La lucha por el agua entre una cementera y lugareños senegaleses deja a éstos sin gota

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Aminata Ba ha vivido las seis décadas de su vida en un pueblo senegalés, hasta ahora. Recuerda con tristeza la época antes de que una nueva fábrica de cemento empezara a bombear agua de los pozos, forzando a los habitantes –y al pueblo– a trasladarse.

“Allí vivíamos en paz y había mucho espacio”, cuenta a Equal Times esta mujer de 67 años, madre de cinco hijos. “Los animales estaban al aire libre. Ahora es como estar en una cárcel”.

Ba es una de las decenas de miles de personas que se han visto afectadas por la lucha por las reservas de agua entre una planta industrial de cemento y los campesinos y pastores locales –un ejemplo patente de desarrollo insostenible en un país famoso por su migración neta–.

“La vida ahora es muy dura”, dice Oumy Ba, de 55 años, madre de seis hijos, y también una de las 400 personas que se han visto recientemente obligadas a abandonar su pueblo de origen, Galane, situado a unos 40 kilómetros al este de Dakar, la capital de Senegal.

“Trasladaron el pueblo entero. No es algo fácil de aceptar”, explica Oumy. “Aquella era la tierra de nuestros antepasados, pero nos han echado de allí. Ahora vivimos en un sitio nuevo, donde la tierra está seca y no hay abrevaderos para nuestros animales”.

La fábrica de cemento propiedad del grupo industrial Dangote Group, con sede en Nigeria, apodado “el rey del cemento de África”, inició su actividad en 2014, a las afueras de Pout, una pequeña ciudad próxima a Galane. Desde entonces, los activistas locales denuncian que la fábrica ha estado bombeando cerca de 4.500 metros cúbicos de agua al día para refrigerar el sistema eléctrico a base de carbón que alimenta la planta.

En decenas de pueblos situados en la periferia de la fábrica no sólo se han secado los pozos, sino que los animales ya no tienen donde deambular en busca de pasto y están metidos en corrales. La mayor parte del agua subterránea restante se ha salinizado debido a las filtraciones de agua salada procedentes del océano cercano, al tiempo que la capa freática continúa disminuyendo. El agua de los pozos ya no puede utilizarse para beber ni para la agricultura.

“Dangote llegó aquí y optó por utilizar una de las peores tecnologías”, dice Gnagna Sy, director de la asociación de activistas defensores del medio ambiente y los derechos humanos Citoyens Vigilants. “Optaron por una tecnología que les exige bombear más de 1,5 millones de metros cúbicos de agua al año, en un país donde sus habitantes no tienen suficiente acceso al agua. ¿Se imaginan?”, explica a Equal Times.

“Y para nosotros esto es un crimen. Cuando la gente no puede acceder al agua, la industria no debería utilizar los recursos, ya de por sí limitados, para fines industriales, para fabricar cemento. Esto para nosotros no tiene sentido”, añade.

Las otras dos principales plantas industriales de la región utilizan un método de “operaciones de proceso en seco” para alimentar sus fábricas, que, si bien resulta más caro, es también menos nocivo. Dependen fundamentalmente del fueloil y el gasoil, no del carbón.

 

Una reubicación desacertada

El pueblo de Galane estaba inicialmente situado a pocos metros de la fábrica. Además de la disminución de los niveles de agua, el ruido y la contaminación eran también problemáticos.

Para reducir parte de los efectos negativos, el pasado mes de abril Dangote propuso trasladar el pueblo. Se construyeron 44 complejos habitacionales, junto con una mezquita, una unidad de maternidad, un centro médico y una escuela primaria, aproximadamente a dos kilómetros de distancia.

Las nuevas casas están hechas de cemento. Están amuebladas y tienen dos dormitorios, un salón y una cocina. Pero en la mayoría de ellas se alojan en estos momentos diez personas o más, y el espacio es demasiado reducido. La escuela y el centro médico todavía no han abierto. Aún puede verse a diario el humo que se eleva desde la fábrica. A veces la tierra retumba por la noche, dicen los habitantes.

