La lucha por la tierra del pueblo mapuche

La lucha por la tierra del pueblo mapuche
View as Gallery

“A la negra la asesinaron por ser mujer, por ser madre, por ser mapuche y, sobre todo, por levantar la voz”. Rubén Collío se refiere a Macarena Valdés (32 años), la que fuera su compañera y madre de cuatro hijos. Macarena fue encontrada por su hijo Francisco cuando éste volvía de la escuela, ahorcada en la cocina de su casa. Entonces, en agosto de 2016, él tenía once años y su hermano menor, Antulen Wawentu, que había presenciado los hechos, tenía año y medio.

La Policía de Investigación de Chile determino que había sido un suicidio basándose en una autopsia realizada por uno de sus médicos forenses. Año y medio después, Rubén ha conseguido demostrar que Macarena no se suicidó, que ya estaba muerta cuando fue colgada, simulando su suicidio.

La violencia indiscriminada y las violaciones de derechos humanos son habituales en las regiones del Biobío y de La Araucanía. Estas son las regiones de Chile donde más comunidades mapuches habitan y es comúnmente conocida como la zona roja o zona de conflicto (donde choca el pueblo mapuche, que reclama la propiedad de tierras ancestrales –para preservarlas, y de paso preservar su estilo de vida–, y empresas agrícolas o forestales, que se benefician de la explotación de dichas tierras).

Para los mapuches, a este territorio que habitan lo llaman Wallmapu –en su lengua (el mapudungun)–; mientras que a sí mismos se identifican como mapuches o “gente de la tierra”. Según su cultura ancestral están conectados a la Ñukemapu (madre tierra), y coexisten con los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. Consideran a los bosques, los ríos o los animales, sus hermanos. Dialogan con el viento y dan gracias al Chau Ngenechen (padre protector o Dios) por los frutos obtenidos de la cosecha.

Los mapuches no tienen manuscritos sobre su cosmovisión ya que el mapudungun era una lengua ágrafa hasta hace cuarenta años. Su cultura y tradiciones han ido pasando de abuelos a nietos, de padres a hijos, mediante la palabra, en el trawun, reunión alrededor del fuego. Además de su lengua, tienen su propia medicina, arquitectura, música, vestuario y deporte. Su cultura es rica y siempre asociada a la naturaleza. Y para preservarla intentan evitar que el winka, persona no mapuche, sea conocedor de ella.

En el siglo XX, durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), muchos de los nativos abandonaron el medio rural por las ciudades ante la imposibilidad de encontrar sustento. No solo abandonaban sus raíces y modo de vida, sino que, por miedo al rechazo por el resto de la sociedad o de seguir siendo violentados, también cambiaban sus nombres y apellidos para no ser identificados como mapuches.

El principal pilar económico de Chile, heredado de la dictadura, está basado en la extracción masiva de recursos naturales. En las regiones del Biobío y de La Araucanía, las explotaciones pertenecen principalmente a la industria forestal e hidroeléctrica. Las empresas que realizan estas explotaciones cuentan con el apoyo y subvención del Estado.

Cuando algunas de estas empresas llegan a instalarse en el territorio donde habita una comunidad mapuche o en sus cercanías, surge el enfrentamiento ya que la negociación o el acercamiento de posturas suele ser inexistente o desfavorable para la parte más débil: la comunidad mapuche.

Estos desencuentros, además, suelen durar varios años llegando a enquistarse y endurecerse dramáticamente. Las fuerzas especiales de carabineros (GOPE) suelen intervenir violentamente en favor de las empresas, amedrentando a las comunidades mapuches, actuando indiscriminadamente contra mujeres o menores. Y la resolución por la fuerza suele ser silenciada, ya que las comunidades afectadas se encuentran en lugares de difícil acceso y sin una buena comunicación.

 

The grave of Macarena Valdés. Macarena, 32, was murdered on 22 August 2016, in the presence of her youngest son.

Photo: Alberto Barba Pardal

La muerte de Macarena ha sido uno de los episodios violentos que más ha conmovido a la comunidad mapuche. “La negra apareció muerta en extrañas circunstancias al día siguiente de recibir amenazas”, explica Rubén Collío refiriéndose a su compañera.

Dos años antes del suceso, la empresa de origen austriaco RP Global comenzó los trabajos de construcción de una microplanta hidroeléctrica en el sector de Tranguil, en la comuna de Panguipulli.

 

The Collío-Valdés family poses for a family portrait, leaving a space for Macarena Valdés.

Photo: Alberto Barba Pardal

Varias mujeres de la comunidad encabezaron las protestas contra la instalación de la central. Lideradas por Julia Quillempan, de 60 años, Macarena no tardo en sumarse a ellas. La empresa cometió varias irregularidades como ejecutar obras sin los permisos necesarios, transitar un camino privado y destrozar dos cementerios ancestrales al avanzar con sus obras.

