El verdadero coste del “desarrollo a la etíope”

El verdadero coste del “desarrollo a la etíope”

The rural population and the environment are the biggest losers of Ethiopia’s ‘economic miracle’.

(Mulugeta Ayene)

El suelo a las orillas del lago Abijata, en Etiopía, cruje cuando uno lo pisa, como si estuviera cubierto por patatas fritas. Es imposible acercarse demasiado a cientos de flamencos rosas sin arriesgarse a que la tierra se agriete y brote agua. ¿El motivo?, esta área blanqueada por la sal pertenecía en el pasado al lago, cuyo tamaño se ha reducido a la mitad en 30 años.

Entre 1973 y 2006, su superficie pasó de 197 a 88 kilómetros cuadrados, según las imágenes de satélite reunidas por el investigador Debelle Jebessa Wako. Entre 1970 y 1989, la profundidad del agua disminuyó de 13 a 7 metros. Los peces desaparecieron, ya que sucumbieron a una salinidad que aumentó a medida que disminuía la cantidad de agua. La misma amenaza pesa sobre los otros lagos de la parte central del Gran Valle del Rift (Ziway, Shalla y Langano).

La raíz del problema estriba en el “desarrollo a la etíope”, la otra cara del “milagro económico” que ponen por las nubes los economistas prominentes. El crecimiento de dos cifras durante una década (de 2004 a 2014) del que tanto presumía el Banco Mundial se basaba principalmente en “la expansión de la agricultura, la construcción y los servicios”.

Etiopía, un país sin litoral, malvende todo para atraer a los inversores extranjeros: agua y electricidad casi gratuitos y alquileres 10 veces por debajo del precio de mercado, en particular cuando toca al sector textil. Los más perjudicados: las poblaciones rurales y el medio ambiente.

Relativamente cerca del lago Abijata, a 200 kilómetros al sur de la capital, Addis Abeba, la ciudad de Ziway prospera, impulsada por el dinamismo del sector primario. El grupo francés Castel, segundo productor de cerveza y refrescos en África, ha plantado viñedos allí.

La multinacional holandesa Afriflora Sher ha construido la mayor granja de rosas del mundo y emplea a 1.500 trabajadores que ganan el equivalente de 75 euros al mes (84 dólares USD).

Ambas empresas extraen gratuitamente agua del río Bulbula, que desemboca en el lago Abijata. Los agricultores locales, por su parte, instalan de forma totalmente ilegal bombas de agua –de 5.000 a 6.000, según las fuentes– y extraen en definitiva más que las empresas.

Esfuerzo de sensibilización de los lugareños

Sin embargo, desde 1970, y la creación del parque nacional de los lagos Abijata y Shalla, esta agua está protegido oficialmente. El territorio de 887 kilómetros cuadrados era antes un bosque de acacias.

En él viven 70.000 personas; sus campos están situados en la zona protegida, donde dejan pastar al ganado. Algunos habitantes suplementan sus ingresos talando árboles para hacer carbón, que después venden al borde de la carretera principal. Esta práctica puede ser castigada con una pena de cinco años de cárcel, pero está poco controlada. Los dos vehículos con guardias no bastan para realizar patrullas eficaces. También vienen ladrones que llenan camiones de arena que revenden a empresas de construcción.

El director del parque, Banki Budamo, parece desamparado: “Hace dos años un guardia fue asesinado cuando intentaba parar uno de estos robos. Otros siete sufrieron heridas graves”.

Para combatir esta degradación, los 63 guardias ponen a prueba nuevos métodos. “Tratamos de ser diplomáticos y sensibilizar a los habitantes”, explica una guardia, Amane Gemachu. Cuando se la ve jugar con los niños de la aldea y hablar con las personas mayores, parece que esta mujer joven en uniforme militar está hecha para este enfoque. Cuando fue contratada, hace cinco años, el lago era “un kilómetro más largo”.

Cuestiona las prácticas de Abijata-Shalla Soda Ash Share Company (Assasc), una empresa que fabrica bicarbonato de soda y extrae directamente el agua del lago Abijata. Según Gemachu, los productos que vierte la empresa, en la que el Gobierno etíope tiene una participación del 45%, también son responsables de la desaparición de los peces. Berhane Amedie, director general de Assasc, rechaza categóricamente esta acusación: “¡No utilizamos ningún producto químico!”, afirma sin pestañear.

Nos recibe en su imponente oficina en la oficina central de la empresa, en Addis Abeba, donde también ha invitado a Worku Shirefaw. Este ingeniero supervisa la construcción de una fábrica que bombeará agua del lago Shalla. “La fábrica de Abijata es una instalación piloto. La idea siempre ha sido construir otra con una capacidad más importante. El lago Shalla es mucho más profundo, por lo que está menos expuesto a la evaporación”.

La empresa pretende que la producción pase de las 3.000 toneladas actuales a 200.000, e incluso un millón. Amedie plantea de inmediato un argumento de peso: “Esperamos ganar 150 millones de dólares [133 millones de euros] al año”. El bicarbonato de soda sirve para producir botellas de vidrio y productos de limpieza, en concreto para las curtidurías locales. El tamaño de la nueva fábrica permitirá también exportarlos, en particular a Asia, y “reportar dólares”.

Etiopía importa cinco veces más de lo que exporta –15.590 millones de dólares (13.700 millones de euros) frente a 3.230 millones de dólares (2.800 millones de euros) en 2017– y carece de divisas. La obtención de un préstamo en dólares puede llevar un año, durante el cual las empresas no pueden importar los materiales ni las máquinas necesarias para llevar a cabo su actividad.

