Superar el estadio de crecimiento basado en exportaciones baratas asegurará los derechos de las mujeres

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Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluyen nobles ambiciones relacionadas con la igualdad de género, el trabajo decente, la diversificación económica y el fin de las desigualdades. Un nuevo informe publicado por ActionAid, Trading up, Crowded out?, deja patente hasta qué punto estas cuestiones están profundamente relacionadas, y solicita que, para que se puedan cumplir los ODS y hacer realidad los derechos económicos de las mujeres, se lleve a cabo un replanteamiento del actual modelo económico mundial.

Es fundamental que el Panel de Alto Nivel sobre el Empoderamiento Económico de las Mujeres –que se reunió a principios de este año para contribuir a acelerar los progresos en este ámbito crítico– reconozca estos vínculos y aborde las causas estructurales de la desigualdad económica de las mujeres.

En todos los países del mundo las mujeres son objeto de discriminación por motivo del género, una discriminación que limita sus opciones y oportunidades, les niega el acceso a cualificaciones, activos y recursos, les hace sufrir violencia de género y se utiliza para silenciarlas y controlarlas. Esta discriminación es especialmente pronunciada en el caso de las mujeres que viven en la pobreza, donde ésta se solapa con su condición económica inferior y otros aspectos de su identidad, como la raza, la etnia, la condición de inmigrante y la edad.

Lejos de ser neutral en lo que a género se refiere, la discriminación de género, incluidos los estereotipos de lo que constituye “el trabajo de las mujeres”, se reproduce a su vez en los mercados de trabajo. Así pues, las mujeres tienen menos oportunidades para acceder a un trabajo decente y seguro, donde se respeten sus derechos y donde puedan ganar lo suficiente para mantenerse a sí mismas y a sus familias.

Las mujeres se concentran en empleos inseguros y mal pagados, especialmente en los sectores manufactureros orientados a las exportaciones, con poco valor añadido y donde se requieren escasas cualificaciones, como por ejemplo los de la confección, la electrónica y el textil. Los bajos salarios se justifican falazmente aludiendo que la costura no es una competencia adquirida sino una habilidad “natural” en las mujeres, o sugiriendo también que ellas no son el principal sostén de la familia.

También se supone que las mujeres son más sumisas y menos propensas a protestar por las malas condiciones de trabajo, un estereotipo a menudo reforzado por la violencia y por unos contratos inseguros y a corto plazo que dejan a las mujeres trabajadoras en una situación de precariedad constante. Por ejemplo, un defensor de los derechos de los trabajadores de Camboya, donde el 90% de los entre 600.000 y 700.000 trabajadores del sector textil son mujeres, declaró a ActionAid:

“Una trabajadora me dijo que tenía tanto trabajo que no conseguía terminarlo… El supervisor y propietario de la fábrica solía gritarle muy alto y hacerla llorar delante de otras trabajadoras”.

Y como sucede prácticamente en todas partes, las mujeres tienen a menudo que combinar las largas jornadas laborales de un duro trabajo remunerado, con una carga considerablemente desproporcionada de tareas no remuneradas asociadas al cuidado de la casa. Cocinar, limpiar, lavar la ropa, ir a por agua, cuidar de los niños pequeños, de los enfermos y de los mayores – el tiempo y la energía que se necesitan para realizar estas tareas aumentan exponencialmente en los lugares que carecen de unos servicios públicos e infraestructuras adecuados. Así pues, las tareas no remuneradas asociadas al cuidado de la casa limitan enormemente el derecho de las mujeres a un trabajo decente, a participar en los procesos de toma de decisiones y a descansar y tener tiempo libre.

 

Cadenas de suministro mundiales

Desde los años 1970, el paradigma económico dominante, manifiesto en las normas del comercio mundial y en las fórmulas de los países donantes, ha sido testigo de la implementación de estrategias de crecimiento orientadas a las exportaciones por parte de un número de países en desarrollo cada vez mayor – estrategias que por lo general han venido acompañadas de medidas para abrirse al libre comercio, reducir los trámites burocráticos reglamentarios y limitar el papel de los Gobiernos en el mercado.

