La escasez de dinero en efectivo que paraliza Zimbabwe

La escasez de dinero en efectivo que paraliza Zimbabwe

In an ever-worsening cash shortage, a currency trader holds a placard with samples of old Zimbabwean dollar notes she is willing to buy with United States dollars on the streets of Harare in October 2016. Since December, new bond notes and coins have failed to solve the currency crisis.

(AP/Tsvangirayi Mukwazhi)

Para David Kadiki, funcionario jubilado de 83 años residente de Old Mabvuku, un municipio al este de la capital Harare, cada día de paga se torna en ineludible pesadilla. Se jubiló en 1998, recibe una pensión mensual de apenas 80 dólares USD y tiene que pasar al menos dos noches durmiendo frente al banco para poder cobrar sus exiguos ingresos.

“Tengo que salir de casa el día antes a medianoche para estar en la fila antes de que sea demasiado larga y después de conseguir una tarjeta con mi número. Me junto a muchos otros que dormimos sobre la acera hasta que abra el banco”, declara a Equal Times.

“Cuando el banco finalmente abre, a veces tenemos que pasar el día entero haciendo fila, esperando que el dinero en efectivo llegue del banco central, el Reserve Bank of Zimbabwe. En ocasiones nos comunican a última hora de la tarde que no habrá dinero ese día y nos vamos a casa, para volver de nuevo esa misma noche”, añade.

Kadiki no es el único en esta situación, puesto que millones de zimbabuenses en todo el país pasan horas y horas tratando de acceder a un dinero duramente ganado, conforme empeora la crisis de efectivo en este país del sur de África, antaño considerado como el granero del continente africano.

Kadiki tiene una cuenta en la Central Africa Building Society (CABS), la principal sociedad de crédito hipotecario de Zimbabwe, propiedad de Old Mutual Zimbabwe Limited. Afirma que cuando finalmente llega dinero, solo los titulares de las cuentas pueden retirar 20 USD, y en ocasiones en moneda-bono.

Las monedas y billetes bonos, una divisa alternativa introducida por el banco central de Zimbabwe en diciembre, no han conseguido resolver la situación, terminando por desaparecer del sistema bancario formal.

La utilización de tarjetas de crédito y débito tampoco han servido para superar la crisis, ya que los comercios son reacios a adoptar el sistema de pago por tarjeta, prefiriendo las transacciones en efectivo. Se ha introducido incluso un sistema dual de precios para los artículos según se pague en efectivo o con tarjeta, con lo que pagar con tarjeta llega a costar hasta un 20% más.

En algunos casos, los comerciantes ni siquiera disponen de cajas registradoras, a pesar de una directiva del banco central exigiendo su instalación como requisito previo para poder operar.

Problema político

El analista financiero John Robertson señaló a este medio que, aunque la crisis de liquidez puede atribuirse a unos niveles de productividad bajos, aquella está profundamente enraizada en las políticas del país.

“Esta crisis tiene su origen en la política, aunque se ha vuelto económica. No hay indicios de que la escasez de efectivo vaya a resolverse en breve, teniendo en cuenta que no podemos obtener créditos, y debido a la falta de estabilidad”, indicó.

Robertson añade que el nivel de producción del país es muy bajo, de ahí la ausencia de exportaciones significativas y la distorsión de precios imperante.

Otro economista, Prosper Chitambara, piensa que la falta de efectivo en Zimbabwe es el resultado de la crisis económica estructural que atraviesa el país, donde el grueso de la actividad económica se encuentra actualmente en el sector informal.

“Esto implica que la mayor parte del dinero en efectivo del país circula de momento en la economía informal. La gente ha perdido la confianza en el sector económico formal y prefiere guardar su dinero en casa a ponerlo en el banco, al no haber ningún incentivo a tener una cuenta bancaria”, constata Chitambara.

El también economista Gift Mugano se hace también eco de las opiniones de Chitambara, señalando que tan solo el 2 por ciento del dinero que circula en el país está en los bancos, mientras que los sistemas de liquidación bruta en tiempo real (SLBTR, un sistema para las transferencias interbancarias de alto valor) representan apenas un 30 por ciento.

Mugano explica que los bonos del Tesoro emitidos por el Gobierno, la elevada deuda pública y el ínfimo presupuesto nacional han contribuido a la situación que atraviesa actualmente Zimbabwe, añadiendo que el Gobierno ha requisado la mayor parte del dinero en circulación.

“Tenemos un presupuesto de 4.000 millones de USD en un contexto en el que los depósitos totales en los bancos ascienden a 6.000 millones de USD; de ahí que el Gobierno esté limitando el acceso de la población al dinero en efectivo. El Gobierno ha sacado todo el dinero para cubrir salarios y pagar a los bancos”, afirma.

Añade que el bajo nivel de exportaciones de Zimbabwe ha supuesto que el país tenga que desembolsar en total 30.000 millones de USD en importaciones, desde la dolarización en 2009, a lo que hay que sumar la salida de puestos de trabajo.

Mugano cree que el Instrumento Normativo 64, un mecanismo introducido por el Gobierno en junio de 2016 para prohibir la importación de ciertos bienes a fin de proteger la industria local, no ha tenido los resultados esperados.

“Zimbabwe importa alrededor de 10.000 productos de uso cotidiano, y el IN 64 únicamente cubre 43, así que el impacto no resulta significativo”, indica Mugano.

“Además está el problema del contrabando. La gente se dedica a vender productos que han entrado al país ilegalmente, al no haberse creado empleos alternativos”, asevera.

Según Mugano, el Gobierno debería emprender serias reformas para fomentar la inversión extranjera directa y recortar los gastos.

Kipson Gundani, analista económico local, opina que la gente ha perdido la confianza en el sector financiero tras la hiperinflación de 2008, mientras que las tasas de interés negativas en los bancos de Zimbabwe alejan a los depositantes.

“Sospecho que la mayoría de la gente está retirando su dinero en efectivo, puesto que hay una desconfianza histórica en el Gobierno tras la era hiperinflacionaria de 2007-2008”, indica a Equal Times.

“Se necesitan reformas institucionales significativas para reganar esa confianza”.