Los recolectores de té indios se mueren de hambre

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La explotación de la mano de obra en la industria del té de la India se remonta a siglos atrás, pero las noticias de que casi 100 trabajadores del té de la región de Dooars, en Bengala Occidental, han muerto a lo largo de los 12 últimos meses, han hecho que toda la atención se focalice en las condiciones feudales en que estos empleados se ven obligados a trabajar.

La India es el segundo mayor productor de té del mundo, después de China, y la industria del té es el segundo mayor empleador de la India, después del sector ferroviario.

Existen diversas zonas de cultivo de té en el país, pero tanto los salarios como las condiciones laborales en las 300 plantaciones de té de Bengala Occidental son de los peores – una situación que se ve agravada por el reciente cierre de seis plantaciones que dejaron a casi 10.000 trabajadores sin empleo.

Aproximadamente 200.000 personas trabajan en las plantaciones de té de Bengala Occidental, ganando unos salarios de miseria que rondan las 95 rupias (1,50 USD) diarias.

Por ley, los empleadores deben complementar estos sueldos escandalosamente bajos con ayudas para vivienda, alimentación, educación y sanidad, pero cuando las plantaciones cierran, los trabajadores pierden todas estas prestaciones.

Los ex trabajadores suelen emigrar para encontrar trabajo en otra parte, convirtiéndose a menudo en víctimas del trabajo forzoso o de la trata de trabajadores.

Si no emigran, tratan de hacer lo que pueden para sobrevivir – razón por la que algunos ex trabajadores están muriéndose de hambre y enfermedades.

Consideremos, por ejemplo, la plantación Dekhlapara Tea Estate en el distrito de Darjeeling de Bengala Occidental.

Establecida en 1921, la plantación ha cerrado en dos ocasiones a lo largo de los 12 últimos años, después de que los trabajadores reclamaran mejores condiciones de vida y de trabajo.

La plantación cerró permanentemente en 2006, dejando sin trabajo a 603 de sus empleados fijos. La empresa tiene, además, deudas de aproximadamente 260.000 USD en concepto de atrasos salariales y jubilaciones.

En la plantación de té abandonada muchos “trabajadores fantasmas” siguen arrancando hojas de té verde, rodeados de edificios en ruinas, y venden el té a los agentes. Eso les permite ganar 35 rupias (0,57 USD) diarias.

Otros recogen y venden tierra o piedras de riberas cercanas o recogen leña de los bosques vecinos, lo cual les permite ganar alrededor de 40 rupias (0,65 USD) diarias.
Pero muchos no han conseguido encontrar la manera de sobrevivir.

Entre 2013 y 2014, en Dekhlapara, siete personas murieron de hambre, malnutrición y otras enfermedades provocadas por la pobreza.

El pasado mes de julio, un equipo de 12 miembros de la campaña Right to Food Campaign, junto con diversas ONG y sindicatos, emprendieron una misión de investigación en cinco plantaciones de té de Bengala Occidental —Bandapani, Dheklapara, Redbank, Surendranagar y Dharanipur.

Los resultados fueron concluyentes – y estremecedores.

“No todas estas muertes se debieron a inanición, sino que se debieron a causas relacionadas con el cierre de la plantación —hambre, malnutrición y enfermedad— y la incapacidad de poder recibir tratamiento médico debido a la pobreza”, explica Franklyn D’Souza, de la Federación Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA), que participó en la misión.

Durante su visita de cuatro días el grupo halló 12 recolectores de té gravemente desnutridos que necesitaban asistencia médica. Uno de ellos, Mukesh Goala, de 23 años, de la plantación de té de Bandapani, falleció.

 

Mala gestión y regulación t

Si el 30% del té de todo el mundo procede de la India, y Bengala Occidental es una de las regiones productoras de té más importantes del país, ¿por qué tantas grandes plantaciones, que producen cerca del 65% del té en India, han cerrado?

“La razón principal del cierre de las plantaciones de té de Bengala Occidental es la mala gestión”, afirma Ashok Ghosh, Secretario General del United Trade Union Congress, que organiza a los trabajadores del té de toda la región y que ha participado en las negociaciones relativas a los salarios en la industria del té.

“A diferencia de la situación que existe en Kerala y Tamil Nadu, en Bengala Occidental y en Assam las grandes plantaciones son terrenos del Gobierno que han sido alquilados. Los empleadores son muy ambiciosos a la hora de explotar la tierra y conseguir beneficios, y no dudan en restringir los derechos de los trabajadores y subyugarlos como esclavos”, añade.

La mayoría de las grandes plantaciones son propiedad de individuos que las gestionan como feudos personales. Si la venta de té deja de ser rentable, se pasan simplemente al negocio de la inmobiliaria. Como lo explicaba un director: “A diferencia de ciertos cereales, el té no tiene un precio mínimo. No hay garantías de un precio constante.”

J. John, experto en derechos humanos y miembro del Grupo de trabajo sobre el marco político para la mano de obra de las plantaciones, organizado por el Gobierno, reconoce la aparente contradicción de la industria.

“Por una parte tenemos que aumentar la producción de té en la India, pero por otra parte un creciente número de plantaciones de té han ido cerrando”, explica.

