Guardianas de la lengua: escuelas para preservar idiomas ancestrales y formar ciudadanos

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Entre campos agrícolas y nevados de la Cordillera de los Andes, a 3.200 metros sobre el nivel del mar, resalta una construcción moderna que ocupa unas cuatro hectáreas en un territorio rodeado de casas de ladrillo, tractores y negocios de todo tipo. Se trata de la escuela de la comunidad, su nombre completo es Unidad Educativa del Milenio Intercultural Bilingüe “Chibuleo”, Guardiana de la Lengua.

Un nombre largo, pero cada palabra tiene un significado profundo a nivel educativo y social para un grupo indígena del Ecuador. Más que eso, es el reflejo del trabajo de toda la comunidad de Chibuleo para garantizar el derecho a la educación de sus niños y jóvenes.

Esta escuela fue la primera en el país en dictar clases en quichua, lengua materna de la comunidad y segunda lengua oficial del Ecuador. Desde 2014 ha pasado por una modernización tecnológica implementando laboratorios de ciencias y computación, y ahora es la única institución del país que ofrece Bachillerato Internacional en una comunidad indígena.

“Queremos ser un modelo para las comunidades y formar a nuestros estudiantes para que estén preparados en conocimientos, sin perder su identidad y sin olvidar al resto de la humanidad”, explica Alberto Guapizaca, director de la escuela, a Equal Times.

 

Un ambiente multicultural

Cifras de la Unesco indican que desde que el ser humano empezó a hablar, unas 30.000 lenguas han desaparecido y, actualmente, al menos 10 idiomas desaparecen cada año.

Según el último Censo de Población y Vivienda del Ecuador de 2010, solo el 57,5% de los niños menores de 12 años hablaban su lengua nativa. Por lo que el concepto de la escuela de Chibuleo aporta a preservar una de las lenguas ancestrales del Ecuador y con ello la identidad de las comunidades indígenas.

En esta escuela, los niños reciben clases en quichua y español durante toda la primaria de la mano de profesores nativos de la comunidad. Así se garantiza que la educación sea bilingüe y que se cultive la lengua en las generaciones más jóvenes. Por eso su nombre de guardiana de la lengua. También se habla en español porque hay estudiantes que no pertenecen a la comunidad.

En la secundaria, las clases son en español, pero reciben quichua como materia para reforzar la gramática y sobre todo estudiar su historia, tradiciones y la cosmovisión andina. “Queremos que se sientan orgullosos de lo que son, que no tengan vergüenza de su identidad y que manejen bien el idioma”, afirma Homero Paucar, profesor de quichua.

Otro detalle que enriquece el ambiente multicultural de la escuela es el uso de un calendario agrofestivo, el cual combina un calendario ancestral agrícola con las actividades escolares. Así aprenden a preparar la tierra para la siembra y festejan el tiempo de cosecha. También cantan todas las semanas el himno nacional del Ecuador en quichua y hacen exposiciones en ambos idiomas.

Guapizaca relata que contar con educación bilingüe es el resultado de una lucha que duró al menos 40 años. En la escuela de Chibuleo se educa en dos idiomas desde 1985. Posteriormente, y gracias a la insistencia de las comunidades indígenas, se logró insertar este derecho en la Constitución ecuatoriana.

“Antes los niños tenían que hacer doble esfuerzo al tener profesores hispanohablantes: primero, aprender el idioma y luego, entender el contenido. Aprendían español incluso con violencia”, recuerda.

El 7% de la población ecuatoriana es indígena y pertenece a 14 comunidades diferenciadas, cada una con una lengua y cosmovisión particular. El Ministerio de Educación del Ecuador proyecta construir una escuela guardiana de la lengua por cada nacionalidad –14 en total– y con planta docente nativa. La escuela de Chibuleo fue la primera. Otra se encuentra en la Amazonía ecuatoriana, que sirve a la comunidad Shuar. Se planea que el resto de escuelas estén listas para 2017.

Pedro Cabazcango, director nacional de Educación Bilingüe, cuenta que estas y otras políticas educativas han permitido que la tasa de matriculación indígena suba.

“En el año lectivo 2007–2008 se inscribieron 95.400 estudiantes indígenas, en este año (2015–2016) esa cifra aumentó a 149.500”, indica Cabazcango. En Ecuador, con 14 millones de habitantes, la cobertura de educación básica llega al 95% de la población del país, sin brechas por ubicación geográfica, género u origen étnico. Sin embargo, solo el 65% cursa el bachillerato; 69% en el área urbana y 46% en la rural, según cifras del Ministerio de Educación publicadas en 2015.

 

Estudiantes con nuevas perspectivas

“El 90% de los pueblos indígenas está desatendido. Tomando en cuenta la deuda histórica que el Estado tiene con nuestras comunidades, el mejor pago que puede hacer el Estado es la educación”, afirma Guapizaca, quien lleva 31 años trabajando por la educación indígena de su comunidad y del país.

Ejemplos como la Escuela de Chibuleo son solo los cimientos para una educación intercultural bilingüe y la preservación de la lengua quichua. “No tenemos docentes graduados en el idioma quichua, no hay oferta educativa como maestrías para fortalecer el estudio de la cosmovisión indígena. Cada uno aporta a la interculturalidad como puede y hay cosas que todavía se quedan en el discurso”, reconoce Guapizaca.

Esta escuela no se detiene en resguardar los valores ancestrales de su comunidad sino en formar ciudadanos del mundo. De ahí que, según Guapizaca, el hecho de ofrecer un bachillerato internacional es un logro adicional.

“Con el bachillerato internacional los estudiantes aprenden el porqué y el para qué de las cosas y son más críticos. Formamos para que tengan mentalidad internacional, eso no significa viajar, significa aceptar otras culturas y ponerse al servicio del mundo. Que sean sensibles a las realidades internacionales y posteriormente ayudar a la construcción de un mundo más pacífico”, dice convencido y orgulloso de su trabajo.

En 2017, una veintena de jóvenes se convertirán en los primeros indígenas del país en obtener el bachillerato internacional. Saben que tener acceso a esta preparación es un privilegio.

A unos les ha permitido soñar en ampliar sus horizontes y aspiran acceder a una universidad dentro o fuera del país. Otros sueñan, pero sin despegarse de la realidad de su familia. Luz Baraona, la mejor estudiante del colegio, lo resume así: “mi mamá es mi único soporte. Yo quiero estudiar en la universidad en la mañana y trabajar en la noche para ser una carga menos”. También está segura de mantener su cultura y las enseñanzas impartidas en la escuela de Chibuleo: “me gusta mantener mi lengua y mi vestimenta. Si tengo hijos, yo les enseñaré nuestra lengua”.

This article has been translated from Spanish.