En Albania, nuevo Eldorado de los centros de atención telefónica en Europa, los teleoperadores se implican en la lucha sindical

En Albania, nuevo Eldorado de los centros de atención telefónica en Europa, los teleoperadores se implican en la lucha sindical

Young telephone operators have founded Solidariteti, an independent trade union committed to defending the rights of Albanian workers in the call centre sector. Pictured here at a meeting in Tirana, May 2019.

(Louis Seiller)

Es una de las pocas casas antiguas que todavía están en pie en el centro de Tirana. En el pequeño patio decorado con pósteres de luchas sociales del mundo entero, la mesa redonda se ha impuesto como el lugar de encuentro de un nuevo tipo de activistas en Albania. “Fatjon. Prefiero utilizar este nombre”, advierte un joven alto, un poco incómodo. “Soy uno de los miembros de este nuevo sindicato. Solidariteti fue creado por los operadores de los centros de atención telefónica”.

Fatjon no quiere revelar su verdadero nombre porque ya se ha sindicalizado en el seno de una multinacional francesa: Teleperfomance. El número 1 mundial del telemarketing se estableció en Albania hace 11 años, y desde el pasado mes de febrero la empresa ha descubierto la existencia de un sindicato entre sus empleados. Una novedad que Telepeformance Albania no ha querido comentar con Equal Times, no respondiendo a nuestras solicitudes para concertar una entrevista.

“Actualmente los centros de atención telefónica no cuentan con un verdadero representante de los trabajadores”, explica Fatjon. “Pero los operadores tienen que defenderse y obtener mejores condiciones de trabajo. Por ejemplo: la igualdad salarial. En este sector existen demasiadas diferencias en materia de remuneración. Hay empleadores que pagan de manera arbitraria, algo que nosotros consideramos injusto”.

Estos últimos 15 años, el sector de los centros de atención telefónica se ha convertido en uno de los principales sectores de empleo de Albania, con 30.000 personas declaradas. Pero según algunos expertos, otros tantos albaneses trabajan sin contrato. Se calcula que debe haber cerca de 800 empresas de este tipo, de dimensiones y naturaleza muy diversas. Se trata de una actividad especialmente rentable, y actualmente los teleoperadores albaneses, empleados por grandes firmas internacionales como Amazon o Apple, llaman para captar clientes o responden a las llamadas del servicio de atención al cliente.

Hay que señalar que, según ha confesado su propio primer ministro, Edi Rama, Albania es en cierto modo el “sueño” de cualquier empresario deseoso de eludir las obligaciones reglamentarias más básicas del derecho social. A pesar de ser el presidente del partido denominado “socialista”, el PS albanés, Rama seducía así a un público de empresarios italianos reunidos en Tirana hace cuatro años: “Queremos transmitirles un mensaje firme, a ustedes que sueñan con un país donde los impuestos sean mínimos, donde los gastos de mano de obra sean bajos y donde la presencia sindical se haya reducido al mínimo posible, para que comprendan que ese país existe. Es una realidad que está muy cerca [NDLR: de Italia]. En Albania la situación es más atractiva desde todos los puntos de vista de la actividad empresarial”.

Esta operación de seducción tenía un doble objetivo. Por una parte, borrar la imagen de un país carcomido por la corrupción, y, por otra, garantizar a los inversores potenciales que, 25 años después de la caída del régimen comunista, este pequeño país del Adriático ya no tiene nada de “paraíso socialista”.

Y con razón: desde el final de la dictadura estalinista en 1991, un capitalismo desenfrenado ha impuesto sus leyes en Albania, y una pequeña oligarquía económica reina ahora sobre una economía muy permeable a las actividades criminales.

Las primeras víctimas de estas transformaciones sociales son los derechos de los trabajadores del sector privado. “Existen problemas evidentes concernientes al respeto del Código Laboral”, explica a Equal Times el economista albanés Klodian Tomorri. “Esto no se deriva de un vacío jurídico sino de la no aplicación de las leyes. Es una situación que no afecta únicamente a los centros de atención telefónica sino a todas las industrias del país”.

Trabajo no declarado, impago de las cotizaciones sociales, horas extraordinarias no remuneradas... Estas irregularidades son recurrentes en el sector privado de Albania, donde el diálogo social sigue siendo muy débil. Malas prácticas que se suman a unas remuneraciones de las más bajas de Europa, con un salario mínimo revalorizado en 2019 a 208 euros (236 dólares USD) mensuales. En el sector de los centros de atención telefónica, principal empleador de la juventud albanesa, la ausencia de un convenio colectivo deja la puerta abierta al dumping social.

