La cruzada de las futbolistas brasileñas para elevar su profesión

La cruzada de las futbolistas brasileñas para elevar su profesión

Jugadoras del equipo brasileño de fútbol femenino enfrentándose a la selección china, en las Olimpiadas de Río de Janeiro, el 3 de agosto de 2016.

(AP/Leo Correa)
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La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) vivió un auténtico motín hace apenas unas semanas. Tras años de reivindicaciones silenciadas, varias jugadoras profesionales de fútbol, de nivel internacional, reclaman un cambio en sus condiciones laborales y poder participar en las decisiones que les conciernen. Decisiones que se adoptan en las instancias de la todopoderosa CBF.

“Ya ni me escuchaban. Me tomaban siempre por la pelma que hablaba demasiado”. Mirando a cámara, vestida con ropa deportiva, Cristiane Roseira de Souza Silva, conocida como Cristiane, anuncia con lágrimas en los ojos su retirada, a los 32 años, de la selección nacional brasileña, en un vídeo difundido en línea el 27 de septiembre pasado.

“Es la decisión más difícil que he tenido que tomar en mis 17 años de carrera, pero me retiro porque no tengo fuerzas para aguantar más. No nos escuchan. Tenemos muchas ideas, ideas positivas que podrían cambiar las cosas”, se lamenta Cristiane, una de las estrellas de este deporte y capitana de la Seleção femenina.

A su marcha siguió la de otras cuatro compañeras, que dieron portazo al equipo nacional esa misma semana.

La revuelta comenzó tras el despido a mediados de septiembre de la entrenadora Emily Lima —la primera mujer en ocupar este puesto y la primera en ostentar un cargo de importancia en las estructuras del fútbol femenino—.

Su nombramiento, a finales de 2016, suscitó muchas esperanzas de cambio. Las jugadoras se tomaron muy mal su despido, después de sólo diez meses en activo, porque habían expresado su deseo de que la entrenadora continuara hasta finalizar su contrato de dos años.

“Es la primera vez en treinta años que las jugadoras alzan la voz. Veinticuatro jugadoras han firmado una petición de apoyo a la entrenadora en la que expresan su confianza en su trabajo y piden que se le dé tiempo; pero los dirigentes no las han escuchado”, explica Silvana Gollner, profesora en la Universidad de Río Grande del Sur, especialista en Sociología del Deporte Femenino.

“La dimisión de las cinco jugadoras ha restado credibilidad al coordinador del fútbol femenino, Marco Aurélio Cunha, quien minimizó las razones ligándolas a la gestión del equipo. Fue necesario decir: ¡Basta ya!”.

El 6 de octubre, las jugadoras “veteranas” de la Seleção, publicaron una carta abierta, difundida ampliamente en los medios de comunicación, que pone de manifiesto que el profundo descontento y la frustración superan la esfera del equipo nacional.

Discriminación en todos los escalafones

El asunto que está haciendo tambalear al mundo del fútbol brasileño no se limita a un simple desacuerdo sobre la estrategia o la gestión adecuadas. La movilización es “el resultado de una larga historia de puertas cerradas”, como dicen las signatarias de la carta y apunta sobre todo a las desigualdades de trato que padecen las mujeres en la Confederación.

“La cultura machista de la CBF es una barrera infranqueable para las mujeres”, escribe Marcia Tafarel, jugadora de la selección “auriverde” en los años noventa. A pesar de que el fútbol es el deporte más popular en Brasil, la ley prohibió a las mujeres practicarlo durante cerca de cuarenta años.

“El fútbol femenino profesional algo novedoso sencillamente porque las mujeres tenían prohibido practicarlo libremente hasta finales de los años setenta”, recuerda Silvana Gollner.

Hoy, unas 400.000 mujeres juegan al fútbol, pero sólo 5.000 lo practican profesionalmente (frente a los 2,1 millones de hombres inscritos en clubes profesionales o semiprofesionales).

Sólo dos equipos del campeonato nacional femenino ofrecen contratos de trabajo a las jugadoras. En la mayoría de los casos, las mujeres no pueden vivir de su carrera deportiva y tienen un empleo adicional, para garantizarse unos ingresos.

“Las medidas que estamos adoptando están motivadas por el deseo de que todas las mujeres y las niñas que sigan nuestros pasos puedan llegar más lejos que nosotras, dentro y fuera del campo”.

Porque, además de que nadie escucha a las jugadoras, ni a las mujeres del equipo técnico, las mujeres están ausentes de los órganos decisorios de la CBF.
No hay ni una sola mujer en el Consejo de Administración o en las asambleas decisorias (a pesar de ser una de las recomendaciones de la FIFA).

“Nosotras, las jugadoras, invertimos años de nuestra vida y toda nuestra energía en construir ese equipo […] pero nos excluyen de los puestos de liderazgo y de la toma de decisiones relativas a nuestro propio equipo y a nuestro deporte”.

Peor aún, el fútbol femenino ni siquiera dispone de un departamento específico, como los que existen para el marketing, las competiciones o los patrocinadores… En mayo de 2016 se decidió crear dicho departamento, a raíz de una Comisión de Reforma de la Confederación.

“Ha pasado un año y medio y no se ha movido un dedo porque no existe una verdadera voluntad política”, explica Silvana Gollner, que acompaña a las jugadoras en calidad de consejera.

“Hay que pasar de las palabras a los hechos y, a partir de ahora, vamos a estar mucho más pendientes de que así sea”.

Además, denuncian la falta de oportunidades. A pesar de que se forman y obtienen los certificados que las capacitan como técnicas, jamás les proponen ocupar este tipo de puestos. Reclaman más inversiones para mejorar la cantera, es decir, apoyar a los equipos femeninos locales y los campeonatos específicos, para hacer emerger futuras generaciones y, tal vez, nuevas campeonas.

“Después de publicarse la carta, gracias a su impacto mediático, los dirigentes de la CBF propusieron por fin una reunión, que tuvo lugar diez días más tarde. Era la primera vez que teníamos la impresión de que nos iban a escuchar” explica Silvana Gollner, que estuvo presente.

“Durante las dos horas y media que nos reunimos con el presidente Marco Polo del Nero, junto a otros cinco directivos, mantuvimos un auténtico diálogo. No se lo esperaban, pero llevamos una lista de reivindicaciones. Queremos plantear propuestas y ver si la CBF puede ponerlas en marcha”.

Próximamente están previstas nuevas reuniones. “Hay que acabar con la gestión discontinua, a través de acciones puntuales. Necesitamos un enfoque sistemático”, analiza Silvana Gollner.

Las brasileñas también se inspiran en federaciones nacionales de otros países. Hay un gran número de atletas que juegan en Estados Unidos y en Europa, por ejemplo, y que les sirven de inspiración.

No pierden de vista, entre otras, las iniciativas adoptadas por la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL), que exige a los clubs —que deseen participar en la Copa de Libertadores— la creación de un equipo femenino.

Para Silvana Gollner, “este tipo de iniciativas positivas puede también lograr un cambio. Lo que necesitamos es voluntad política para que las cosas evolucionen”.

Este artículo ha sido traducido del francés.