Los lisboetas en pie de guerra contra los desahucios y la imparable subida del alquiler en su casco antiguo

Los lisboetas en pie de guerra contra los desahucios y la imparable subida del alquiler en su casco antiguo

Children play in a patio in the historic Alfama district of Lisbon, where several residents have recently received eviction notices.

(Marina Watson Pelaez)

En el pintoresco distrito de Alfama en Lisboa, Carla da Cunha y su familia se preguntan dónde irán cuando finalmente les echen a la fuerza de su apartamento –posiblemente en septiembre– debido al avance imparable del aburguesamiento (o gentrificación).

“Es una pena”, dice la madre de dos niños, de 37 años, a Equal Times. “Mudarse a una nueva casa significa tener que empezar de cero. Intentaremos al menos encontrar un sitio en la misma zona para que los niños continúen en la misma escuela, pero es muy difícil encontrar algo que nos podamos costear”.

Carla y su marido hacen y venden productos artesanos en las ferias locales para mantenerse a sí mismos y a sus dos hijas, de 7 y 15 años. Viven en un edificio que se ha vendido a inversores que planifican convertir las viviendas en apartamentos de alquiler de corta duración, y hay otros miles de vecinos en la misma situación.

Según la Orden portuguesa de abogados, al menos 1.700 familias fueron desahuciadas en Lisboa el año pasado. Como consecuencia, miles de personas han firmado la petición Morar em Lisboa (Vivir en Lisboa), la cual solicita al gobierno que modifique la ley de alquileres para prever mecanismos destinados a desalentar la especulación inmobiliaria e introducir cuotas para alquileres más asequibles.

“Se acosa a los residentes para que salgan de sus hogares y se muden inquilinos más ricos” explica Maria Lurdes Pinheiro, presidenta de la Asociación de patrimonio y población de Alfama, que ha firmado la petición.

“La ley de alquileres urbanos no aporta ninguna estabilidad a las familias. El barrio de Alfama ha cambiado tan rápidamente en los últimos años que está perdiendo completamente su carácter”, dice del lugar en el que creció.

Alfama, que apareció en la película de 1994 de Wim Wenders titulada Lisbon Story, todavía parece un pueblo. Pero la zona, que constituye uno de los distritos más antiguos de Lisboa y el lugar en el que nació el fado, la querida música portuguesa, está ahora dominada por tiendas de recuerdos y turistas con palos para selfies montados en taxis tuk-tuk. La mayoría de los edificios, que hace unos años se estaban derrumbando, ahora están renovados y se alquilan durante períodos cortos.

Según Agustin Cocola Gant, un investigador del Centro de Estudios Geográficos de Lisboa, alquilar una vivienda en Lisboa es muy caro, no solo para las familias de renta baja, sino también para la clase media.

Según la consultora inmobiliaria CBRE, el alquiler medio de un apartamento en Lisboa ahora asciende a 830 euros al mes, lo cual es un 23% más elevado que hace un año. Otro estudio realizado por Confidencial Imobiliario muestra que el alquiler medio en 2012 ascendía a 566 euros.

“Esto se debe a la liberalización de los controles del alquiler que tuvo lugar en 2012. Pero también al aumento de los alquileres a través de Airbnb y el plan de visa oro del país para los inversores extranjeros [que les concede el derecho a residir en Lisboa si invierten al menos 500.000 euros en bienes inmuebles], así como la llegada de visitantes internacionales, estudiantes o profesionales jóvenes de Europa”, dice Cocola Gant.

El sector del turismo ha ayudado a sacar a Portugal de la recesión, ya que generó 12.600 millones de euros (14.800 millones de dólares USD) de ingresos en 2016 y empleó a unas 27.000 personas. Sin embargo, como indica Cocola Gant, “el turismo no es una solución a largo plazo”.

“En España, por ejemplo, las ciudades que dependen del turismo son algunas de las más pobres del país, como Benidorm”, explica. “El tipo de trabajo creado a través del turismo es precario y estacional. Estos trabajadores no pagan el tipo de impuestos que una economía sostenible necesita”.

Frenar el turismo

Lisboa no es la única ciudad que trata de ver cómo parar los efectos negativos del aburguesamiento y proporcionar viviendas asequibles; por ejemplo, el ayuntamiento de Berlín adoptó recientemente medidas para reforzar los controles del alquiler y redujo drásticamente el número de alquileres a través de Airbnb disponibles en la ciudad. Barcelona también ha adoptado medidas firmes para frenar el turismo, como la prohibición de construir nuevos hoteles en el centro de la ciudad y la limitación del número de camas que se ofrece en los hoteles y los alquileres de corta duración.

