La lucha contra el racismo cotidiano en Bélgica

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La noche del 25 de marzo de 2015, a unos 40 kilómetros de Bruselas, la capital de Europa, 210 manifestantes pacíficos fueron detenidos por intentar llevar a cabo una concentración frente al Ayuntamiento de Amberes, en Bélgica.

Los manifestantes protestaban contra los que consideraban comentarios inaceptables y racistas sobre el tema de la integración, la radicalización y el racismo por parte del alcalde de la ciudad, Bart De Wever.

Hablando de la comunidad marroquí de Bélgica, específicamente la bereber, De Wever hizo comentarios que, además de relativizar el racismo, afirmaban esencialmente que los prejuicios y la discriminación de que eran víctimas los marroquíes era su propia obra.

Las personas de ascendencia marroquí integran el cuarto mayor grupo de inmigrantes en Bélgica (después de las personas de origen italiano, francés y neerlandés), pero padecen los más altos niveles de desempleo, figuran en forma desproporcionada en los índices de criminalidad del país, tienen los niveles más bajos de educación y visiblemente se concentran en varias formas de exclusión social.

Esta situación, según la lógica de De Wever, se debe a su “falta” de integración. Una “falta" que se debe a la migración de “puertas abiertas” y la posterior ausencia de una enérgica política de integración.

“El racismo, o rechazo, viene de alguna parte”, afirmó este lunes en el conocido programa flamenco de actualidades Terzake (Al grano).

En respuesta a una pregunta sobre la relación entre racismo y radicalización [Bélgica tiene el mayor número de combatientes extranjeros en Siria per cápita], De Wever aclaró sus comentarios anteriores respecto al vínculo entre el racismo y la radicalización de los jóvenes belgas musulmanes.

“[El racismo] por sí mismo no tiene nada que ver con el radicalismo. Solamente sirve para que los radicales incondicionales, los plenamente convencidos, recluten más jóvenes jugando con los sentimientos de rechazo”.

Los manifestantes, encabezados por Dyab Abou Jahjah, escritor belgo-libanés y activista del grupo de derechos civiles Movimiento X, exigieron a De Wever disculparse o dimitir.

Como respuesta fueron rodeados por policías armados, metidos en autobuses de la policía y luego multados con 250 euros por reunión ilegal.

 

Comentarios peligrosos

Como líder de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA), De Wever es el político más popular de Bélgica en términos numéricos, pese a que solamente pueden votar por él las personas de la zona flamenca del país.

Sin embargo, cuando habla, son millones de belgas de habla neerlandesa quienes lo escuchan, lo cual hace que sus comentarios sean tan peligrosos.

De Wever rechaza las acusaciones que lo tachan de racista porque no cree en la inferioridad biológica de los marroquíes. A su juicio, el problema es cultural y de comportamiento.

De Wever y sus seguidores parecen creer que el racismo ha de abordarse señalando la percepción del comportamiento delictivo y antisocial de esta comunidad y obligándola a aprender neerlandés, a “liberar” a sus mujeres del velo, es decir, a través de su total asimilación.

Sin embargo, hay cientos de miles de belgas de primera, segunda, tercera e incluso cuarta generación que le dirían lo contrario.

Puede usted hablar todo el francés y el neerlandés que quiera; seguirá siendo discriminado por el color de su piel o el sonido de su apellido.

En el Día Internacional contra el Racismo, el sábado anterior, Bleri Lleshi, filósofo y activista político residente en Bruselas, hizo un llamamiento a compartir experiencias personales en #DailyRacism a través de Twitter y Facebook.

La respuesta ha sido enorme, tanto en volumen como en su contenido.

Miles de personas respondieron relatando su historia, como la de un estudiante cuyo profesor obligó a escribir una carta de disculpa inmediatamente después del 9/11.

O el de aquel que, a los 10 años de edad, la maestra le dijo durante una clase de modales en la mesa: “Esto no te concierne. Tú nunca irás a un restaurante”.

Como profesora universitaria, nacida y criada en Bélgica, que ahora vive y trabaja en el Reino Unido, a menudo resulta difícil explicar la muy particular y virulenta cepa de racismo que existe en este país, y en Flandes, en particular.

Están los incidentes insignificantes, degradantes y ridículos que, con demasiada frecuencia, las personas se niegan a reconocer como racismo: la tradición anual del Zwarte Piet [el Negro Pete]; Barack y Michelle Obama retratados mediante PhotoShop con cara de monos en un importante diario “progresista”; nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, Didier Reynders, en los titulares internacionales con la cara pintada de negro.

Sin embargo, lo más importante es que el racismo también se manifiesta en la abismal pobreza “racializada”, en las cifras de desempleo y en las estadísticas de educación y vivienda, las peores de Europa.

Por último, tanto como consecuencia y causa de su perpetuación, puede verse en nuestros inflexiblemente monocromos y monoculturales centros de poder.

De la política a los medios de comunicación, o en el sector privado, los belgas no blancos están casi totalmente ausentes de los cargos de poder.

Durante demasiado tiempo, la reflexión dedicada a esta ausencia ha sido escasa.

Hoy en día, empieza a hablarse de cuotas y acciones afirmativas, pero el debate sigue siendo difícil y doloroso.

No estoy segura de cuánto tiempo vaya a durar el tema del racismo como noticia de primera plana en Bélgica y, por supuesto, se necesitará más de un “hashtag” para resolver un problema profundamente arraigado en el corazón mismo del tejido social de este país.

Sin embargo, por lo menos, ahora es más difícil negar su existencia.

Los debates actuales se deben a los infatigables esfuerzos de aquellos que, por décadas, han mantenido vivo el difícil discurso contra el racismo.

Con la amplificación del mensaje a través de los medios sociales y el número en aumento de minorías que levantan su voz contra el racismo con confianza y derecho, solamente puedo esperar que a largo plazo sea imposible seguir pasando por alto la urgencia de la lucha contra la discriminación racial.

 

Una versión completa de este artículo fue publicada originalmente en el blog de Olivia Rutazibwa.

Este artículo fue actualizado y adaptado por Equal Times con permiso de la autora.

Este artículo ha sido traducido del inglés.