¿La desatanización del FN? Una cuestión de comunicación

La única hipótesis de los analistas políticos y de los candidatos es la siguiente: Marine Le Pen será una de los dos candidatos presentes en la segunda vuelta de la elección presidencial francesa que se celebrará el 7 de mayo. Una tras otra, las encuestas la sitúan infaliblemente entre los dos candidatos finalistas.

Un sondeo realizado por BVA Salesforce, difundido el sábado 8 de abril, atribuye a la candidata del Frente Nacional (FN) el 23% de los votos, a la par del candidato de En Marche !, Emmanuel Macron.

Este éxito no es obra del azar. Desde que tomó las riendas del partido en enero de 2011, Marine Le Pen ha tratado concienzudamente de profesionalizar la organización y pulir meticulosamente su imagen. Es la hora de la tan comentada “desatanización” del partido.

Ella no puede permitirse de ningún modo repetir el fracaso de su padre, Jean-Marie Le Pen, cuando llegó a la segunda ronda en 2002 y no fue capaz de ampliar su electorado para derrotar a Jacques Chirac al obtener solamente el 17,79% de los votos.

Esta “limpia” se realiza a través de una labor de comunicación que no deja nada al azar. Los dirigentes del FN rechazan el calificativo de “ultraderecha” y prefieren denominarse “patriotas”.

No hay que buscar el símbolo del FN, la llama tricolor. Ahora se hace más discreto y ha sido sustituido en los carteles de propaganda por una rosa azul, el logotipo de la actual campaña.

El nombre de “Le Pen”, que tiene demasiadas connotaciones, también ha desaparecido, ya que recuerda los patinazos del padre, el “megalito” Jean-Marie Le Pen, fundador del partido, para quien las cámaras de gas son un “detalle de la historia de la Segunda Guerra Mundial”. En los carteles de campaña solo se suman al lema “En nombre del pueblo” dos palabras: “Marine presidenta”.

Expulsado del Frente Nacional en agosto de 2015, Jean-Marie Le Pen de todos modos dio el espaldarazo a su hija.

Los mítines de campaña tampoco dejan absolutamente nada al azar. Las cámaras no deben poder captar imágenes que revelen la conexión entre este FN renovado y los partidarios de una ultraderecha radical. No se admiten los “cabezas rapadas” ni todo aquel que lleve señas ostentosas de pertenencia a una identidad o pensamiento nacionalista.

Fiel a sus reiteradas denuncias de las élites y de los medios de comunicación, Marine Le Pen prohíbe la cobertura de sus encuentros a algunos periodistas, entre los que se encuentran los de Mediapart o de Quotidien, la emisión de Yann Barthès en TMC.

Una fachada de “respetabilidad”

En los programas de radio o televisión, los portavoces de la campaña no suelen desviarse de la línea “marinista”. En este primer círculo de respetabilidad ante los medios de comunicación se encuentra en primera línea el vicepresidente del FN, Florian Philippot. Este egresado de la ENA, la escuela que forma a los futuros altos cargos de la administración pública, soberanista, que se presenta a sí mismo como “gaullista”, es la viva imagen de lo que desea transmitir la dirigente ultraderechista.

Otro hombre de confianza de Marine Le Pen es Jean-Lin Lacapelle, secretario nacional de las federaciones y la implantación. Este personaje, cuya misión consiste en “profesionalizar” los equipos del Frente Nacional, es apodado eufemísticamente “el limpiador”. Es él quien evalúa los posibles candidatos a las elecciones legislativas, descarta a los que considera demasiado cerca de Jean-Marie Le Pen, o a las organizaciones de la ultraderecha radical.

La apuesta es enorme: el partido quiere presentar 577 candidatos a las elecciones parlamentarias, cuando solo cuenta actualmente con dos diputados. La Agence France Presse (AFP) calculó, el pasado mes de septiembre, que el 28% de los concejales del FN elegidos en marzo de 2014 había renunciado.

En un hotel próximo al aeropuerto, Jean-Lin Lacapelle vino a Marignane (Bouches-du-Rhône) este 5 de abril para oficializar su candidatura al Parlamento en una circunscripción que tiene posibilidades de ganar.

Tras presentar un programa “patriota” ante algunos periodistas, el secretario, que llevaba una corbata precisamente azul marino para la ocasión, recordó su misión: “Cuando el barco cabecea es preciso contar con un equipo sólido”, justificando así a todos aquellos que ha dejado de lado,. “Sarkozy se ha rodeado de sarkozystas, Fillon de fillonistas, Marine, de marinistas”, añadió.

Con regularidad el partido aparta a las “ovejas negras”. A mediados de marzo, el consejero regional y líder del FN de Niza, Benoît Loeuillet, fue suspendido por las declaraciones negacionistas que expresa en un documental difundido en la televisión francesa.

“Qué solución tan fácil”, exclama el politólogo director del Observatorio del radicalismo político (Fundación Jean-Jaurès) Jean-Yves Camus, el FN “descubre de repente su librería [Nota del editor: donde se encuentran los libros revisionistas] cuando esta existe desde hace diez años. El partido lo había cooptado porque aportaba una base”, explica.