En Portugal se culpa en gran parte a la ley de alquileres de 2012 introducida por el anterior gobierno de centro-derecha del aumento de los alquiles y desahucios. La intención era renovar un mercado inmobiliario caracterizado por la congelación de alquileres en el que los inquilinos pagaban alquileres que se remontaban a la década de los noventa y en el que los propietarios tenían problemas para rescindir. Sin embargo, la nueva ley también supuso un aumento del alquiler para las personas más afectadas por la recesión y facilitó los desahucios.

“Si queremos intervenir de forma integral, es necesario introducir una política fiscal que anime a los propietarios a favorecer un alquiler de larga duración, en lugar de actividades como el alquiler de corta duración”, dice Paula Marques, una concejal municipal para vivienda y desarrollo local de Lisboa.

Otro incentivo, como sugiere Marques, es una política de restauración urbana “con un mecanismo de financiación adecuado para animar a los propietarios a renovar sus propiedades, manteniendo al mismo tiempo a sus inquilinos y aplicando alquileres asequibles, sin olvidar que algunos propietarios experimentan las mismas dificultades económicas que sus inquilinos”.

Según Marques, el ayuntamiento ha establecido la vivienda como una “prioridad” y la autoridad regional ha invertido más de 66 millones de euros (77 millones de dólares) durante los últimos tres años y medio en viviendas municipales, tanto para la restauración como para la construcción.

El ayuntamiento de Lisboa también ha introducido el Programa para la iniciativa de alquileres asequibles, que ofrecerá hasta 7.000 apartamentos en 15 barrios de la capital portuguesa por unos 250 a 450 euros (290 a 530 dólares) al mes para tratar de desarrollar la ciudad y atraer principalmente, a inquilinos jóvenes.

Además, existe otro programa puesto en marcha por el ayuntamiento destinado a salvar las tiendas tradicionales de Portugal. La iniciativa Lojas com Historia (tiendas con historia) concederá 250.000 euros (290.000 dólares) de ayuda social a 63 tiendas que quieran invertir en obras de conservación y restauración, o promover sus tiendas a través de actividades culturales.

Ley de alquileres modificada

El gobierno socialista actual del primer ministro António Costa modificó recientemente la ley de alquileres. Ahora tiene por objeto proteger a las familias de renta baja, las personas discapacitadas y los ancianos, ampliando un periodo de transición de cinco años para proteger a los inquilinos más pobres del mercado, liberalizado hasta 2020.

Sin embargo, el director de la Asociación de Lisboa de Propietarios (ALP), Luís Menezes Leitão, ha explicado que le preocupa que la modificación de la ley de alquileres o la prohibición de los alquileres de corta duración tenga consecuencias negativas para los propietarios.

“El movimiento ‘Vivir en Lisboa’ ha conseguido que se modifique la ley de alquileres, lo cual afectará negativamente a los propietarios”, dice Menezes Leitão. “Estas modificaciones causaron una gran desconfianza por parte de los propietarios, que dejaron de poner sus casas en el mercado del alquiler”.

Las modificaciones suplementarias de la ley “empeorarán la situación, lo que llevará a que cada vez más propietarios dejen de poner sus casas en el mercado, lo que aumenta todavía más los alquileres”, explica.

Luis Mendes, un experto del Instituto de Geografía y Planificación Territorial de la Universidad de Lisboa, reconoce que la decisión anterior de Portugal de liberalizar su mercado inmobiliario fue útil durante la peor parte de la recesión económica, pero advierte que el gobierno y el ayuntamiento deben intentar encontrar el equilibrio adecuado.

“La ciudad de Lisboa solía tener un gran número de edificios abandonados”, dice Mendes. “Solo nos superaba Atenas en número de edificios vacíos y se trataba de una gran oportunidad [para los inversores]”.

“La ciudad ahora está llena de vida y es dinámica, las calles son más bonitas y hay más empleo”, dice. “La parte negativa es que no estamos aprovechando al máximo esta oportunidad en lo que respecta a la justicia social y modelos de barrio. Corremos el riesgo de degradar el centro histórico de la ciudad y perder una oportunidad importante”.

El mayor temor de Mendes es que la regeneración urbana de Lisboa está “destrozando el tejido social de la ciudad. Las pastelerías y las carnicerías están dando paso a los restaurantes de hamburguesas gourmet”. Si Lisboa “termina como un dónut, con todo el mundo en los suburbios, será una ciudad muerta”.