El retraso en materia de derechos en el deporte perjudica gravemente a los atletas infantiles

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El mes pasado, la gimnasta y campeona olímpica estadounidense Simone Biles, de 21 años, ganó el Premio Laureus 2019 a la mejor deportista femenina del año. Publicó un vídeo en Twitter en el que aceptaba el galardón desde Houston, donde organizó una competición para “inspirar a la próxima generación de atletas”. También sabemos a través de la cuenta en Twitter de Biles —a raíz de su publicación con la etiqueta #MeToo en enero de 2018— que es una de las víctimas supervivientes a la violencia y el abuso sexual infligidos sistemáticamente por Larry Nassar, pederasta en serie condenado y médico de USA Gymnastics y la Universidad de Michigan. Biles y otros cientos de gimnastas soportaron años de explotación sexual, algo que les robó su infancia y bienestar personal. Lo que es peor, fueron abandonadas por los organismos deportivos a los que se confió su seguridad.

La historia de las 368 gimnastas en los Estados Unidos que denuncian haber sufrido algún tipo de abuso sexual a manos de Nassar y entrenadores, dueños de gimnasios y otros adultos que trabajan en el ámbito de la gimnasia durante un período de 20 años es una de las muchas que se citan en el nuevo informe de las Naciones Unidas titulado Estudio sobre la venta y la explotación sexual de niños en el contexto de los deportes. La experta independiente que escribió el informe, Maud de Boer-Buquicchio, presentará esta semana sus conclusiones y recomendaciones a los representantes de los Estados y celebrará una mesa redonda en el Palacio de las Naciones en Ginebra con organismos deportivos y representantes de atletas.

Toda disciplina que se comprometa a convertir el deporte en una actividad segura para los niños debería estar presente en la sala e internalizar cómo las organizaciones deportivas pueden defender a los niños con el mismo fervor con el que históricamente han defendido la reputación de sus organismos reguladores, entrenadores y personal.

A los daños sufridos por los atletas infantiles se suman los riesgos que corren como niños y como atletas, lo que les expone por partida doble a la victimización. Y cuanto más talento tenga el atleta y a mayor nivel competitivo se encuentre, más está en juego y más expuesto a la explotación estará. La enseñanza principal para los responsables de la formulación de políticas y los defensores de los derechos de los niños debería ser que el deporte debe estar comprometido tanto con las normas internacionales para la protección de los niños como con el respeto de los derechos internacionalmente reconocidos de todos los atletas con el fin de garantizar una protección adecuada para los niños en el deporte. Esto exige un cambio institucional y cultural significativo en el deporte tan fundamental como el reconocimiento de la propia identidad del atleta infantil, el cual se debería ver en primer lugar como un niño y en segundo lugar como un atleta. Sin embargo, muy a menudo el segundo prevalece sobre el primero.

Los niños no son mercancías

A pesar de constituir una herramienta para promover la educación, la salud, el desarrollo y la paz, especialmente para los niños, el deporte ignora en demasiadas ocasiones el interés superior del niño, uno de los cuatro principios básicos de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), el tratado de derechos humanos más ratificado, cuyo 30o aniversario se conmemora este año. Por otra parte, estos fallos sistémicos han puesto de relieve que el deporte ha convertido a los atletas en mercancías. Se debe transmitir un mensaje claro al mundo del deporte: la mercantilización no atiende al interés superior del niño. Como la experta independiente de las Naciones Unidas escribió en su informe, “los niños nunca deben ser considerados mercancías que pueden generar beneficios” y “cualquier inversión en el desarrollo de los niños debe […] basarse en el principio del interés superior del niño”.

Como muestra la tragedia de USA Gymnastics, la cultura institucional de anteponer los beneficios y las medallas a las personas crea un entorno propicio para los depredadores sexuales, gracias al silencio y las sombras de la resistencia del mundo del deporte a la responsabilidad institucional. No se trata de un problema que afecta únicamente a los Estados Unidos, sino de un problema mundial que ha conmocionado al mundo del deporte, más recientemente en Corea del Sur, pero también en el Reino Unido, los Países Bajos, Canadá y otros países (y estos son solo los que conocemos). Lo que está claro en todas partes, de los niveles más bajos a los más altos, es que el desequilibrio de poder en el deporte —inmenso para todos los atletas y todavía mayor en el caso de los niños— crea las condiciones idóneas para el abuso, la explotación y el acoso sexuales de niños.

