento turístico del lugar, incluso su declive, ya que las atracciones turísticas son “frágiles”. En definitiva, éstas necesitan ser gestionadas “cuidadosamente” para no exceder su capacidad de carga ambiental, económica y sociocultural.

En caso contrario, advierte Butler: “el uso excesivo y los impactos de los turistas” puede espantar a nuevos visitantes, dando pie a “paradojas” como que aquellos “destruyen aquello que buscan”. Algo que podría suceder en Ibiza y Formentera (islas españolas), que el 9 de agosto de 2016 alcanzaron su récord de carga demográfica diaria de los últimos 20 años, según el Índice de Presión Humana del Instituto Balear de Estadística.

Este turismo urbano masivo coincide con otros procesos en la ciudad que la Nueva Agenda Urbana surgida de Hábitat III pretende abordar. La concentración de población –llegará al 61% en las ciudades en 2030 según la ONU–, el aumento de la desigualdad y de la exclusión plasmados en la “ampliación de la brecha urbana”, y el futuro de la vivienda, son algunos de ellos. Y es ahí donde el turismo colisiona con el emergente derecho a la ciudad de sus habitantes.

Aunque el secretario general de la OMT, Taleb Rifai, se refiriera a las protestas vividas en Barcelona o Ámsterdam contra “la invasión de turistas” o por turismofobia como algo “de los últimos meses”, el problema viene de lejos.

Hace años, por ejemplo, que los venecianos protestan contra lo que denominan “el asalto turístico”.

“Nos sentimos como nativos americanos del siglo XIX, expulsados de nuestro entorno, como les ha pasado a 100.000 venecianos en los últimos 60 años”, explican desde la asociación Gruppo 25 di Aprile.

Además, el turismo en masa trae consigo “la falta de oportunidades laborales, exclusivamente vinculadas a la industria del turismo masivo, cuyos salarios no nos permiten vivir en las casas de nuestros padres y abuelos”, añaden.

Ya en 1992, la UNESCO advertía de que el “crecimiento del turismo masivo” era una amenaza para esta ciudad italiana y su entorno. En 2014, el Fondo Mundial de Monumentos la incluyó en su lista de “lugares a custodiar” por el “daño que el turismo de crucero” estaba infligiendo a su “estructura única”. Desde 2016 su lago está entre los “siete lugares más amenazados” del programa Europa Nostra, y la propia UNESCO amenaza con retirarle su estatus de patrimonio protegido e incluirla en la lista de “en peligro”, donde ya se encuentra, por cierto, el centro histórico de Viena –debido en este caso al exceso urbanístico–.

Desplazamiento del centro a la periferia

En Barcelona, a la pregunta del barómetro semestral de junio del Ayuntamiento de la ciudad: “¿Cuál considera que es el problema más grave de la ciudad en estos momentos?”, un 19% respondió “el turismo”, por encima del paro, la contaminación y la corrupción, por primera vez. Un año antes, en mayo de 2016, el porcentaje era del 5,8% y en diciembre de ese mismo año alcanzó el 11%.

El hartazgo había explotado en el verano de 2014 con la primera manifestación de los vecinos del barrio de la Barceloneta contra un “modelo de turismo insostenible”, bajo el lema La Barceloneta Diu Prou (La Barceloneta Dice Basta). Según los cálculos de los vecinos, el barrio contaba entonces con cerca de 1.000 pisos turísticos “ilegales”. El reciente Plan Especial de Alojamientos Turísticos limita las plazas a un máximo de 12.000, la mayoría en la periferia, algo que no ha gustado a la Plataforma Pro Viviendas Turísticas de Barcelona, por considerar que ese modelo no regulado estaba “recuperando zonas degradadas de la ciudad”.

En Madrid –puesto número 41 de las ciudades más visitadas–, la construcción de un hotel en unos terrenos abandonados del barrio de Lavapiés –destinados inicialmente a vivienda social– donde algunos vecinos se reunían, levantó ampollas. Para otros residentes, en cambio, representaba una esperanza para su 25% de paro, además de una mejora en la seguridad.

Diversas asociaciones denuncian subidas “desproporcionadas” de alquileres y cierres de “panaderías y otros comercios” de barrio en la zona de la ciudad con más oferta de Airbnb.

