El desencanto de los empleados californianos de Disneylandia, el país de la fantasía

El desencanto de los empleados californianos de Disneylandia, el país de la fantasía

Disneyland employees demonstrating at the entrance to the park in Anaheim, in California, on 3 July 2018, with slogans such as “We make the magic, they make the money”.

(Service Employees International Union - SEIU)

Cada noche, al salir el último visitante, Artemis Bell se arremanga y limpia las calles de Disney-landia con una karcher. "Mis compañeros de equipo y yo trabajamos hasta la madrugada para que el parque brille y la magia actúe en cuanto lleguen los niños”. Es un trabajo agotador, y a veces peligroso, por el que Artemis lleva recibiendo unos 11 dólares la hora desde hace cinco años –es decir, 4 dólares menos que el salario mínimo de subsistencia por hora calculado por el Massachusetts Institute of Technology – en el Condado de Orange, al sur de California, donde se erije el primer parque de atracciones construido por Disney, en 1955.

"Hay meses muy cuesta arriba, sobre todo cuando llegan gastos médicos, porque el seguro que nos ofrece Disney es muy caro y cubre sólo una mínima parte de los gastos. Con mi compañera de apartamento, a veces tenemos que aceptar una huésped más para poder pagar el alquiler", explica la joven.

Hace unos años, Artemis Bell decidió afiliarse al sindicato internacional de empleados de servicios Service Employees International Union (SEIU), uno de los once sindicatos que entablaron la primavera pasada intensas negociaciones con Disneylandia, luego de la publicación de Working for the Mouse (Trabajar para Mickey), un informe que denuncia los salarios y las condicio-nes de vida de sus empleados. Realizado conjuntamente por el Occidental College y el instituto de investigación californiano Economic Roundtable, sus conclusiones se basan en el testimonio de 5.000 empleados (de los 30.000 que trabajan en todo el parque).

Casi tres cuartas partes de los encuestados afirman que no ganan lo suficiente para cubrir sus gastos básicos de subsistencia cada mes. Uno de cada diez empleados confiesa haber estado sin hogar al menos una vez en los últimos dos años y más de dos tercios añade que tiene difi-cultades para alimentarse adecuadamente. Por último, el 85% de los empleados dice que gana menos de 15 dólares la hora.

Tras la publicación de este informe, los sindicatos lograron que 130.000 personas firmaran una petición que obliga a la ciudad de Anaheim a convocar un referéndum municipal, que tendrá lugar el próximo mes de noviembre, e invita a los habitantes de esta "ciudad de Mickey" a pro-nunciarse sobre el aumento de los salarios de los empleados de las empresas que se benefician de subvenciones públicas, como es el caso de Disneylandia. Los firmantes piden que el salario mínimo aumente gradualmente de 11 USD a 18 USD, de aquí al año 2022.

A finales de julio, mientras los empleados de Disney se preparaban para iniciar una huelga de hambre, los sindicatos obtuvieron una primera victoria: bajo presión, la dirección del parque acordó aumentar el salario mínimo de los trabajadores a 15 dólares la hora, a partir del próxi-mo enero.

Cuerpos puestos a prueba

Pero la lucha de los empleados de Disney dista mucho de haber acabado. A los bajos salarios hay que añadir unas condiciones laborales a veces demasiado exigentes. "Las encargadas de la limpieza del parque utilizan productos extremadamente corrosivos. Tanto que las trabajadoras de 20 años tienen unas manos tan dañadas que parecen manos de una mujer de 50 años", dice Ada Briceño, una antigua empleada de los hoteles de Disney, antes de convertirse en copresi-denta del sindicato Unite Here. "Me di cuenta en seguida de la enorme distancia que separa el mundo mágico que vende Disney del día a día, mucho menos reluciente, de los empleados entre bastidores”.

Shannon Johnson, formadora del personal de limpieza de habitaciones, ha contraído una neumonía a fuerza de empalmar turnos irregulares. "Hay semanas en las que empiezo a traba-jar a las 4 de la mañana y, al día siguiente, a las 8 de la noche. A veces encadeno 16 horas se-guidas", explica la joven.

"A mi organismo no le da tiempo a acostumbrarse a estos cambios de ritmo diarios. Nuestros cuerpos están sometidos a alteraciones constantes y solemos tener problemas para dormir”.

Los empleados encadenan a veces semanas de más 60 horas de trabajo, sobre todo durante la temporada de verano, cuando los visitantes acuden en masa. "En cambio, en invierno, a veces nos llaman para que trabajemos solo veinte horas a la semana, lo que representa un descenso significativo de nuestros ingresos", lamenta Shannon Johnson.

Kristy Paniagua, de 60 años, está orgullosa de llevar más de 35 años trabajando para Disney. "Lo ve, lo dice ahí, en mi placa", explica con los ojos brillantes, señalando un pe-queño broche dorado con un Mickey que luce en el pecho. Esta empleada del Gran California Hotel completa cada día su trabajo con dedicación, pero se muestra crítica con la gerencia. "Llevamos mucho tiempo luchando por mejores salarios, pero la situación se deterioró mucho desde 2008. En diez años, mi salario sólo ha aumentado en dos dólares la hora, mientras que el costo de la vida se ha disparado”.

"Utilizaron la crisis de 2008 como excusa para congelar nuestros salarios, mientras que a Disney le va muy bien", asegura Glynndana Shevlin, sumiller de uno de los restaurantes del parque.

Sólo en el último trimestre, Disneylandia, cuyo número de visitantes no deja de crecer, registró unos beneficios de 5.200 millones de dólares, un aumento del 13%. El parque de atracciones también se beneficia de enormes exenciones fiscales del Ayuntamiento de Anaheim.

Con el aumento del costo de vida en California y la congelación salarial en Disney, cada vez más empleados se ven obligados a dormir en sus autos o recurrir a food stamps, los cupones de comida que ofrece el Gobierno federal a los más pobres.

Sonrisas que se congelan

"Cuando nos quejamos, nos dicen que los empleos que pagan a 11 dólares la hora son para estudiantes, ¡pero es que algunos de nosotros llevamos 30 años trabajando para Disney!" dice indignada Glynndana Shevlin. "Mi formación me capacita para trabajar en un puesto de más categoría, pero mi salario se mantiene por debajo de los 15 dólares la hora. Trabajo 40 horas semanales y he tenido que dormir en una casa de acogida para personas sin hogar”.

Blanca Orozco trabaja desde 2002 como ayudante de camarera en los restaurantes Disney. Planea aceptar un segundo empleo los fines de semana y trabajar los siete días de la semana. “Mi madre acaba de morir y tengo que ocuparme de mi hermano discapacitado y de mi padre dependiente. Vivo con el corazón en un puño, temiendo que acabemos en la calle", explica con lágrimas en los ojos.

"En Disney, nos enseñan a sonreírle al cliente todo el tiempo, para que integre bien la idea de que el parque es "el lugar más feliz del mundo", dice Verónica Chávez, una joven madre de tres hijos que decidió trabajar en el parque después de su divorcio. "Pero en cuanto se apagan las luces, le aseguro que nuestra sonrisa se congela. Sin embargo, no pedimos mucho: apenas lo necesario para vivir dignamente. Después de todo, también merecemos una pequeña parte de toda esta magia”.

This story has been translated from French.