“La producción de los pequeños cultivadores de té [pequeños agricultores con granjas de entre 2 y 20 hectáreas] representa más del 30% del té que se produce en la India hoy en día. En este sentido, la producción de té de los pequeños agricultores ha contribuido al declive de las plantaciones de té.”

Sin embargo, John admite que hay otros elementos en juego.

“El factor subyacente es la separación en el conjunto del sector entre las actividades agrícolas, que producen hojas de té crudas, y la aplicación comercial del té procesado, porque el valor acumulado es excesivamente elevado en la última fase”, añade John.

“Entre otras cosas, los márgenes de beneficios en la fase comercial están protegidos gracias al mantenimiento de los precios bajos del té verde, por una parte, y a la reducción de la remuneración que se paga a los trabajadores, por otra. En consecuencia, los pequeños agricultores y los trabajadores se encuentran bajo la amenaza constante de la penuria.”

Y en ambos modelos, los sueldos siguen siendo exiguos.

“La pobreza extrema es endémica en las plantaciones de té, tanto si están cerradas como si no”, dice John.

 

Peor aún para las mujeres

Los trabajadores del té de todo el país tienden a alojarse en viviendas de una habitación que proporciona el empleador, aunque no siempre se les facilita el alojamiento. Las condiciones son en general “patéticas”, como lo expresa Ranajit Guha, Secretario General del All India Trade Union Congress, Bengala Occidental.

“Las casas mugrientas y destartaladas bastan para dejar patente el trato que los trabajadores reciben por parte de los directivos”, añade.

En Kerala la situación es parecida. Señalando los ruinosos muros de la casucha de una habitación que le ha proporcionado la empresa MMJ Plantations en Vagamon, en el distrito Idukki de Kerala, Pazhaniamma explica a Equal Times: “Esto es peor que una pocilga. Aquí nos alojamos seis personas. No se ha hecho jamás ninguna reparación y estamos seguros de que con el próximo monzón esto se derrumbará.”

No hay instalaciones sanitarias, lo cual es especialmente difícil – y peligroso – para las mujeres.

“Utilizamos los espacios abiertos para nuestras necesidades diarias, de manera que tenemos que ir temprano por la mañana o esperar a que anochezca”, cuenta Murugatha, una trabajadora del té de la misma plantación.

De hecho, las mujeres recolectoras de té, que representan aproximadamente el 53% de la mano de obra, tienen que afrontar diversos retos.

‘Número 2065’ es la manera de identificar a una recolectora de té en los documentos de trabajo para MMJ Plantations. Pero en casa, esta madre de tres niños se llama Rugmini.

Empezó a trabajar para la plantación cuando tenía nueve años. Durante 19 años fue trabajadora ocasional.

Ahora, como empleada fija, esta viuda de 49 años gana un salario diario de 216 rupias (3,5 USD), es decir más del doble del salario medio que se gana en Bengala Occidental.

Pero aún así, la vida de Rugmini es muy dura.

Tiene que empezar a trabajar a las 7h50 de la mañana, pero su jornada laboral de ocho horas empieza mucho antes con una serie de tareas del hogar, como ir a buscar agua, cocinar y limpiar.

La fiebre persistente, el dolor de espalda y la artritis son los síntomas habituales de los trabajadores. Las plantaciones operativas suelen tener algún tipo de instalaciones médicas, pero una vez que cierran, los ex trabajadores tienen que buscar un sistema sanitario privado.

“Si no tenemos ni para comer, ¿cómo vamos a estar pensando en ir a un hospital privado?”, pregunta un trabajador del té.

En términos de soluciones, el Gobierno indio puso hace poco en marcha un sistema de asistencia alimentaria y médica de emergencia para los trabajadores del té afectados.

Además en noviembre darán comienzo las negociaciones para un nuevo salario mínimo sectorial (el convenio existente venció en marzo).

Los sindicatos del té de la India reivindican un incremento salarial, pero no hay que olvidar que la mayoría de los propietarios de las plantaciones no respetan ni siquiera el salario mínimo.

Al asistir a una reunión de partes interesadas de la industria del té en Assam a principios de este mes, Nirmala Sitaraman, Ministro Estatal de Comercio e Industria, tuvo que solicitar que se recordara a los propietarios de las plantaciones que tienen la obligación legal de pagar el salario mínimo a los trabajadores del té – y que el valor financiero de los beneficios de los trabajadores no debería tenerse en cuenta.

En cualquier caso, va a hacer falta algo más que recomendaciones y promesas para garantizar un cambio verdadero para estos trabajadores vulnerables.

“En aproximadamente 40 plantaciones de Bengala Occidental hay alrededor de 31.000 personas que tienen trabajo pero que están experimentando muchas dificultades porque carecen de un salario en condiciones, de instalaciones médicas, de viviendas dignas y de agua potable”, comenta Chitta Dey, organizador del Coordination Committee of Tea Plantation Workers, un conglomerado de 23 sindicatos de trabajadores del té.

“La voz unida de los trabajadores, por medio de protestas masivas, es la única opción que nos queda”, dice.