La sociedad civil como tercera fuerza en Polonia: testimonio de una líder feminista

La sociedad civil como tercera fuerza en Polonia: testimonio de una líder feminista

A photo from a ‘Black Protest’ in the western Polish city of Szczecin on 3 October 2016. In 2016, tens of thousands of women went on strike and marched in cities across the country to protest against proposed legislation to restrict women’s reproductive rights. In Szczecin, 5,000 people dressed in black gathered on Solidarity Plaza to protest against the tightening of abortion laws.

(Maciej Soja)

Oleadas de protestas sin precedentes desde la caída del comunismo, junto con la formación de nuevos movimientos de resistencia, están desafiando en Polonia a un gobierno cada vez más autoritario. Sobran razones por las que protestar en lo que respecta a las políticas y posturas de Jarosław Kaczyński, líder del partido populista de derechas Ley y Justicia, a saber: la televisión pública, que a menudo sirve para hacer propaganda mal disimulada; los intentos para restringir los derechos de reproducción de la mujer; las reformas del sistema judicial que socavan la imparcialidad de los tribunales; y la catastrófica tala en el bosque virgen de Białowieża.

Bogna Czałczyńska es líder del movimiento para la defensa de los derechos de las mujeres de Polonia, además de trabajar como marina en el puerto de Szczecin. Es líder regional del movimiento social nacional Congress of Women, y preside la fundación Czas Dialogu (Tiempo de diálogo). Czałczyńska coordinó One Billion Rising en Polonia, en el marco de una campaña mundial para acabar con la violencia contra las mujeres, y organizó el grupo local de Facebook Dziewuchy Dziewuchom (Las niñas para las niñas) que cuenta con 5.000 miembros en Szczecin y con 100.000 miembros a escala nacional.

Czałczyńska habló con Equal Times sobre las perspectivas futuras para los grupos de la sociedad civil en Polonia, y sobre lo que se debería hacer para apoyarlos.

A pesar de las protestas, la mayoría de los ciudadanos de Polonia parecen estar a gusto con su Gobierno. Las encuestas reflejan un apoyo cada vez mayor a la actual Administración. ¿A qué se debe según usted?

Una de las razones es que las encuestas examinan aspectos determinados. Miden la satisfacción personal de la ciudadanía con el Gobierno actual, o el nivel de popularidad de tal o tal partido, pero nunca miden la popularidad de los movimientos sociales o de defensores de los derechos civiles, ni el apoyo público a los mismos. En otras palabras, no evalúan lo que podríamos denominar la “tercera fuerza”, es decir los diferentes movimientos que los ciudadanos y ciudadanas han formado en respuesta a las restricciones a su libertad. Uno de los ejemplos es el de las “Protestas Negras” contra las drásticas restricciones a los derechos de reproducción de las mujeres.

Aún así, los que votaron por este Gobierno nunca estarían interesados en esta “tercera fuerza”, en los movimientos ciudadanos, que por lo visto son cada vez más numerosos.

Bueno, no es ningún secreto que la popularidad del partido gobernante Ley y Justicia es resultado de una astuta estrategia por la cual ha logrado responder a las necesidades de muchas personas que habían sido ignoradas en el pasado, personas a las que los gobiernos anteriores no tuvieron en cuenta y dejaron de lado. Está claro que la gente no quiere vivir el día a día, sino que quiere una situación económica segura y sostenible. Pero sobre todo quieren respeto. Quieren vivir en un mundo ordenado y predecible. Quieren tener una sensación de dignidad. No quieren que se les ridiculice ni que se les menosprecie. Estas son las cuestiones que hay que abordar y que el Gobierno anterior ignoró por completo.

El partido Ley y Justicia está sacando provecho de esta necesidad de reconocimiento que tiene la ciudadanía. Como Estado, da la impresión de que estamos luchando contra el mundo entero, recurriendo al arquetipo de Polonia como mesías de las naciones, un guerrero solitario enfrentado al mal.

