Economía globalizada, trabajadores explotados

Economía globalizada, trabajadores explotados

Workers are busy at a garment factory in Phu Tho Province, Vietnam, October 2015.

(ILO-OIT/Maxime Fossat)

Equal Times continúa su serie de especiales de verano iniciada la semana pasada con una selección de artículos sobre el cambio climático.

En la economía globalizada, en tanto que consumidores y ciudadanos, cada vez con mayor frecuencia nos vemos obligados a plantearnos la cuestión del impacto que tienen nuestras compras sobre la vida y la salud de la mano de obra que elabora nuestros alimentos o fabrica los objetos de uso corriente.

“En todo el mundo, la población comprende que no se conseguirá que las multinacionales dejen de explotar a los trabajadores y trabajadoras en las cadenas de suministro a menos que se adopten nuevas reglas internacionales”, indican Makbule Sahan, directora de la Unidad Jurídica de la Confederación Sindical Internacional, y Ruwan Subasinghe, responsable jurídico de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF).

En un artículo de opinión publicado a finales de diciembre en Equal Times, los dos autores indican que las multinacionales recurren casi de forma sistemática a empresas subcontratistas. De esta manera las grandes firmas transnacionales, que despliegan sus marcas en anuncios publicitarios acompañados de atractivos eslóganes positivos, se guardan las espaldas frente a cualquier tipo de responsabilidad y se benefician de una considerable impunidad cuando se vulneran los derechos de los trabajadores en sus cadenas de suministro.

Desde el drama del Rana Plaza en Bangladés, se ha venido operando una toma de conciencia en los países occidentales en cuanto a las condiciones de fabricación de nuestra ropa, principalmente en Asia. Nuestra corresponsal en Alemania, Rachel Knaebel, describe una causa judicial que constituiría la primera de este tipo presentada en dicho país: las familias de las víctimas de un incendio en la fábrica de una compañía subcontratista del grupo alemán KiK (gigante del textil de bajo costo), situada en Pakistán, testificarían ante los jueces.

“La decisión abre la vía para poder juzgar en su país a las empresas alemanas, como responsables de las condiciones laborales en las empresas que subcontratan, incluso si éstas se encuentran en la otra punta del mundo”.

La búsqueda de beneficios de las grandes empresas empuja asimismo a imponer ritmos de trabajo frenéticos a los obreros. Es el caso incluso en Europa y en unas factorías algo particulares como son los buques que se dedican a la pesca industrial en el Atlántico Norte. El fotógrafo Pierre Vanneste ilustra en un reportaje realizado para este medio cómo es la dura vida de los pescadores que se dedican al procesamiento en cadena de miles de toneladas de pescado que terminará sirviéndose en las mesas europeas. “Una vez embarcados y arribados a la zona pesquera, el trabajo no se detiene hasta que las bodegas están repletas…”, cuenta François, antiguo marino de un pesquero. El trabajo se encadena entonces entre el remiendo de las redes, el trabajo de factoría, la subida de la red, etc… y los marinos no tienen ni un minuto para descansar.

Estas actividades de producción tienen un impacto considerable sobre las personas, pero también sobre el medio ambiente. La pesca industrial es contaminante y pone en peligro los recursos naturales a largo plazo. Observamos consecuencias similares en el sector extractivo y minero, en todo el mundo.

Equal Times presentó por ejemplo el terrible caso de la explotación de minas de plomo en Zambia, que han envenenado durante 90 años tanto a los mineros como a todos los habitantes de las zonas próximas a las antiguas minas de Kabwe. El plomo es un metal que se utiliza en gran cantidad para la fabricación de numerosos objetos de uso común, en nuestras casas (tuberías y cables eléctricos), nuestros automóviles (piezas y carrocería), aparatos electrónicos, etc. Los periodistas Wonder Chinhuru y Ray Mwareya volvieron a esta región del África austral para observar el impacto sobre la salud de todos aquellos que son hoy víctimas de la falta de consideración y de precaución por parte de la explotación de la mina.