“Si el alquiler se pone prohibitivo, como pasó en [el barrio madrileño de] Malasaña, la gente se tiene que ir a otro barrio. Quien viene, tiene más poder adquisitivo que quien se va, que no ha elegido hacerlo, y se muda a la periferia. Y la gente de esos barrios, ¿a dónde se mueve?”, inquiere José Inwit, impulsor del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid durante una conversación con Equal Times. Ese “desplazamiento” ha disparado, por su parte, el alquiler en la periferia un 10%, según explicó Guillermo Zapata, concejal en Villaverde, en el Foro Ciudades de Paz. “El turismo en Madrid ha pasado de ser una fuente de ingresos a un proceso preocupante”, añadía.

Algo similar está sucediendo en Londres, la segunda ciudad más visitada del mundo. “El turismo demuestra que es atractiva y popular, así que el precio de las casas aumenta, pero no creo que sea el principal problema”, cuenta a Equal Times la activista de Focus E15, Saskia O’Hara. En una ciudad dominada por el sector servicios –un 91%– O’Hara explica que “quien trabaja en el centro no puede permitirse vivir allí, algo que un transporte malo y muy caro está empeorando cada vez más”.

Especulación, gentrificación y turistificación están creando una nueva geografía de la riqueza y la pobreza en la capital británica, expulsando a los londinenses a distritos tradicionalmente desfavorecidos como Tower Hamlets, donde viven más de 15.000 personas por kilómetro cuadrado, haciendo de ésta la segunda localidad más densamente poblada de Reino Unido.

Modelo productivo ligado al turismo: precariedad y temporalidad

Como avanzara hace poco más de una década un estudio de Eurofound sobre el futuro del turismo, este fenómeno no habría sido posible sin las compañías aéreas low cost ni las tecnologías.

Solo en agosto de este año, la aerolínea irlandesa RyanAir transportó 12,7 millones de viajeros (a los 33 países en los que opera), un millón más que en el mismo mes de 2016. Airbnb, empresa del denominado capitalismo de plataforma, es considerada “una de las mayores compañías hoteleras del mundo” sin poseer hotel alguno. En Nueva York, por ejemplo, ofrece 40.000 habitaciones frente a las 115.000 que suman todos los hoteles de la ciudad.

En España, potencia turística mundial, el sector hotelero apunta a estas plataformas “colaborativas” y a su “oferta no regulada” como parte del problema generado por el turismo masivo.

Para Inmaculada de Benito, representante de los hoteleros de Palma, la gran ventaja de las plataformas es que no tienen, a diferencia de los hoteles, gastos ligados al personal, entre otros. “En Palma hay 2,7 millones de alquileres en vivienda baratos [ofertados por las plataformas] debido a una contribución económica y social muy inferior a nuestros 2,4 millones de plazas hoteleras”, expone.

La realidad no obstante es más matizada, ya que, si bien las plataformas están viviendo su particular agosto en lo que se refiere a su contribución hacia las economías en las que operan, el sector hotelero, concretamente el español, ha mejorado recientemente sus beneficios gracias a una apuesta por la “externalización” de plantillas y la precarización, como las camareras de hotel contaron a Equal Times.

La destrucción de empleo del pasado agosto en España, la mayor desde 2008, revela para ATTAC Mallorca “un modelo productivo concentrado en el turismo de bajo valor añadido”.

Desde HomeAway para España y Portugal, Joseba Cortázar defiende que plataformas como ésta son “meras intermediarias” que han dado visibilidad a “algo que ya estaba allí, globalizando un fenómeno, pero dándoles garantías a los usuarios”.

“Si se puede alquilar un apartamento durante un fin de semana en el centro de Madrid por 200 euros, se impide hacerlo durante un mes por 600, que es lo que la mayoría de la gente puede pagar con los sueldos actuales”, denuncia Inwit. “Como no se puede recrear la burbuja de la compra-venta inmobiliaria, los inversores están inflando la del alquiler, con consecuencias en nuestro Derecho a la Ciudad”, añade. “La situación es tal que, si no hacemos nada, terminaremos viviendo donde no queremos”, concluye.

This article has been translated from Spanish.