Los sindicatos y la extrema derecha en Europa

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Las actuales consecuencias de la globalización se pueden comparar con las que produjo la industrialización del s. XIX, que provocó convulsiones socioeconómicas y políticas en toda Europa y afectó profundamente al entorno laboral.

El s. XX o “siglo de la socialdemocracia” ha sido sustituido por las políticas neoliberales, la intensificación de la desigualdad social, el desmantelamiento de las conquistas sociales, el aumento de la precariedad laboral y las altas tasas de desempleo (juvenil), lo cual provocará, en última instancia, pobreza entre las personas mayores.

Por tanto, la inseguridad, el descontento y el miedo van en aumento, especialmente en el mundo laboral. Asimismo está aumentando de forma espectacular el deseo de recibir una mayor protección ante la amenazas reales o supuestas, como la dependencia del mercado mundial, las burocracias europeas que todo lo dominan, la delincuencia y el terrorismo.

Este es un caldo de cultivo ideal para los sentimientos nacionalistas y racistas. Los sindicatos tienen que desempeñar un papel fundamental para abordar los asuntos a los que sacan partido los populistas de extrema derecha. Este es el tema de un nuevo informe de la fundación Friedrich-Ebert-Stiftung que aborda las causas profundas del resurgimiento de la extrema derecha y ofrece a los sindicatos posibles soluciones para resolver el asunto.

La política del miedo

Hace tiempo que el miedo a descender socialmente se ha extendido de las clases bajas a la clase media-baja y se agudiza aún más por la inmigración. En especial, la gente de ingresos bajos y con un nivel inferior de formación tiene miedo de perder sus puestos de trabajo, vivienda y nivel educativo a causa de los inmigrantes.

En este segmento social en especial se critica con frecuencia que los dirigentes políticos tienen muy poco en cuenta los problemas y la difícil situación de “los de abajo” y que el Estado no protege eficazmente a sus ciudadanos de los riesgos de la globalización.

Los miembros de la extrema derecha y las fuerzas nacionalistas conservadoras de toda Europa se están aprovechando de estas críticas para aportar una respuesta aparentemente viable para solucionar las supuestas amenazas y la convulsión social: el regreso a una nación-Estado soberana, autoritaria y étnicamente homogénea.

Las plataformas y la propaganda populista de estos partidos de extrema derecha son expertas en reflejar las preocupaciones y dificultades de la gente. Las amenazas reales o supuestas se interpretan de manera sesgada y luego se exageran espectacularmente. La demanda de soluciones nacionalistas y autoritarias tiene cada vez más eco en la sociedad.

Los asalariados en especial se cuentan entre los que consideran el nacionalismo y el etnocentrismo como un modo de resolver o mitigar sus problemas.

Y como la clase baja y media-baja están sindicalizadas por encima de la media, también los miembros de los sindicatos son susceptibles a incorporar las consignas etnonacionalistas.

El papel de los sindicatos

Por esta entre otras razones, sobre los sindicatos recae la especial responsabilidad de hacer frente a la extrema derecha, ya que estas fuerzas pretenden socavar su razón de ser debilitando su función como fuerza reguladora clave en las relaciones laborales y cuestionando su papel de representantes de los intereses de los empleados.

No deberíamos ignorar a los defensores de estas políticas antisindicales como si fueran gente ajena o chalada. Hay que tomárselos en serio como una amenaza muy grave para el orden social democrático y humanitario. Los sindicatos deben luchar contra ellos de un modo eficaz y constante.

En la práctica, los sindicatos deberían dar prioridad a dos ámbitos de actuación: el compromiso firme con los derechos humanos y la lucha por la justicia social y el sistema de protección social.

Entre las primeras recomendaciones urgentes, los sindicatos deberían reafirmar que son, ante todo, organizaciones que tienen como objetivo proteger los intereses de los trabajadores y, como tales, tienen que abordar los problemas económicos y sociales provocados por la modernización y la globalización. No hay que ceder a la extrema derecha la crítica del capitalismo y la globalización.

En este contexto hay que dejar claro que la justicia social y el sistema de protección social no se pueden lograr con medidas reaccionarias e inhumanas, como el aislamiento nacionalista o la exclusión racista, sino únicamente con políticas basadas en la solidaridad y la apertura que respeten los derechos humanos. Por tanto, los sindicatos también deberían considerarse a sí mismos defensores de dichos valores democráticos como una alternativa al nacionalismo y el racismo.

El compromiso de los sindicatos debería ampliarse a una gama más variada de objetivos mundiales como la democratización del Estado y la sociedad, la creación de unas condiciones de trabajo y vida justas y humanas y la aplicación de medidas específicas contra el etnonacionalismo, como:
− La participación en mesas redondas o redes sociales de base amplia contra las tendencias derechistas, como la Red Europea contra el Racismo (ENAR);
− La participación en actividades ciudadanas, por ejemplo contra las manifestaciones de la extrema derecha;
− La aplicación de medidas de relaciones públicas contra el etnonacionalismo (pósters, folletos, publicaciones, cartas abiertas, casetas de información, exposiciones) o de las respectivas campañas.

En su compromiso firme con los derechos humanos, los sindicatos pueden hacer referencia a la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. La Confederación Europea de Sindicatos (CES) también puede ofrecer su apoyo. Hoy en día, dicha organización está formada por 89 centrales sindicales nacionales de 39 países y cuenta con un total de más de 60 millones de miembros.

Al nivel del propio sindicato se pueden aplicar las siguientes medidas contra la discriminación racista, entre otras:
− La creación de comisiones mixtas para la migración, integración e igualdad, así como estructuras para tramitar quejas y reclamaciones;
− Procedimientos anónimos de solicitud;
− Reconocimiento de títulos extranjeros y logros académicos;
− Proporcionar información, asesoramiento y apoyo a los afectados por la discriminación;
− Eliminar pintadas racistas;
− Selección de candidatos para las elecciones de representantes de los trabajadores de acuerdo con el llamado “principio de cremallera” (es decir, usar cuotas y alternancia);
− Supresión de normas discriminatorias en los convenios colectivos y acuerdos de empresa;
− Revisión de ofertas de empleo en busca de lenguaje discriminatorio;
− Preparación de informes internos sobre la igualdad de oportunidades;
− Programas de formación y seminarios, así como técnicas especiales de debate para los miembros del sindicato, en especial para las personas más influyentes.