El control de los militantes consiste esencialmente en el control de su comunicación. Encuestas como la de Mediapart demuestran que antiguos integrantes del Groupe Union Défense (GUD), un movimiento estudiantil de extrema derecha partidario de métodos violentos, gira en torno a Marine Le Pen.

Su amigo desde hace veinticinco años, Frédéric Chatillon, antiguo dirigente del GUD, altamente sospechoso de antisemitismo y jefe de la agencia de comunicación Riwal, es empleado asalariado del Frente Nacional en calidad de “coordinador técnico de la impresión y la Web”, como reveló el semanario satírico francés Le Canard enchaîné este 22 de marzo.

A juicio del historiador y politólogo especializado en la derecha radical, Stéphane François, otro movimiento de la ultraderecha radical, los Identitaires, ha conseguido “con éxito” imponer sus ideas a la diputada Marion Marechal-Le Pen, sobrina de Marine Le Pen.

Estos movimientos sostienen las teorías del “gran reemplazo” o de la “remigración” (retorno forzado de los migrantes a su país de origen) y defienden una identidad local más que nacional, a diferencia del FN.

Esta es la línea de Philippe Vardon, antiguo dirigente de una organización identitaria de Niza: Nissa Rebela. Finalmente investido consejero regional de la Provence-Alpes-Côte-d’Azur, bajo la etiqueta del FN, hace campaña a favor de la candidata ultraderechista. Este hombre corpulento fue condenado en 2016 por su participación en una riña que se produjo en Fréjus. En Niza organizaba la distribución de sopa de cerdo a los indigentes a fin de excluir a los musulmanes.

Un programa renovado, pero siempre nacionalista

El FN versión Marine Le Pen ha hecho evolucionar algunos aspectos del programa. El liberalismo económico “que era un punto doctrinal importante para Jean-Marie Le Pen”, como lo recuerda Stéphane François, ha sido dejado de lado.

Es así como Marine Le Pen ofrece la jubilación a los 60 años, retirar la ley “Trabajo” o un “plan de reindustrialización”... lo que le ha permitido ganarse el voto de los trabajadores.

No quiere decir que haya una transferencia de votos entre el Partido Comunista y el Frente Nacional, comenta el sociólogo especialista del FN, Sylvain Crépon: “Siempre ha habido, desde la década de los años 1930, una base de trabajadores. Es una pequeña clase media, que posee vivienda propia y tiene miedo a perder sus bienes”.

Este discurso social es particularmente importante en esta campaña en la medida en que permite oponerse al pro-europeo Emmanuel Macron o al candidato de la derecha, François Fillon, que desea suprimir 500.000 puestos de funcionarios.

Otro sector de la población en la mira del FN, y que Jean-Marie Le Pen desdeñaba, son los funcionarios. De acuerdo con un estudio del Centro de investigaciones políticas de Ciencias Políticas (Cevipof), uno de cada cuatro funcionarios de hospital podría votar FN en 2017.

El FN también atrae a un electorado católico presente sobre todo en el oeste de Francia y al que aglutina la oposición contra el matrimonio entre personas del mismo sexo. Aun cuando Marine Le Pen ha afirmado, a diferencia de 2012, que el reembolso del aborto no sería puesto en cuestión, Marion Maréchal-Le Pen, más cercana a este electorado, se opone a esta idea.

La candidata también atrae a las mujeres. “En 2012, durante la anterior campaña presidencial, por primera vez hombres y mujeres votaron en número equivalente por el Frente Nacional”, señala Sylvain Crépon. Abogada, divorciada, la candidata transmite una imagen más acorde con la sociedad actual, lo que también atrae a un electorado más joven.

En todo caso, este Frente Nacional no pone en tela de juicio, por lo menos abiertamente, “el ideal republicano, la igualdad entre hombres y mujeres, ni la memoria de la resistencia”, resume Sylvain Crépon, sin por ello alejarse de su tema predilecto, hilo conductor de su programa: la defensa de la identidad nacional.

El partido preconiza el cierre de las fronteras, la supresión del derecho del suelo, rechaza la inmigración y el multiculturalismo. El 13 de marzo, la candidata declaró que “algunos migrantes y sus hijos están en guerra contra Francia”.

Los atentados y la amenaza terrorista le dan excusa suficiente para dar la imagen de una Francia en la que ella quiere “restaurar el orden”, tal como repite una y otra vez haciéndose eco de sus carteles de campaña. Una Francia donde la prioridad nacional estaría inscrita en la Constitución, trátese de una vivienda social o de un empleo.

La “desatanización” de fachada emprendida por Marine Le Pen no desea que estas posiciones “antisistema” desaparezcan del partido. Aun cuando el FN busca captar nuevos electores procedentes de la derecha tradicional, desea conservar su base tradicional de votantes. De alinearse demasiado, acabarían por no diferenciarse de los demás partidos de derecha.

Ejercer este acto de equilibrista resulta difícil. El 9 de abril, Marine Le Pen afirmó que “Francia no es responsable de Vél d’Hiv”, la redada de 13.000 judíos llevada a cabo por la policía francesa por decisión del régimen colaboracionista de Vichy, los 16 y 17 de julio de 1942. Todo un patinazo.

La comunicación no puede controlarlo todo.

This story has been translated from French.