Rubén, como portavoz de la comunidad e ingeniero medioambiental, denunció los hechos ante los organismos estatales competentes. Al pasar el tiempo y no recibir respuesta ni ayuda ante sus quejas, las mujeres, desesperadas ante los abusos, cortaron el camino, suspendiendo así el trabajo de la empresa por un día. Julia aún recuerda el grito de los operarios: “¡Os van a matar a todas!”.

 

A forestry truck loaded with logs as it passes through a Mapuche community.

Photo: Alberto Barba Pardal

“Desde ese momento no cesaron las amenazas, nos rondaban las casas por las noches, varias veces me encontré la puerta de mi casa forzada, las llamadas telefónicas eran casi diarias, nos amenazaban con quemar nuestras casas con nuestras familias dentro, tuve que cambiar mi número porque en alguna ocasión mi hijo atendía el teléfono y le decían que su madre iba a aparecer muerta”, relata Sandra, sobrina de Julia.

 

The Ralco dam, built in the Alto BioBío at the end of the 1990s and the ultimate point of conflict for the Mapuches, whose habitat it destroyed.

Photo: Alberto Barba Pardal

La familia Collío-Valdés también fue objeto de amenazas, como lo fue el resto de opositores a la central. “El día 21 de agosto, tres tipos en un vehículo rotulado con el nombre de la empresa van donde la dueña del predio en el que vivimos a amenazarla, a decirle que si no nos echa algo muy malo nos iba a ocurrir como familia. El día 22 de agosto mi señora aparece muerta en extrañas circunstancias. No había ninguna razón para que ella se quitara la vida”.

Rubén narra la tragedia y lo inexplicable del hecho: “la negra era una persona súper aguerrida, muy valiente, firme de carácter, súper fuerte. Entonces, que de repente, de la nada, ella decidiera quitarse la vida es algo muy extraño, que a nosotros no nos convencía y a nuestros vecinos tampoco, son situaciones que ya se vivieron en este sector en tiempos de dictadura”.

 

Gabriel Beroiza, ‘lonko’ (leader) of the Pehuenche community El Barco, walks near his house. Alto Biobío is where most Mapuche communities are trying to live in accordance with their philosophy.

Photo: Alberto Barba Pardal

La investigación de la PDI dio el caso por cerrado, dando por válida la autopsia del Servicio Médico Legal, afirmando la muerte como un suicidio por ahorcamiento. Desde un primer momento tanto Rubén, como la familia de Macarena no dudaron de que se trataba de un asesinato y solicitaron el informe forense. El médico Luis Ravanal al ver el estudio advirtió a Rubén de que el examen médico no se había realizado con total eficiencia y que lamentablemente no era la primera vez que llegaba a sus manos un informe pericial de dudoso rigor.

 

Gabriel Beroiza’s horse, outside his home, with a smart phone leaning against the window. The Mapuche have always been known for adapting to the environment around them without renouncing their culture.

Photo: Alberto Barba Pardal

Desde ese mismo instante Rubén buscó la manera de poder reunir el dinero necesario para poder realizar la exhumación del cadáver y una segunda autopsia de Macarena.

Con mucho esfuerzo y una red de apoyo formada desde asociaciones internacionales a favor de la causa mapuche, hasta conciertos benéficos a lo largo y ancho del país, consiguieron financiar el metaperitaje que se presentó el 9 de agosto de 2017 y que provocó que la fiscalía considerara reabrir el caso y permitir la posterior exhumación del cadáver y una segunda autopsia. El informe del médico forense Luis Ravanal no deja lugar a dudas: “No había signos que demostrasen que se tratase de un ahorcamiento en vida”.

 

A woman in traditional Mapuche dress prepares food during a Trawun (gathering around the fire) between several Mapuche communities.

Photo: Alberto Barba Pardal

Año y medio después de la muerte de Macarena Valdés se demostró el presagio de la familia: “no es nada nuevo para nosotros, ni para la comunidad, pero la verdad que es doloroso confirmar que existe tanta maldad. Para las mujeres de la comunidad fue un descanso y una alegría poder demostrar que no mentían”, afirma Rubén con tono resignado.

 

Firefighters try to put out a forest fire. The massive plantations of pine and eucalyptus have caused a water shortage, which, along with the high summer temperatures, adds to the number and the magnitude of the fires.

Photo: Alberto Barba Pardal

La muerte de Macarena se añade a la larga lista de este conflicto. A pesar del dolor, su viudo no lo duda: “hay que seguir su ejemplo. Por respeto hacia ella, nosotros tenemos que reponernos, tenemos que replantearnos y seguir peleando”.

This article has been translated from Spanish.