Y aunque las casas disponen de electricidad y agua potable, esto supone un gasto añadido –y prohibitivo– para las familias, que prefieren el agua gratuita de los pozos y a quienes no les importa utilizar velas.

El terreno al que fue desplazado el pueblo de Galane está rodeado por todas partes de explotaciones agrícolas, lo que supone un reto adicional. Los conflictos entre pastores y campesinos han ido en aumento estos últimos meses. Al menos cuatro habitantes de Galane han terminado en la cárcel debido a que sus animales se comieron las cosechas de los campesinos y les resultaba imposible pagar por los daños ocasionados.

“Los animales a veces se escapan y tienen hambre”, dice Abouta Ba, un ganadero de 40 años procedente de Galane. “Se comen las cosechas de los campesinos. Cada día es una batalla. Cuando los animales salen de los corrales para deambular, siempre hay problemas. Pero ellos simplemente tienen hambre”.

“Antes el forraje era gratuito. Ahora tenemos que comprar pienso en el mercado porque no hay ningún sitio donde puedan ir a pastar de forma natural”, explica Ba a Equal Times. “Eso supone un gasto considerable. Pero si las vacas no pueden pastar y crecer, tendremos problemas. ¿De qué otra forma vamos a sobrevivir?”

El sustento de los animales no es el único problema. Las vacas beben aproximadamente dos cubetas de agua diarias por cabeza. Llenar una cubeta cuesta 25 CFA (4 centavos de USD, 3,6 céntimos de EUR). Hay personas que tienen un centenar de vacas, además de decenas de ovejas, cabras, burros y demás ganado. Darles de beber a todos con agua del grifo supone un gasto que en seguida se dispara.

Mamadou Sow, un ganadero de 18 años que ha criado animales desde su infancia, se lamenta:

“Ahora vivo con dificultades. Aquí no hay campos de pastoreo para el ganado; no hay pienso. Cada día tenemos alguna trifulca con los campesinos. Los animales quieren comer pasto, pero no quedan tierras para ellos. El agua es demasiado cara y nosotros no estamos acostumbrados a pagar por ella. Ahora tenemos que utilizar agua del grifo. Así que las cosas se están volviendo cada vez más difíciles”.

Sow dice que sus gastos han aumentado, mientras que sus vacas cada vez están más flacas, de modo que resulta complicado conseguir un buen precio por ellas en el mercado. Unas cuantas enfermaron y murieron.

En Mainko, un pueblo cercano, los lugareños se enfrentan a problemas similares. Durante la estación seca, muchos aldeanos solían trabajan las huertas para complementar sus ingresos. Aunque los pozos siguen estando a veces parcialmente llenos durante la estación lluviosa, el agua subterránea es demasiado salada para beber o para regar el huerto. Todos los días, las mujeres tienen que caminar por lo menos tres kilómetros hacia el interior para encontrar agua dulce.

“Desde la apertura de la fábrica, el nivel del agua no hace más que disminuir año tras año”, dice Moussa Sow, que en el pasado había cultivado un huerto. “Yo cultivaba de todo: tomates, cebollas, patatas... Pero ahora, para regar la tierra, se necesita una motobomba. La gente tiene la moral por los suelos. Dangote no hace nada al respecto. Por nadie. Prometieron cosas que no han hecho realidad”.

 

Llamamiento a la acción

Desde su apertura, una serie de defensores del medio ambiente y de los derechos humanos han tomado partido contra la fábrica de Dangote en Senegal.

“La capa freática tardará varias generaciones en reponerse”, afirma Sy. “Por eso nuestra asociación está tratando de hacer todo lo posible para proporcionar buena información a la gente y para ayudarles a luchar por sus derechos, porque el acceso al agua es un derecho básico. Todo el mundo tiene derecho al agua”.