Para optimizar los costos de producción, los empleadores sometidos a la presión del mercado y los accionistas, además de descuidar la seguridad de los edificios, imponer ritmos de trabajo infernales o permitir que los trabajadores se intoxiquen, favorecen la precarización del trabajo en cadena, lo que no hace sino aumentar el riesgo de accidentes. “Es preciso que la gente sepa que la carne producida en Brasil y exportada a Europa se ha elaborado al precio de grandes sufrimientos humanos”, me confió un fiscal cuando preparaba un artículo sobre el tema, en base al caso de la multinacional brasileña JBS, principal empresa de producción y transformación de carne del mundo.

Esta selección de artículos pretende traer a la memoria los sufrimientos y las consecuencias que ocasiona nuestro sistema económico. Una toma de conciencia colectiva es la primera etapa para reclamar, junto a los sindicatos, que cambien las cosas.

Fabricar ropa barata se paga con la vida: un gigante alemán del textil ‘señalado’

Por Rachel Knaebel

KiK is a low-cost German textile giant that has 3,400 shops throughout Europe, a turnover of 1.8 billion Euros (USD 2 billion) and factories in China, Bangladesh, India, Turkey, Pakistan, Cambodia... Only 4 per cent of its merchandise is made in Germany.

Photo: AP/Michael Sohn

El 11 de septiembre de 2012 se incendió una fábrica textil en un polígono industrial de Baldia, situado en la zona metropolitana de Karachi, Pakistán. En el siniestro murieron 260 trabajadores. Las víctimas fallecieron quemadas vivas o por asfixia, al quedar atrapadas tras los barrotes que les impedían salir por ventanas y salidas de socorro. Otras 32 personas resultaron heridas de gravedad.

Como muchas otras fábricas textiles de la región, Ali Entreprise, la fábrica que se incendió aquel día, trabajaba para clientes occidentales. El 70% de su producción era para la empresa alemana KiK, el gigante nacional de la ropa barata, con 3.400 establecimientos en toda Europa, un volumen de negocio de 1.800 millones de euros (2.000 millones de USD) y fábricas en China, Bangladesh, India, Turquía, Pakistán, Camboya… y apenas un 4% de sus productos fabricados en Alemania.

Cuatro años después del letal incendio, el pasado 10 de septiembre, la empresa alemana y los representantes de las víctimas y sus familias llegaron, por fin, a un acuerdo de indemnización que prevé el pago de cinco millones de dólares a través de un fondo de indemnización, que se suma al millón de euros de ayuda inmediata abonados por el grupo en 2012.

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Ser pescador en el noreste Atlántico: una vida al ritmo de los lances

Por Pierre Vanesse

The most tiresome and most time-consuming job on board is the monotonous task of sorting the fish. The workers sort the fish in the factory on the lower deck, removing any that are too small, defective or not fit for sale, before gutting.

Photo: Pierre Vanneste

Entre la duplicación de la población mundial, desde 1960 hasta ahora, y los cambios en los hábitos alimentarios, la cantidad de pescado capturado para la alimentación humana ha aumentado radicalmente, superando los 150 millones de toneladas al año. Esto representa cerca de 5.000 kilogramos por segundo. El 60% de esta pesca es pescado salvaje.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (Food and Agriculture Organisation of the United Nations, FAO), un europeo, por ejemplo, consume actualmente un promedio de 27 kilos de pescado al año.

Para alimentar la gran cadena de distribución, unos enormes buques factoría surcan diferentes zonas pesqueras en función del producto que estén buscando. Esta pesca industrial, denominada también “pesca a gran escala”, disfruta de importantes subvenciones por parte de los gobiernos.

Un pescador industrial recibe de media 187 veces más de subvenciones para gasóleo al año que un pescador artesanal, a pesar de que genera menos empleo –a saber, 200 pescadores industriales para 1.000 toneladas de pescado, frente a los 2.400 pescadores artesanales para la misma cantidad de pescado–. Además, la “pesca a gran escala” es mucho más intensa en materia de descarte.