A la hora de atraer inversores extranjeros, existe una rivalidad feroz entre los países, sobre todo cuando estos dependen de un reducido número de sectores, como sucede a menudo. Las multinacionales suelen concentrar los peores aspectos del valor añadido de sus cadenas de suministro en los países más pobres, como es la confección de prendas de vestir.

En cuando encuentran una oferta más barata en otro sitio, cambian inmediatamente de proveedores o de países; o retiran rápidamente su capital en tiempos de crisis económica. Las principales fichas que los países en desarrollo pueden mover para negociar son unos salarios cada vez más bajos y unas condiciones cada vez peores, y la discriminación de género significa que las mujeres ofrecen la mayor “ventaja competitiva” en los sectores en los que han sido concentradas.

No obstante, al depender excesivamente de una industria manufacturera de exportación que paga salarios bajos y se basa en la “desventaja comparativa” de las mujeres, los países están reduciendo el nivel de competencias de su mano de obra, restringiendo al mismo tiempo su potencial para competir a escala mundial con respecto a un abanico más amplio de productos de mayor calidad. Esta ampliación de la base de producción, o “diversificación económica”, está reconocida en los ODS como una clave para crear oportunidades de trabajo decente y fomentar un crecimiento más sostenible.

De hecho, los resultados de las investigaciones de ActionAid señalan que la igualdad de género está positivamente asociada a la calidad y la diversificación de las exportaciones – incluso cuando se tiene en cuenta el PIB per capita y la importancia del comercio para la economía. El informe Trading Up, Crowded out? concluye que los países con mayor igualdad de género presentan un promedio de hasta el 72% de niveles más elevados de diversidad de exportación, y un promedio del 42% de niveles más elevados de calidad de exportación.

 

No existen fórmulas milagrosas

No obstante, ni la diversificación ni el crecimiento bastan para garantizar la igualdad de género. Con frecuencia, cuando los países se diversifican, la discriminación de género se pone en marcha y las mujeres vuelven a salir perdiendo. Un estudio realizado por Sheba Tejani y William Milberg observó en 21 de los 36 países en desarrollo analizados una disminución significativa del empleo femenino en el sector manufacturero como consecuencia de la diversificación y a la modernización tecnológica. Igualmente, Naila Kabeer ha demostrado enfáticamente que el crecimiento económico no conduce automáticamente a la igualdad de género.

Por otra parte, los resultados de ActionAid indican que los países podrían diversificar sus economías al tiempo que mantienen o aumentan el nivel de igualdad de género. Si bien no existe una relación causal directa, y si bien los resultados no deberían sobreestimarse – la discriminación de género prevalece en todas partes –, el informe Trading Up, Crowded out? plantea cuestiones acerca de la relación entre ambos aspectos.

El análisis de ActionAid, junto con las numerosas pruebas, también apunta a la necesidad de que los esfuerzos enfocados a la diversificación económica vayan acompañados de políticas sólidas para abordar la discriminación de género en los mercados laborales y más allá. Las políticas para defender el derecho de las mujeres al trabajo decente – incluida la libertad para participar en la negociación colectiva y para reconocer, reducir y redistribuir sus tareas no remuneradas del cuidado de la casa – también tienen que implementarse.

Este tipo de medidas son fundamentales para el cumplimiento de los ODS y otros compromisos vinculantes en materia de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres. En la medida en que el actual modelo de crecimiento orientado a las exportaciones obstaculiza los esfuerzos para alcanzar la igualdad de género, el Panel de Alto Nivel sobre el Empoderamiento Económico de las Mujeres debería prestar la debida consideración a estas cuestiones en su informe de septiembre de 2016.