El resurgimiento de la resistencia pacífica palestina

El resurgimiento de la resistencia pacífica palestina

Pie de foto: Dos mujeres palestinas se manifiestan junto a otras mujeres israelíes durante una concentración del movimiento pacífico Women Wage Peace, cerca del mar muerto de Cisjordania, el 8 de octubre de 2017.

(Chloé Demoulin)
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Al día siguiente de que los Estados Unidos reconocieran Jerusalén como capital de Israel, los dirigentes y los medios de comunicación de todo el mundo se preguntaron lo mismo: ¿vamos a ser testigos de una explosión de violencia por parte de la población palestina?

Durante los siguientes días, numerosos palestinos participaron en los “días de ira” organizados en Jerusalén y dijeron ser partidarios de una nueva intifada (“rebelión” en árabe, NDLR).

Sin embargo, “los que hablan de la intifada no piensan necesariamente en una rebelión armada o violenta”, precisa para Equal Times el doctor Mustafa Barghouti, político palestino y militante de la resistencia pacífica desde hace unos 15 años.

“La primera intifada fue absolutamente popular y mayoritariamente pacífica”, considera.

De hecho, la primera intifada comenzó en diciembre de 1987 por un movimiento de oposición espontáneo contra la ocupación israelí.

Fue la muerte de cuatro obreros palestinos cuyo coche fue envestido por un camión israelí, en el campo de refugiados de Jabalia, en la franja de Gaza, la que provocó la furia de la multitud. Los palestinos acusaron al conductor de haber actuado intencionadamente.

Posteriormente se extendió una campaña de desobediencia civil en la sociedad palestina. Se organizaron huelgas y grandes manifestaciones, aunque los

palestinos, a menudo muy jóvenes, lanzaran piedras y cócteles Molotov al ejército israelí.

“En 1987, el movimiento tenía mucha fuerza, todo el mundo participó en todas las regiones del país. Esta vez, acaba de comenzar, pero estoy convencido de que continuará y probablemente crecerá”, quiere creer Barghouti.

“El movimiento de julio del año pasado contra los pórticos de seguridad instalados por Israel en la Explanada de las Mezquitas tuvo un verdadero impacto. Esto demostró la eficacia de la resistencia pacífica”, añade.

“El arma secreta de los palestinos es la no violencia”, afirma también el militante palestino Ali Abu Awad. “Mientras exista violencia en el lado palestino, los israelíes podrán utilizarla para justificar la continuación de la colonización y la ocupación”.

Nacido en un campo de refugiados y antiguo prisionero de las cárceles israelíes por haber lanzado piedras y cócteles Molotov durante la primera intifada, el palestino de 45 años mide el camino recorrido: “Me ha llevado años comprenderlo, pero la no violencia debe venir de nosotros”.

El poder de la no violencia

Cuando Ali Abu Awad estuvo en la cárcel tomó conciencia del poder de la no violencia. Primero al obtener el derecho de ver a su madre, también encarcelada por las autoridades israelíes, después de 17 días de huelga de hambre. Después, leyendo a las grandes figuras de la resistencia, como Gandhi, Mandela o Malcom X.

Ali Abu Awad creó el movimiento Taghyeer (“cambio” en árabe, NDLR). Una de sus actividades principales consiste en organizar talleres para explicar a los palestinos para qué sirve la no violencia y cómo puede utilizarse para mejorar su vida diaria.

Los modos de actuar son infinitos: participar en la restauración de un barrio o una escuela, plantar árboles, organizar reuniones con los responsables locales o proyecciones de documentales.

Además se trata de enseñar a los palestinos a defenderse pacíficamente de los soldados israelíes. En esta área, las nuevas tecnologías desempeñan un papel crucial.

Issa Amro, un militante no violento procedente de Hebrón, en el sur de Cisjordania, tuvo la idea hace varios años de distribuir cámaras a los palestinos para que puedan documentar las violaciones de derechos humanos de las que son víctimas o testigos.

Sus vídeos, difundidos en las redes sociales, se han convertido en la pesadilla de las autoridades israelíes. Uno de ellos llevó a la condena del soldado franco-israelí Elor Azaria, el cual disparó en la cabeza a un agresor palestino herido en el suelo en marzo de 2016.

Las grandes concentraciones también son importantes para crear una dinámica y capturar la atención de los medios locales e internacionales.

Uno de los ejemplos más impresionantes de este tipo de iniciativas es sin duda el del movimiento Women Wage Peace, que ha reunido a varios miles de mujeres israelíes y palestinas en grandes marchas o manifestaciones en Israel y Cisjordania.

Lama Abu Aqroub, profesora y madre de cinco niños, forma parte de este movimiento. La palestina está convencida de que las mujeres en particular tienen un papel importante que desempeñar.

“Si alguien puede parar este conflicto son las mujeres. Anteponen las emociones y lo humano al resto. Pueden combatir la violencia educando a sus hijos”, afirma.

Women Wage Peace le ha permitido conocer a mujeres israelíes, algunas de las cuales se han convertido en “muy buenas amigas”, y demostrar a los escépticos que la coexistencia es posible.

“Los activistas palestinos sueñan con una vuelta a los orígenes de la primera intifada, pero el contexto socioeconómico y político ha evolucionado considerablemente”, matizan Andrew Rigby y Marwan Darweish, coautores de Popular Protest in Palestine: The Uncertain Future of Unarmed Resistance.

Los dos académicos universitarios señalan en concreto la falta actual de unidad política y de confianza de los palestinos en sus dirigentes y sus élites.

Aunque es consciente de este punto débil, Ali Abu Awad considera que el desafío se puede superar. “La no violencia permite mostrar a nuestros dirigentes que no estamos aquí para esperarles, que estamos dispuestos a tomar las riendas de nuestro destino”.

Sin embargo, actualmente los defensores de la resistencia pacífica son minoritarios. Según un sondeo publicado realizado recientemente por el Palestinian Center for Policy and Survey Research, solo el 23% de los palestinos piensa que la no violencia es el mejor medio de conseguir un Estado independiente y soberano paralelo a Israel.

A menudo se les considera “ingenuos" en la sociedad palestina.

Lama Abu Aqroub no esconde su disgusto ante esta crítica: “¿Cuántos palestinos fueron asesinados durante la segunda intifada o la última guerra de Gaza? ¿Ha llamado este baño de sangre la atención sobre la justicia de nuestra causa? ¡No! Al contrario, la comunidad internacional nos escucha cuando utilizamos la vía diplomática”.

“Lleva tiempo, exige redoblar los esfuerzos”, admite.

Como prueba, Mustafa Barghouti menciona el éxito del movimiento Boycott, Divestment, Sanctions (BDS). “BDS es la forma de resistencia pacífica más eficaz”, dice entusiasmado, celebrando que la organización cuenta con judíos entre sus partidarios.

“Se dan cuenta de que la ocupación es un cáncer que destruye el futuro de nuestros pueblos y que para conseguir cambiar la actitud del Gobierno de Israel es necesario ejercer presión sobre él y hacer que esta ocupación resulte costosa”.

Este artículo ha sido traducido del francés.