La igualdad, la carrera más larga para las atletas de África Oriental

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La veterana Agnes Kiprop no tiene medallas olímpicas ni récords a su nombre. No es una atleta del montón, pero tampoco una plusmarquista mundial. Los trofeos conseguidos a lo largo de su carrera como fondista adornan una de las mejores viviendas de Iten, en el oeste de Kenia.

Y en estas latitudes, una casa así solo se la puede permitir alguien a quien le van bien las cosas. No obstante, tras el éxito deportivo y económico, otra meta por cruzar, la igualdad de género, queda bastante más lejos.

Kiprop es alta, de piernas largas y rápidas. No se explaya al hablar, pero cuando lo hace, procede con confianza y de manera casi lapidaria.

“El dinero era mío, pero él quería decidir cómo invertirlo –explica, en referencia a su expareja, a quien jamás cita por su nombre–. Él no quería comprar una huerta en Iten. Quería gastarse el dinero en un todoterreno y otros lujos, así que le dije que no, que me quedaría sola con mis hijos y que ya veríamos más adelante”.

El divorcio es un hecho poco frecuente en la Kenia rural, pero la estabilidad económica que le ha procurado el atletismo a la fondista le permite criar a sus hijos sola.

A renglón seguido, argumenta: “Si yo soy quien paga la casa, las facturas, el colegio de los niños... y, mientras, alguien está borracho...”, deja caer. “Te enfrentas a mucho estrés cuando estás entrenando y durante el día. Así que decidí quedarme sola con mis hijos”.

El laureado entrenador italiano Renato Canova, a cargo de algunos de los corredores más exitosos del planeta, explica este fenómeno: “En los últimos años, las mujeres atletas han crecido mucho a nivel técnico y esto les ha permitido ganar dinero, y ser ellas, en muchos casos, el sostén económico de la familia”.

Tras dos décadas viajando a la zona por trabajo, ha sido testigo de excepción de los cambios en la estructura familiar tradicional. “En algunas familias, el marido era un corredor del montón, y cuando la mujer le ha superado –detalla Canova–, él ha seguido pensando que tenía su papel (como cabeza de familia)”.

Es decir: el hombre decidía cómo gastar el dinero independientemente de quién lo ganara. Y algunas mujeres lo aceptaron al principio. “Pero después han ido ganando confianza en sí mismas y han querido participar en la toma de decisiones.

Conocemos casos en los que, cuando el marido ha insistido (en ese rol tradicional), la mujer ha cogido las cosas de él y se las ha puesto fuera de casa”, señala el preparador.

 

Cambio de mentalidad entre los hombres

Hay otros maridos que no, que han visto que los roles tradicionales de género no tienen ningún sentido, y que la cooperación familiar es clave. Lo ha descubierto poco a poco el marido de Caroline Chepkwony, compañera de entrenamientos de Kiprop.

“Acabamos de tener nuestro segundo hijo, una niña, y él trabaja muy duro para nosotros”, relata Chepkwony a Equal Times. Todavía de baja y en periodo de lactancia, la corredora quiere centrarse ahora en la maternidad, pero en unos meses sabe que tendrá que volver a calzarse las zapatillas (porque así lo quiere ella también).

“Mi marido está deseando que vuelva a correr”, afirma. La razón es sencilla: el dinero que obtiene con las carreras está muy por encima de cualquier sueldo decente de la Kenia rural. Las decenas de miles de dólares/euros que una maratón de mediana importancia le reporta equivalen a años de trabajo en un país en el que el salario medio ronda los 250 euros al mes (unos 280 USD), y el mínimo, dependiendo de las profesiones, se sitúa en torno a los 100 euros.

James Ebenyo, que ejerce de liebre en el grupo de entrenamientos de Agnes y Caroline, es otro de los que asegura ver los cambios derivados de esta “revolución” en la comunidad, lo que le ha llevado, asegura, a adaptar su papel dentro de su propia familia.

Con un incentivo económico tan evidente no es de extrañar que las mujeres busquen seguir la estela de los fondistas varones, primeros en saborear el éxito en esta disciplina. Salir de la pobreza es una gran motivación para lograrlo y, las ramificaciones (imprevistas), son, día a día, más evidentes.