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Ganancias tóxicas en Zambia: décadas de contaminación y legado de la minería del plomo

Por Wonder Chinhuru y Ray Mwareya

Angela Miyoba, 69, makes clay pots in Kabwe Town, Zambia. She says that years of breathing and burning soil that has been poisoned with lead has damaged her lungs and left her unable to walk. She spends all day squatting around her house as shown, because she is unable to move from pain.

Photo: Wonder Chinhuru

Durante décadas, la minería ha sido el pilar de la economía en Zambia, pues constituye el 12% de su PIB y el 70% de sus ingresos por exportaciones. Pero independientemente de lo que gane Zambia en concepto de exportaciones como el mayor productor africano de cobre y cobalto, para los habitantes de la localidad de Kabwe el precio a pagar es demasiado alto.

Kabwe, situada en la Provincia Central de Zambia y hogar para aproximadamente 300.000 personas, ha sufrido una catástrofe medioambiental provocada por la contaminación derivada de la extracción y procesamiento del plomo. Hace diez años, la revista Time incluyó la zona junto a Chernobyl como uno de “los lugares más contaminados del mundo”. Los expertos aseguran que a lo largo de los años se han intoxicado millones de adultos y niños.

La exposición prolongada al plomo (que entra al flujo sanguíneo y ataca al sistema nervioso central) afecta a la salud en su conjunto: desde la fertilidad y el peso al nacer, al desarrollo infantil. También puede provocar hipertensión, lesiones cerebrales e incluso la muerte. Los niños son especialmente vulnerables a los efectos perniciosos del plomo.

En Kabwe estuvo situada la mayor mina y fundición de plomo de Zambia, que empezó a funcionar en 1902 y anunció el cierre de sus operaciones en 1994. Mientras estuvo en funcionamiento no aplicó ninguna regulación sobre emisiones. Por tanto, la tierra, las plantas y el aire de Kabwe sufrieron una contaminación continuada a lo largo de décadas.

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Los derechos de los trabajadores de la industria cárnica brasileña, pasados por la trituradora

Por Mathilde Dorcadie

A chicken abattoir in Sao Paulo State, in 2015. That year, Brazil produced 26.5 million tonnes of meat (beef, poultry, pork) according to the Ministry of Agriculture. It is the world’s second largest meat producer after the United States, and may overtake its competitor in 2020.

Photo: Mathilde Dorcadie

En enero de 2015, el Ministerio Público de Trabajo del estado de Mato Grosso inició una acción civil pública contra JBS por permitir las horas de trabajo extraordinarias en un medio insalubre como los mataderos. El personal se quejaba de las condiciones higiénicas que se derivan de trabajar en contacto con grandes cantidades de sangre y vísceras, que pueden propagar enfermedades.

En varios de sus centros ya ha se han producido intoxicaciones por amoníaco, un fluido refrigerante potencialmente mortal: en 2015, hubo 66 personas afectadas en Santo Iniacio (Paraná) y, en septiembre de 2016, setenta personas se intoxicaron en un centro cercano a Goiânia (Goiás).

“Sintieron náuseas, vómitos, migrañas y dos personas perdieron el conocimiento”, explicó, tras el incidente, un médico de urgencias a la cadena Globo. El matadero en cuestión había recibido numerosos requerimientos de la Inspección de Trabajo. La empresa niega toda vinculación con las deficiencias constatadas anteriormente.

Estos ejemplos no son más que una ínfima muestra de los casos en los que se ha visto implicada JBS por vulnerar los derechos de sus 45.000 empleados en Brasil. A pesar de que sus competidoras, BRF (antigua Brasil Foods) o Marfrig, no son ejemplares en este sentido, JBS se lleva la palma en número de demandas judiciales.

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This story has been translated from French.