Además el Gobierno polaco se encuentra en una situación muy cómoda, porque la economía va muy bien, el crecimiento económico sigue aumentando y el desempleo ha disminuido visiblemente. En algunas regiones hemos empezado a observar incluso escasez de mano de obra, y mucha gente tiene la sensación –y con razón– de que las cosas le están yendo muy bien.

Si la situación económica es buena y tanta gente parece satisfecha, ¿siente usted a veces que su trabajo y sus protestas son en vano?

Evidentemente sería maravilloso que nuestras protestas tuvieran más repercusión, que la presión de la sociedad fuera capaz de obligar al Gobierno a cambiar las cosas, pero todo esto hay que hacerlo dentro de los límites de la ley. Lo que nosotros podemos hacer es provocar un cambio en la manera de pensar de la gente, un cambio en la actitud de las personas, y aquí es donde hemos tenido un éxito enorme. En un solo año, en el marco de una sola iniciativa de recopilación de firmas, se ha producido un aumento del 18% al 42% en el apoyo a la liberalización de la legislación sobre los derechos reproductivos de las mujeres. Así que ahora estamos manteniendo un debate muy abierto al respecto, a pesar de que nos han despojado del oxígeno de los medios de comunicación.

Es evidente que la oposición parlamentaria está fragmentada y debilitada. Tengo la impresión de que no se dan cuenta de que el mundo de los medios de comunicación públicos exclusivamente, el mundo en el cual la política se hace exclusivamente en los partidos políticos, se ha acabado. El mundo es ahora distinto y muchas personas parecen no darse cuenta de ello.

En su opinión, ¿qué es lo más importante que habría que hacer en el momento presente?

Yo creo que seguir promoviendo el establecimiento de redes, consolidar los vínculos entre los movimientos existentes, trabajar con las personas y concienciar al público es muy importante. Nos sentimos muy próximos a determinados movimientos, como por ejemplo el activismo ecológico y feminista, con el objetivo de que juntos podamos ofrecer una visión alternativa viable para el futuro.

Cada vez que lo pienso, me siento sumamente agradecida [al partido] Ley y Justicia y al presidente Kaczyński, de verdad. Si no fuera por todo lo que han hecho, jamás se habría producido esta aceleración, ni un aunamiento tan rápido de fuerzas entre los movimientos de mujeres [y] los movimientos cívicos, como el que estamos presenciando actualmente. Noto que está surgiendo una nueva ola de mujeres diferentes.

Suenan muy prometedoras sus reflexiones, pero ¿cuál podría ser el peor escenario en el futuro?

Para ver el daño no hace falta pensar en el futuro. Las personas han perdido la confianza en los demás. Hay una encuesta según la cual el 59% de los polacos piensan que mantener una conversación franca con otras personas sobre cuestiones políticas puede ser problemático, que lo que dicen podría ser utilizado por alguien en algún momento. Pequeñas cosas, como por ejemplo que la gente dude en decir que les gusta algo en Facebook... Todo eso hace que a las personas les resulte muy difícil trabajar juntas. El factor de la confianza, que es un elemento fundamental de la interacción humana, se ha visto gravemente debilitado en esta sociedad. Ley y Justicia sabe perfectamente como manejar la mezquindad de una manera muy eficaz y maliciosa. Han conseguido sacar lo peor de las personas, sus rasgos más odiosos y despreciables, lo cual es muy triste.

¿Qué debería hacer la Unión Europea?

Diferenciar claramente a las personas del Gobierno, y no castigar a la ciudadanía con recortes presupuestarios. Existe un discurso político, alimentado por el Gobierno, según el cual las naciones extranjeras nos quieren obligar a los polacos a hacer cosas que no queremos; y nosotros tenemos el poder para resistir, no vamos a permitirlo. Es un discurso de hostilidad hacia los demás, de protección de los valores cristianos contra la acechante perversidad extranjera. Por eso es imprescindible distinguir claramente al pueblo polaco del Gobierno de Ley y Justicia, que es un Gobierno de personas que mienten. Esa es la diferencia que tenemos que tener presente en todo momento.