Moussa Fall, secretario general de la asociación rural de agricultores de Notto (Association Rurale des Agricultures de Notto, ARAN), dice que está preocupado por el futuro del medio ambiente.

“La producción de cemento en Dangote está basada en motivaciones económicas”, explica. “A lo largo de los dos últimos años el nivel del agua ya se ha reducido considerablemente. Imagínese cómo será dentro de 10, 15 ó 20 años. ¿Qué sucederá entonces? La vegetación habrá desaparecido completamente. La tierra estará completamente seca”.

Abdoulaye Seck, un activista local, tiene opiniones parecidas. “Esta empresa está utilizando mucha agua y generando además mucha contaminación”, afirma.

“Es evidente que esto va a repercutir en la agricultura y en la ganadería, y también en el sector forestal. Por eso tenemos que tomar cartas en el asunto y tratar de salvar el futuro de los pequeños agricultores”.

Dangote no ha querido hacer ningún comentario con relación a todas estas alegaciones, y tampoco nos autorizó a entrar en la fábrica. Sin embargo, según su página web, el objetivo de sus operaciones es “enriquecer la vida de los africanos”. Entre otros proyectos de desarrollo, afirman que tienen pensado construir escuelas y viviendas, proporcionando al mismo tiempo becas y creando puestos de trabajo para los jóvenes, en los pueblos que se vean afectados por sus fábricas.

Algunas de estas promesas se han mantenido; otras, sin embargo, no. Los habitantes dicen que no se han contratado más que a 20 personas de los pueblos afectados y que apenas ocho jóvenes han recibido una formación técnica.

“Dangote nos dio el año pasado algunas ovejas para el Tabaski (Fiesta del Cordero), y eso mantuvo a la gente contenta”, dice Ba. “A veces reparten azúcar y otros condimentos. Sí, eso ayuda, pero ¿cuánto tiempo va a durar? Es generoso por su parte, pero en realidad no es más que un gesto simbólico”.

Según el Ministerio de Medio Ambiente de Senegal, la fábrica está cumpliendo actualmente todas las normativas.

“No hay ningún problema con la fábrica de Dangote”, ha dicho Aita Sarr Seck, encargada de la Unidad de Prevención y Control de la Contaminación, del Ministerio de Medio Ambiente.

“La fábrica de Dangote finalizó sus evaluaciones medioambientales, llevó a cabo un estudio medioambiental. Recibió un certificado de conformidad medioambiental”.

No obstante, Seck dice que, durante los próximos años, las operaciones de la empresa seguirán sujetas a un seguimiento para ver las posibles repercusiones que Dangote podría tener en el medio ambiente local.

“Si la gente se queja de que los pozos están vacíos, quiere decir que se está bombeando demasiada agua”, explica. “Ahora mismo la fábrica cumple todas las normativas. Pero lo vamos a verificar, porque si bombean demasiada agua eso significa que en los próximos años habrá escasez de agua en la zona”.

A pesar de los problemas que están teniendo, muchas personas siguen creyendo que la fábrica puede tener consecuencias positivas para Senegal –siempre y cuando las cosas se hagan respetando el medio ambiente–.

“No tenemos ningún problema con Dangote, ni con su fábrica, ni con el Gobierno”, dice Ba. “El Estado está ganando bastante dinero gracias a las exportaciones. Pero nosotros, los aldeanos, necesitamos unas condiciones más favorables para nuestros animales. Lo único que queremos es que la fábrica respete el pueblo y el medio ambiente”.

Todo el mundo espera que los cambios positivos no tarden en producirse.

“Cuando pienso en el pasado, me doy cuenta hasta qué punto he cambiado; yo era diferente a como usted me está viendo hoy”, dice Oumy. “Ahora me siento más cansada, menos segura en cuanto al futuro. Nosotros crecimos en un pueblo precioso, y ahora estamos aquí... No es lo mismo. Lo que deseamos de cara al futuro es que Dangote nos proporcione un lugar para vivir en el cual los animales puedan salir al exterior y pastar y beber como antes”.