Asimismo, todas las inversiones orientadas hacia la exportación son favorecidas por el poder. Por este motivo, el informe encargado por el Gobierno, según el cual el proyecto de ampliación de la fábrica “no es recomendable desde un punto de vista ambiental”, no impresiona demasiado a Shirefaw. El ingeniero incluso anuncia que “las obras empezarán dentro de un año y la producción de aquí a cuatro o cinco años”.

Rosas y cactus

Otro sector que consume una gran cantidad de agua y que promueven los planes quinquenales “de desarrollo y transformación” es la horticultura. La primera granja de rosas se estableció en 2000, y Etiopía se convirtió rápidamente en el segundo exportador de esta flor en África, por detrás de Kenia.

“En 2005, el Gobierno vino a buscarnos a Kenia”, recuerda Michel van den Bogaard, director financiero de Afriflora Sher. “Teníamos una buena reputación”. La popularidad de la multinacional neerlandesa se debía principalmente a sus actividades filantrópicas. En Ziway, por ejemplo, financió un hospital, una escuela, un colegio de enseñanza secundaria y un instituto, y su personal es remunerado por la empresa.

“Cuando llegamos, extraíamos agua del lago Ziway pero, desde entonces, hemos reducido a la mitad nuestro consumo gracias a un sistema por goteo administrado por ordenador, al reciclaje del agua utilizada y la recuperación del agua de lluvia”, asegura. “En Etiopía llueve tanto como en los Países Bajos, ¡pero aquí todo cae en tres meses!”.

Dos millones de personas dependen del lago Ziway, el único de la cuenca que es de agua dulce. Sin embargo, su nivel disminuye inexorablemente. La bióloga Kathleen Reaugh-Flower teme que el lago se vuelva endorreico, es decir, que deje de verter agua en el río Bulbula, que desemboca en el lago Abijata.

Cerca de Harar, a 500 kilómetros al este de la capital, la cultura comercial del khat –la droga local favorita, exportada al Cuerno de África y la península arábiga–, la fábrica de cerveza Harar y el pastoreo excesivo ya llevaron a que se secara totalmente una superficie de agua en 2011. Ahora crecen cactus sobre lo que en otro tiempo fuera una superficie de agua de 16 kilómetros de circunferencia: el lago Alemaya.

La calidad del agua también se degrada, lo que genera un aumento de los costes de su tratamiento. “A este ritmo, el agua dejará de ser potable en un decenio”, se preocupa Amdemichael Mulugeta, el director de la ONG Wetlands International en Etiopía, “y el lago desaparecerá dentro de 50 o 70 años.

Antes la ciudad de Ziway utilizaba el agua del lago, la cual solo se tenía que tratar un poco. Ahora, la depuración es demasiado compleja para las capacidades locales y, sobre todo, demasiado costosa. Por consiguiente, el agua se bombea a 46 kilómetros de la ciudad”.

El Gobierno, obsesionado con atraer a inversores extranjeros, malvende las tierras en detrimento de los campesinos locales. Entre 2016 y 2018, las manifestaciones masivas obligaron al primer ministro, Hailemariam Desalegn, a dimitir. Durante mucho tiempo, el régimen autoritario etíope se benefició de una cierta indulgencia por parte de los observadores internacionales, que estaban entusiasmados con el crecimiento económico.

Las violaciones de los derechos humanos y los pésimos resultados sociales se pasaron por alto, en particular la tasa de pobreza, muy elevada pero sistemáticamente infravalorada: es calculada por el organismo gubernamental de estadística sobre la base de 19,7 birrs (unos 0,60 euros/0,68 dólares) al día, cuando el umbral de extrema pobreza definido por el Banco Mundial está fijado en 1,90 dólares (1,70 euros).

Ya no quedan antílopes ni lobos abisinios

Abiy Ahmed, el nuevo primer ministro que entró en funciones en abril de 2018, frenó simbólicamente el favoritismo creado por el Gobierno precedente. Por ejemplo, anuló el número de encargos públicos realizados a la empresa Metals and Engineering Corporation (Metec), un conglomerado de 98 empresas gestionado por el ejército, dentro del cual 26 dirigentes están acusados actualmente por corrupción.

En los lagos de la región de Ziway, el cambio se produce lentamente. “Antes, rara vez se nos autorizaba a visitar la zona, en particular las explotaciones hortícolas, cuyos directores no dejaban de decirnos que conocían a tal o tal persona. Ahora tienen que sentarse a negociar”, constata Amdemichael.

Wetlands International supervisa un estudio cuyo objeto es determinar la cantidad de agua del río Bulbula que se puede extraer sin que peligre el nivel de agua del lago Abijata. Una vez se fije esa cifra máxima, la ONG tiene previsto asignar cierta porción a cada actor de la cuenca. A continuación, la idea sería cobrar el agua. Para no penalizar a los pequeños agricultores locales, con recursos muy limitados, Wetlands International trata al mismo tiempo de mejorar sus técnicas de cultivo. Este proyecto piloto desarrollado en 200 hectáreas está financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores neerlandés, para compensar los daños de las explotaciones hortícolas.

Por su parte, Afriflora Sher disminuye su consumo de pesticidas mediante el uso de insectos traídos especialmente de Europa y aplicados con una espátula en los pies infectados para que devoren las arañas rojas que atacan las hojas de las rosas.

Para los antílopes y los lobos abisinios es demasiado tarde: ya no se encuentra ninguno en el parque. Y los pájaros migratorios hacen paradas en otros lugares.