A pesar de trabajar en Teleperformance desde hace cuatro años, Besmir Male asume su nuevo compromiso: ser uno de los responsables de Solidariteti. “En un sector que genera millones de euros –porque se habla efectivamente de millones– y que emplea a más de 30.000 trabajadores, no tenemos seguridad. No hay nada que proteja nuestros derechos. Si yo dejo de trabajar hoy, después de cuatro años, al no tener diploma universitario, es como si no hubiese hecho nada”.

Por una remuneración que oscila entre 1 y 2,50 euros por hora (1,14 y 2,84 dólares), los jóvenes albaneses realizan llamadas en italiano, inglés, francés, alemán o incluso en turco. Las condiciones pueden variar mucho de un empleador a otro. En las grandes empresas la remuneración puede superar los 300 euros (341 dólares) mensuales, una cantidad que se aproxima al salario medio en Albania. “Es verdad, Teleperformance ofrece mejores condiciones de trabajo”, reconoce Besmir Male. “El salario es más elevado que en otros sitios. Pero yo quiero que mis derechos sean los mismos que en otros países de Europa. El trabajo que hago es el mismo, y la empresa suele lograr aquí mayores beneficios”.

Valoración de la antigüedad, reconocimiento de enfermedades relacionadas con el trabajo, indexación de los salarios a la inflación y pago de la totalidad de las cotizaciones sociales son algunas de las reivindicaciones que quiere asumir Solidariteti. De hecho el sindicato se puso en marcha gracias al apoyo de homólogos extranjeros de la federación UNI Global Union (UNI).

Renovar las prácticas sindicales

En Albania hay sindicatos, pero son organizaciones que siguen viéndose afectadas por la antigua función secundaria que desempeñaban bajo la dictadura de Enver Hoxha (1950-1985). Muchos albaneses les reprochan los estrechos vínculos que mantienen con los partidos políticos. “Las tentativas para crear un sindicato que realmente represente los intereses de los trabajadores han topado enseguida con la injerencia de los políticos”, recalca el economista Klodian Tomorri. “Entonces, o la tentativa fracasa, o los sindicatos se convierten en portavoces de los partidos políticos”. Las dos principales federaciones sindicales albanesas, sobre todo presentes en la función pública, siguen percibiéndose como nexos de influencia de los dos principales partidos: el PS y el Partido Democrático (PD, de derechas).

¿Caerá Solidariteti en esa trampa que le tienden los partidos políticos? “¡Imposible!”, asegura Besmir Male al salir de la reunión semanal del sindicato “en nuestros estatutos hay una cláusula importante en virtud de la cual ninguno de nuestros miembros podrá asumir responsabilidades en un partido político, porque eso genera desconfianza. Sabemos perfectamente cómo funciona la política albanesa: ninguna personalidad política defiende verdaderamente los derechos de los trabajadores”.

Los nuevos sindicalistas albaneses (que todavía prefieren permanecer en el anonimato) quieren, por tanto, diferenciarse de los veteranos imponiendo en su funcionamiento transparencia y principios democráticos. De esta manera esperan suscitar la confianza de los jóvenes teleoperadores albaneses.

“Algunos empleadores nos denigran, presentándonos como anarquistas que sólo buscan desprestigiar a la empresa”, explica Mirela Ruko, una de las jóvenes militantes de Solidariteti. “Pero los trabajadores tienen que hacerse oír y nosotros estamos ahí para negociar con la dirección. No es una lucha por el triunfo del más fuerte. El objetivo es lograr acuerdos”.

En un entorno más bien hostil a las reivindicaciones sociales, las negociaciones futuras podrían ser complicadas. El año pasado tres empleados de un centro de atención telefónica fueron despedidos después de haberse declarado en huelga para protestar por la bajada de sus salarios. Mirela considera urgente actuar en el seno de los centros de atención telefónica, pero espera que las luchas futuras se centren en la precariedad que afecta al conjunto de la sociedad albanesa. Para ello, Solidariteti deberá lograr, en primer lugar, que cambie la opinión de los albaneses sobre la función de los sindicatos. “¡Estamos hablando del sector privado, donde no se ha creado un sindicato desde hace 80 años!”, responde Besmir, optimista. “Es la primera vez que se crea un sindicato completamente autónomo, apolítico y sin financiación económica del Estado”. Una novedad, sinónimo ya de victoria frente a la resignación imperante.

This story has been translated from French.