Nancy Hogshead-Makar, la abogada especializada en derechos civiles que ha representado a las gimnastas supervivientes estadounidenses, señala: “No todos los entrenadores son pedófilos, pero todos los pedófilos quieren ser entrenadores”.

Un día después de que Simone Biles aceptara su Premio Laureus, USA Gymnastics nombró a su cuarto director ejecutivo en menos de dos años. Por desgracia, la organización tampoco consultó en esta ocasión a las valientes gimnastas que no solo han denunciado la situación para evitar que un agresor en serie haga daño a más niños y adultos, sino que también han utilizado su plataforma para mejorar su deporte para la próxima generación. Estas acciones unilaterales fueron la causa de este desastre y no son la solución para ponerle fin. Según las normas internacionales que protegen a los niños, el deporte debe incluir la participación de los niños, como titulares de derechos, en el nivel institucional de la organización deportiva. Sin embargo, este es otro ámbito en el que los atletas infantiles se enfrentan a dificultades por partida doble. En el deporte, se niega tanto los niños como los atletas en general una participación adecuada en la toma de decisiones que les afectan, tal y como ponen de manifiesto los gimnastas estadounidenses que son mayores de 18 años, pero a los que se excluye en la toma de decisiones clave cuando piden participar en igualdad de condiciones.

Normas internacionales

Es hora de establecer un nuevo paradigma de respeto de los derechos en los deportes que sea similar al movimiento en pro del respeto de los derechos en las escuelas. Organizaciones deportivas como la Federación de Juegos de la Commonwealth y la Federación Internacional de Netball, y pronto la FIFA, tienen directrices para proteger a los niños en el deporte que hacen referencia específicamente a la CDN como la norma internacional para proteger a los niños. Existen otras normas que se pueden aplicar: los Principios Rectores sobre las empresas y los derechos humanos de las Naciones Unidas (que incluye la CDN), las Salvaguardias Internacionales para Menores en el Deporte y la Declaración Universal de Derechos de los Jugadores. Los esfuerzos iniciales para aplicar estas normas en distintos países y tradiciones deportivas han tenido más éxito cuando las partes pertinentes —como los organismos deportivos, los actores gubernamentales, las ONG y los representantes de los atletas— colaboran. Sin duda es necesario hacer más por entender la prevalencia de los daños infligidos a los niños en el deporte, formular o actualizar leyes y normativas que los protegen, garantizar que los organismos deportivos cuenten con políticas y programas efectivos para hacer que el deporte sea seguro para los niños, y garantizar que los representantes de los atletas sean independientes y tengan la capacidad de representar a niños. Aun así, el camino a seguir para los ministerios de deporte y los organismos reguladores empiezan con la adopción de medidas básicas:

1. Comprometerse a proteger a los niños y respetar los derechos humanos de todas las personas involucradas en el deporte, en particular los atletas.
2. Garantizar que los niños pueden acceder a una educación de calidad. Para los atletas infantiles, especialmente los atletas de élite, este es a menudo su primer sacrificio y más adelante su mayor arrepentimiento y un factor de riesgo ante otros daños.
3. Exigir la denuncia obligatoria a las fuerzas policiales de presuntos abusos sexuales.
4. Prohibir las relaciones entre entrenadores y atletas bajo su supervisión, independientemente de su edad o consentimiento, del mismo modo que los profesores no pueden tener una relación con sus estudiantes ni los gerentes pueden tener una relación con los empleados a los que supervisan.
5. Garantizar que los mecanismos para denunciar los abusos y los procedimientos para presentar quejas que se ofrecen son fáciles de utilizar por los niños.

Todo el mundo del deporte debería preocuparse tanto por la próxima generación de atletas como Simone Biles, y no solo para que alcancen su potencial deportivo, sino también su pleno potencial humano. Se confían a los organismos de regulación del deporte los cuerpos, las carreras y el bienestar de los atletas infantiles, desde los gimnasios, campos y canchas locales hasta las luces, las cámaras y los podios de los grandes acontecimientos deportivos. Estos organismos deportivos mostrar la misma valentía que los atletas que ahora se enfrentan a ellos ante el tribunal de la opinión pública para asegurarse de que carreras deportivas siguen sus sueños en lugar de acabar siendo una pesadilla. Seamos tan valientes como ellos y defendámoslos.