“Haití necesita nuevas narrativas”. El pueblo haitiano merece, además, nuestro apoyo

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El huracán Matthew azotó Haití el 4 de octubre en un momento en el que EE UU vivía su enésima tormenta política a cinco semanas de sus elecciones presidenciales (8/11).

Los daños del Matthew fueron considerables: un mes después y todavía se evalúan daños y se cuentan víctimas mortales. Todos los cultivos, la mayor parte de los árboles y más del 80% de las viviendas en zonas enteras del país han sido arrasados.

Sin embargo, el desastre ha recibido poca atención mediática, posiblemente debido a las elecciones.

El huracán Matthew alcanzó la categoría 4, con vientos de hasta 230 kilómetros por hora. Ha sido el primer huracán de categoría 4 desde 1954, cuando, tras el paso de Hazel, se implantaron las organizaciones no gubernamentales en Haití.

La antropóloga Gina Athena Ulysse ha inspirado a toda una generación de académicos, retándonos con un llamamiento aparentemente simple: “Haití necesita nuevas narrativas”.

La cobertura mediática de este huracán es un ejemplo claro del por qué.

La cobertura mediática facilita las ayudas en casos de catástrofes. Un artículo en Disasters reveló la estrecha relación que existe entre la cantidad de segundos que se dedican a una catástrofe en los espacios de máxima audiencia y la generosidad de la respuesta ante la misma.

Sin embargo, la gran visibilidad mediática del terremoto de Haití de 2010 y la generosidad que inspiró tuvieron un alto coste.

Con las historias de la devastación, que a muchos observadores extranjeros les pareció el infierno en la tierra por lo que solían utilizar expresiones como “Estado fallido”, los medios de comunicación extranjeros también naturalizaron el control extranjero de las ayudas.

Tanto entonces como ahora, la cobertura mediática destaca la importancia de lo que se pueden llamar “narrativas de las catástrofes”. Los temas de los que se informa o no, quién es aclamado como un héroe o qué esfuerzos se ignoran determinan los resultados. He detallado esta relación en un capítulo de mi libro (recién publicado).

Las ayudas han tardado muchísimo en llegar, lo cual ha implicado un gran nivel de frustración. El huracán azotó algunas de las zonas más aisladas de Haití, incluidas la provincia de Grand’Anse y la zona noroccidental. El Sur y Nippes, también afectados por Matthew, tienen un mejor acceso a la capital.

Los retrasos en el suministro de las ayudas son una consecuencia directa de la centralización del poder político y económico en Puerto Príncipe que se inició a raíz de la ocupación estadounidense de 1915 y se aceleró con las políticas económicas neoliberales impuestas por el gobierno de EE UU y organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), etc.

Las ciudades secundarias fueron en otra época prósperos puertos y economías regionales y ahora dependen de la carretera a la capital para casi todo. La provincia de Grand’Anse, con su capital Jéremie, está especialmente aislada. Su principal sustento económico es el carbón, cuya comercialización se ha incrementado en los últimos años según ha ido avanzando la construcción de la carretera asfaltada.

A pesar del frágil estado de la infraestructura y las comunicaciones, los gobiernos locales de Haití y el Departamento de Protección Civil (DPC, por sus siglas en francés) han realizado una labor admirable sacando a la población de las zonas más peligrosas. Los habitantes de la isla Île-à-Vache fueron trasladados a Les Cayes, aunque tuvieron que ser desplazados por segunda vez durante el huracán. En Abricots, a una hora y media de Jéremie por una carretera llena de rocas y muy difícil de transitar, las autoridades locales trasladaron a los residentes a zonas más elevadas.

Ernst Mathurin, director de GRAMIR, una ONG con más de 30 años de experiencia en la provincia más afectada (Grand’Anse), explicó que “si no hubiera sido por el papel práctico que desempeñaron los CASEC [consejos de administración locales], los alcaldes y los Departamentos de Protección Civil, hubieran muerto fácilmente diez veces más personas”.

El gobierno municipal de Abricots publicó una Evaluación de Necesidades de Emergencia el viernes 7 de octubre, dos días después de que pasara el huracán. Su alcalde, Jean Ricarlto Louis, informó de que muchas personas de la comunidad han cedido sus casas, alimentos, agua e incluso dinero para ayudar. “Sin embargo, esos fondos se están acabando”.

Estas medidas parciales destacan las limitaciones, en especial la falta de recursos.

 

El fracaso de las ayudas internacionales

El huracán Matthew es la prueba definitiva del fracaso de las ayudas de la cooperación internacional, que el cineasta haitiano Raoul Peck ha denominado “asistencia mortal”. Para resumir, Haití no fue “reconstruida mejor” con los 16.000 millones de USD de ayudas tras el terremoto de 2010, como había prometido alegremente el enviado especial de la ONU Bill Clinton.

Mucha gente, incluidos académicos, periodistas y movimientos sociales haitianos, ha evaluado las lecciones aprendidas de las repercusiones de la ayuda humanitaria. Entre ellas se encuentran:

1) Apoyar las iniciativas encabezadas por grupos e individuos haitianos.

2) Si ofrecemos una aportación a una organización extranjera, exigir que publique sus decisiones y relaciones con las organizaciones locales.

3) Solidaridad, no caridad.

4) Abordar las causas fundamentales, incluidas las políticas neoliberales que han aplicado nuestros gobiernos.

5) Exigir que en nuestra ayuda haya una participación real de las organizaciones locales, no solo en la realización de las tareas sino en la definición de las prioridades y la identificación de cómo se van a llevar a cabo las labores.

6) Reforzar la capacidad humana, asegurándose de que esta vez se compartan los conocimientos con una masa crítica de actores haitianos que pueden y deben ser los que tomen decisiones.

7) Vincular las ayudas humanitarias al desarrollo (no al antiguo modelo neoliberal fallido) y a la prevención de desastres.

Asimismo, el 7 de octubre, el Movimiento Patriótico Democrático Popular (MPDP, por sus siglas en criollo haitiano) publicó una declaración en la que aseguraba: “El gobierno y las autoridades locales no deben tolerar ni permitir que ninguna organización internacional, multilateral, bilateral o no gubernamental se salte a la torera la autoridad del Estado o de las organizaciones locales para coordinar y gestionar en su lugar. Sí, el país necesita ayuda y solidaridad para superar esta situación empeorada por el huracán Matthew. ¡Pero ese no es un motivo para aceptar a cualquiera que utilice este pretexto con el objetivo de reforzar aún más la ocupación y la dominación!”.

Algunos están pidiendo a las organizaciones internacionales que prometan hacerlo mejor esta vez, cumpliendo con los nuevos estándares mínimos. Además, parece que se está creando un consenso sobre la importancia de apoyar las iniciativas locales.

Las iniciativas emprendidas por haitianos pueden marcar la diferencia si cuentan con los recursos adecuados. Chenet Jean-Baptise, director de ITECA, con sede en Gressier (el epicentro del terremoto de 2010), visitó las más de 800 viviendas que se han construido desde entonces. Tan solo una de ellas tenía daños en el tejado. Desgraciadamente, no se puede decir lo mismo de los albergues de emergencia que levantaron las ONG internacionales.

Esta historia va para largo. Resulta importante recordar que en las narrativas de catástrofes, así como en las acciones que éstas inspiran, el pueblo y las instituciones haitianas deben quedar enmarcadas como elementos fundamentales de este proceso.

 

Esta es una versión actualizada de un artículo que se publicó por primera vez en Common Dreams.