“Cuando viajas al extranjero para competir, tu mente cambia”, resume la plusmarquista mundial de media maratón, Florence Kiplagat, pupila de Renato Canova.

Kiplagat ha ganado carreras por todo el mundo y ha visto cuál era el rol de la mujer en las distintas sociedades visitadas. Ha visto a mujeres correr completamente cubiertas y a mujeres independientes dueñas de sus propias vidas. Ha visto a hombres compartir las cargas del hogar y a hombres sin ocupación y ninguna intención de ser productivos. Variedad ésta última abundante en Iten, meca del atletismo keniano.

“Cuando vuelves a casa, le cuentas esas historias a tus amigos y a tu familia, y también les haces cambiar”, agrega la fondista. Ella misma ha optado por no soportar cargas innecesarias y se ha divorciado en dos ocasiones. Gracias a su salario puede criar, sin ayuda de terceros, a sus dos hijas.

 

Iten, a la vanguardia de la transformación

El éxito de las corredoras de esta zona, sumado al de los varones, le ha valido a Iten la reputación de cuna del atletismo en Kenia (una de las superpotencias mundiales en la pista).

Su emplazamiento, a 2.400 metros sobre el nivel del mar, así como otras explicaciones relacionadas con la dieta local y el entorno socioeconómico del lugar (la necesidad de correr varias horas hasta el colegio –por la escasez de centros, si bien ahora menos que antes–, las ganas de una vida mejor...), han tenido como consecuencia el alumbramiento de grandes corredores, desde Abel Kirui y David Rudisha a las hermanas Kibet.

Y este éxito ha servido de imán para el turismo deportivo: corredores de todo el mundo viajan allí a entrenar, con las consecuencias evidentes. En los últimos ocho años se han edificado nuevos hoteles, abierto gimnasios, bares y campamentos de entrenamiento... Pero también negocios locales de los cuales, las mujeres de la zona, habituadas al entorno doméstico, ahora son clientas o emprendedoras.

Una de ellas es la peluquera Nancy Chepkoge, a quien acude Florence Kiplagat cuando necesita un nuevo look. Su salón de belleza es una precaria barraca de madera a unos pocos centenares de metros de la casa de la atleta. La estilista tiene un hijo, al que saca adelante ella sola con su pequeña empresa.

Afortunadamente, las atletas de la zona buscan sus servicios a menudo, por lo que puede ganarse la vida de manera digna. Y así las ganancias que genera el atletismo se reparten entre la población local. Iten es un oasis, una excepción en el mapa de Kenia.

Pero antes del éxito de Kiprop, de Kiplagat, de Chepkwony y de muchas otras, hubo una mujer que tuvo que allanarles el terreno. Fue la etíope Derartu Tulu, una inspiración para las corredoras del país vecino, donde un fenómeno de emancipación gracias al atletismo, similar al de Iten, también comienza a darse.

Derartu fue la primera mujer africana negra en colgarse una medalla de oro olímpica. Aquello sucedió en la final de 10.000 metros lisos de Barcelona 92 y la colocó en una posición de privilegio para arengar a sus compañeras a salir adelante, a intentarlo en cualquiera de los ámbitos de sus vidas.

“Después de que Derartu ganara en los JJOO de Barcelona, todas las mujeres empezaron a creer en la posibilidad de convertirse en alguien conocido, de ganar algo... en cualquier disciplina, incluido el atletismo”. El autor de estas palabras es quizá el corredor más laureado de la historia, Haile Gebrselassie.

Para Haile, el rol de la mujer en la sociedad es fundamental y opina que ejemplos como el de su compatriota han motivado a miles de mujeres a superarse. Él mismo lo experimenta en sus exitosas empresas: “El 55% de mis 1.200 empleados son mujeres. Por eso me va tan bien en mis negocios. Te lo aseguro”, afirma.

Derartu Tulu, ahora una conocida empresaria, es consciente del salto cualitativo que ha supuesto para muchas mujeres y jóvenes el atletismo. De las oportunidades que les ha brindado y de los derechos que se empiezan a conquistar. Pero no se engaña: “Todavía hay historias tristes sobre mujeres y creo que hay margen de mejora en el futuro”.

This article has been translated from Spanish.