Jeanne Devos: la voz de las trabajadoras del hogar indias

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Considerada como una molestia cuando creó el National Domestic Workers Movement (NDWM), la hermana Jeanne Devos, una belga comprometida en la India desde hace más de 30 años, ha conseguido transformar a fondo la situación de los trabajadores y trabajadoras del hogar indios. El movimiento empezó en 1985, con pequeños grupos en el estado de Tamil Nadu. Hoy en día estos trabajadores en la sombra tienen una identidad, ciertos derechos y pueden contar con un grupo solidario.


¿Por qué decidió usted defender los derechos de las trabajadoras del hogar en la India?

Fue al principio de los años 1980.

Yo tenía ya cierta experiencia como activista en la India y me entraron ganas de trabajar con mujeres explotadas. Hablé con trabajadoras del sector doméstico y con sus empleadores, y la verdad es que me quedé muy sorprendida.

Las trabajadoras me explicaron que vivían en una cárcel, que dormían al lado de los cubos de basura, que sólo comían los restos; mientras que los empleadores se vanagloriaban de ofrecerles un tejado, algo de comer y el derecho a ver su televisión.

Según ellos estas mujeres eran afortunadas y, a los ojos de la sociedad, tenían que estar agradecidas. Esta diferencia tan grande de puntos de vista me impresionó.

Pensé: “Estas trabajadoras no tienen voz para hacerse escuchar”, y entonces decidí ayudarles a expresarse.

¿Cómo definiría usted la misión que está llevando a cabo?

Rápidamente nuestro movimiento, compuesto básicamente de trabajadores, se fijó tres objetivos.

El primero era devolverles su dignidad. En la India, esta profesión es una de las únicas que pueden ejercerse sin tener estudios. Uno la hace porque no tiene otra opción, para sobrevivir. Además, la mayoría de las trabajadoras del hogar se han implantado una especie de deshumanización debido al trato que a menudo reciben.

El segundo objetivo es proporcionarles derechos porque, cuando comenzamos, no tenían ninguno.

Y por último, el tercero es dar más poder a los trabajadores, organizando cursos de formación, haciéndoles comprender sus derechos y defenderlos. Este objetivo se ha convertido en nuestra meta principal; está vinculado a los otros dos.

Apenas varios años después de la creación del movimiento, contábamos con 12.000 grupos repartidos en toda la India y que hablaban 28 idiomas. Así es como nos dimos cuenta, a través de testimonios, que muchos niños trabajaban como empleados del hogar.

También comprendimos que muchos trabajadores habían sido comprados por sus empleadores, es decir que había un problema de trata de personas. Por último nos dimos cuenta de que los medios de comunicación se negaban a abordar este tema porque su público no estaba interesado.

Estas tres problemáticas se convirtieron en nuestros tres principales temas de campaña.


¿Qué dificultades tuvieron a la hora de establecer su movimiento?

Al principio me veían como alguien que molestaba y algunos empleadores amenazaban a sus trabajadoras del hogar con el despido si asistían a nuestras reuniones.

No obstante, si materializaban sus amenazas, nosotros teníamos otros empleos para proponerles. Teníamos nuestros propios trucos para responder a este tipo de ataques.

Algunos patrones también me llamaban para decirme: “¿Cómo voy a pagarle lo que usted me pide? Yo no tengo los medios.” Y también recibí amenazas de muerte.

Es sobre todo la mafia la que está detrás de todo esto.

Cada vez que se lleva un caso a los tribunales, tenemos que tener cuidado. En algunas situaciones nos hemos visto obligados a abandonar.

El poder del dinero a veces puede más – como en el caso de aquel campeón de badminton denunciado por haber abusado de una niña y que fue absuelto.

Le preguntamos a la niña si quería seguir luchando y nos respondió: “No, que si seguimos le darán más dinero a mi padre para emborracharse”.

 

¿Las mentalidades han evolucionado desde el principio de su lucha? ¿La opinión pública toma conciencia de su responsabilidad?

Sí, nuestra lucha ha tenido un impacto considerable en la población. Un día, una niña de nueve años fue asesinada y sus empleadores dijeron que se había suicidado.

Una joven, vecina de ellos, que forma parte de nuestro movimiento, sabía lo que había pasado realmente. Hacia las cinco de la mañana, hora en que las mujeres se van a trabajar, la joven salió y les dijo: “Hoy no iremos a trabajar porque una de nosotras ha sido asesinada”.

Una hora más tarde 5.000 mujeres se manifestaban en la calle. Fue tan increíble que algunos empleadores se pusieron a cocinar para estas mujeres en lugar de ir a trabajar.

Esta historia atrajo la atención de los medios de comunicación y yo tuve la oportunidad de participar en una emisión en la que el presentador hace una pregunta y el público responde.

La primera pregunta fue: “¿Somos responsables de un niño que trabaja en una casa?”. El 90% de la gente respondió “no”. Entonces me entrevistaron y les dije: “Las reglas pueden cambiar. La vida es más importante que la cerradura de una puerta. Si un niño es asesinado detrás de una puerta cerrada, todo es cuestión de abrir la puerta”.

Después de mi intervención los resultados cambiaron y el 70% de la gente dijo sentirse responsable. Después de esto, se votó un proyecto de ley con el fin de prohibir que los niños y niñas trabajen en el sector doméstico. Es algo que se sigue dando en los pueblos apartados, pero en las grandes ciudades una gran parte de la opinión pública vela por que eso no vuelva a suceder.


¿Su movimiento, y hoy en día el sindicato presente en diez estados, tienen realmente el poder para mejorar las condiciones de trabajo de los trabajadores del hogar?

Los trabajadores del hogar son una categoría de trabajadores muy delicada.

Por ejemplo, en 2010, el Ministerio para la protección de mujeres y niños propuso un proyecto de ley contra los abusos sexuales en el lugar de trabajo, que cubría absolutamente todas las categorías de trabajadores salvo la del sector doméstico. Nosotros luchamos, y un año y medio más tarde estas trabajadoras fueron incluidas en el proyecto de ley.

Nuestro próximo desafío es lograr que se ratifique el Convenio 189 de la OIT. Eso va a llevar tiempo, porque los empleadores y una serie de leyes de la India se oponen al mismo.

Sin embargo el debate está abierto. Además, gracias a nuestra lucha, los Gobiernos de determinados estados han empezado a poner en práctica los principios del Convenio.

En estos momentos hemos conseguido la garantía de un salario mínimo en diez estados, un día de descanso semanal en tres estados, un sistema de seguridad social en siete estados, etc. Por primera vez, las trabajadoras del hogar comienzan a ser reconocidas por los Gobiernos.