El campo de Zaatari: la vida en medio del desierto

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Fundado en julio de 2012, el campo de refugiados de Zaatari, en Jordania, sólo contaba al principio con varias tiendas de campaña y una caravana para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

En cuestión de tres años el campamento se ha convertido en una ciudad, con su propia reglamentación, su propia economía y sus propias aspiraciones... Las caravanas han ido remplazando las tiendas de campaña. Los comercios han florecido. Y ahora es uno de los campos de refugiados más grandes del mundo.

Más de 80.000 sirios viven allí, a tan sólo 20 kilómetros del país del que se vieron obligados a huir.

En este campo, esperan. Es prácticamente lo único que se puede hacer. Esperar en la estación de policía para obtener un permiso de salida, esperar para recibir la ración de pan diaria, esperar para ir a ver al médico, esperar a que la guerra se termine.

El fotoperiodista Tien Tran viajó para conocer a estos habitantes, atrapados entre la esperanza de regresar a Siria y la nostalgia de una vida mejor.

 

Zaatari, Jordan, 21 October, 2015 (Tien Tran)

Yussuf, responsable de uno de los bloques del campamento, asegura que cada familia de la que él es responsable recibe la cantidad de agua prevista. El suministro de agua está garantizado por una ronda continua de 55 camiones que efectúan 220 trayectos diarios para reponer el agua de los 9.375 depósitos que hay en el campo. La Agencia de Ayuda a la Cooperación Técnica y al Desarrollo (ACTED) suministra entre 37 y 43 litros de agua diarios por persona, lo cual sólo permite satisfacer las necesidades cotidianas. El agua, la electricidad y el terreno son vendidos o alquilados por actores privados jordanos – un procedimiento que, si bien puede parecer sorprendente, en realidad le permite al Gobierno justificar la presencia del campamento a los ojos del público.

 

Zaatari, Jordan, 20 October, 2015 (Tien Tran)

Najie Alhaik, de 70 años, descansa a la entrada de su caravana. Al igual que muchos refugiados del campamento de Zaatari, Najie es originario de Dara, al sur de Siria. En primavera de 2015 recibió una llamada de teléfono que le anunció la muerte de su hermano en Siria. Acto seguido le entró un dolor en el brazo izquierdo, después en la cabeza, y terminó por caer en redondo víctima de un ataque al corazón. Desde entonces no puede hablar ni moverse. Su mujer, Fehmia, de 46 años, se lamenta: “La vida no es fácil. Tenemos tres hijos. El mayor de mis hijos sólo tiene 10 años. Veinte dinares jordanos (28 USD) mensuales por persona [cantidad a la que asciende la ayuda financiera acordada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA)], no es suficiente”. Suspira. “Pero le doy las gracias al Gobierno jordano y a las organizaciones del campamento por ayudarnos. Después de todo, sólo somos refugiados”.

 

Zaatari, Jordan, 21 October, 2015 (Tien Tran)

Dos refugiados recogen los deshechos en las calles de Zaatari. A través del sistema “Cash for work”, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) dan empleo a los refugiados: limpieza de las calles, distribución de agua, etc. La remuneración oscila entre 1 JOD y 2,5 JOD por hora (1,40-3,50 USD), en función de las competencias requeridas. Confrontados a una tensa opinión pública y a un índice de desempleo del 12%, el Gobierno jordano y el ACNUR tratan de que los jordanos participen en la vida económica del campo. Prácticamente todos los puestos directivos están ocupados por nacionales. Los sirios suelen verse relegados a tareas de baja categoría.

 

Zaatari, Jordan, 3 November, 2015 (Tien Tran)

Refugiados haciendo cola para que la administración jordana les autorice a salir del campo. Algunos están esperando desde el alba. Los permisos se acordaban anteriormente de manera excepcional, pero ahora se conceden casi sistemáticamente. Esto se debe a las presiones de los poderosos propietarios de granjas de los alrededores, que quieren tener a su disposición mano de obra abundante y barata. A 1 JOD (1,40 USD) por hora, los refugiados sirios están dispuestos a aceptar la mitad del salario que reciben sus homólogos paquistaníes. En los alrededores del campo de Zaatari existen de hecho tensiones en la contratación agrícola entre los inmigrantes paquistaníes y egipcios, los refugiados sirios y los beduinos. Los que salen ganando son los propietarios de las granjas, que ejercen su influencia sobre los diversos grupos para conseguir bajar los precios.

 

Zaatari, Jordan, 3 November 2015 (Tien Tran)

En el centro de distribución del Programa Mundial de Alimentos (PMA), los refugiados vienen a buscar su ración cotidiana de pan – 240 gramos por día y por persona. Sin embargo hoy por la mañana el camión tiene retraso debido a un problema con el permiso para entrar en el campamento. Se han tenido que descargar las cuatro toneladas de pan y volver a cargarlas en otro camión. La gente espera, fuera, desde hace ya una hora. La multitud se queja. Hasta que, por fin, les empiezan a repartir el pan.

 

Zaatari, Jordan, 22 October 2015 (Tien Tran)

Un médico examina a la joven Israa en una de las clínicas del campamento. Toda su familia ha contraído una conjuntivitis. Cada consulta dura apenas unos minutos. Afuera, la gente espera. Algunas operaciones médicas complicadas tienen que llevarse a cabo fuera del campamento, pero muchas veces dependen de la buena voluntad de mecenas privados que van financiando estas intervenciones caso por caso.

 

Zaatari, Jordan, 26 October 2015 (Tien Tran)

Salem y su hermano achican el agua de lluvia que se ha infiltrado en su casa durante la noche anterior. “Nosotros llegamos al campamento de Zaatari en febrero de 2013. En invierno nos pasamos el tiempo arreglando los problemas relacionados con el agua”, explica a Equal Times.

“¿Por qué no fuimos? Una bomba estalló en mi casa y se vino abajo. Mi primo murió. Gracias a Dios, mi familia y yo nos habíamos resguardado en un refugio en el centro del pueblo, junto con cientos de personas más, y permanecimos allí 24 horas. Había tantos escombros que fue muy difícil salir. Al día siguiente decidimos marcharnos”.

 

Zaatari, Jordan, 26 October, 2015 (Tien Tran)

Los habitantes más jóvenes se entretienen con los inmensos charcos de agua que deja a su paso la lluvia. Pero los adultos lo saben: el invierno se acerca. Y, además de la humedad, las noches serán glaciales, típicas de la vida en medio del desierto.

 

This story has been translated from French.