Mujeres trabajadoras en Pakistán: ¿una mano de obra invisible?

Afsheen Amed, de 27 años, trabaja en una fábrica de ropa deportiva en la ciudad de Sialkot, situada al noreste, en la provincia de Punjab en Pakistán.

Trabaja 10 horas diarias y apenas gana 4.500 rupias (46 USD) al mes.

“Somos más de 250 mujeres trabajando en la fábrica pero a ninguna se nos paga el mismo salario que reciben nuestros homólogos varones.”

Siguiendo la costumbre para las mujeres trabajadoras, ni Afsheen ni ninguna de sus compañeras disponen de una carta de nombramiento (un contrato).

“En la fábrica no tenemos baño ni cocina separados, cuanto menos un centro médico. No existe el concepto de licencia de maternidad en nuestra fábrica. Quedarse embaraza significa el despido.”

Afsheen dice que el acoso es frecuente pero que no existe ningún sitio adonde las trabajadoras puedan acudir para presentar sus quejas.

“Los sindicatos sólo escuchan a los hombres. No hay representación de las mujeres porque para afiliarse al sindicato es preciso tener una carta de nombramiento.”

Por desgracia, la situación en la fábrica de Afsheen no es única. No se disponen de estadísticas exactas sobre el número de trabajadoras que hay en Pakistán, pero a pesar de representar el 50% de la población del país, sus necesidades son rara vez atendidas.

 

Inspectores del trabajo

En un país donde las condiciones de trabajo son por lo general difíciles, las mujeres trabajadoras son las más afectadas.

La escasez de inspectores del trabajo en general, y la falta casi absoluta de inspectoras en particular, no ayuda.

Casi la mitad de los 180 millones de habitantes que constituyen la población de Pakistán viven en la provincia de Punjab, donde se ubican más de 48.000 unidades industriales.

Sin embargo no se dispone más que de 180 inspectores del trabajo para toda la provincia, y sólo dos de ellos son mujeres.

Afsheen dice que los inspectores del trabajo sí que vienen a la fábrica para hablar con los representantes sindicales acerca de los problemas que tienen las mujeres trabajadoras, pero los hombres trabajadores no consideran estas cuestiones importantes.

Por otra parte, las barreras culturales dificultan la posibilidad de que las mujeres trabajadoras puedan presentar quejas por sí mismas.

Shaheena Kausar, Secretaria General del Women Workers’ Union, piensa que hay una solución sencilla:

“El Gobierno debería formar a los inspectores del trabajo hombres para que puedan hablar independientemente con las mujeres y para que examinen determinadas cuestiones que atañen a las mujeres; o bien debería contratar a inspectoras del trabajo mujeres”, dice.

Las mujeres tienen que afrontar muchos problemas: “Más del 90% de las trabajadoras del país no tienen carta de nombramiento; reciben un sueldo equivalente a la mitad de lo que reciben sus homólogos varones, auque trabajen el mismo número de horas; y no están registradas en las redes de la seguridad social”, explica a Equal Times.

“Hasta nuestros sindicatos son sexistas. Por una parte, no permiten que las mujeres se afilien y, por otra, las mujeres tampoco se muestran dispuestas a participar en la política del sindicato.”

Pero además del problema de las inspecciones de trabajo que desoyen las cuestiones de género, las mujeres llegan a representar hasta el 65% de la mano de obra en el sector de la economía informal, donde no se llevan a cabo inspecciones de trabajo.

“El Gobierno tiene que ampliar la inspección del trabajo también al sector de la economía informal”, dice Kausar.

 

¿Cambio en el horizonte?

En 1953, Pakistan ratificó el Convenio núm. 81 de la Organización Internacional del Trabajo sobre la inspección del trabajo.

En virtud de este convenio, Pakistán tiene la obligación de educar e informar a los empleadores y a los trabajadores y trabajadoras acerca de sus derechos y obligaciones legales relativos a todos los aspectos de la protección en el trabajo y de la legislación laboral, así como asesorar a los empleadores y a los trabajadores/as para que cumplan con los requisitos establecidos por la ley, y permitir que los inspectores notifiquen problemas que no estén cubiertos por las leyes ni por las normativas.

Pero desgraciadamente esto no es lo que está sucediendo en la realidad – una situación que perjudica más que nada a las mujeres trabajadoras.

La falta de datos y de información impide que se comprendan las dimensiones de género del trabajo, lo cual da lugar a una falta total de perspectiva en las intervenciones de políticas y programas.

Pero las cosas están cambiando lentamente. Aunque la inspección del trabajo se ha considerado siempre un trabajo difícil y típicamente “masculino”, Tahir Manzoor Hotiana, empleado en el Ministerio de Trabajo de Punjab dice que se está haciendo todo lo posible para incorporar una inspección del trabajo basada en el género.

“Hemos desarrollado un Manual para la inspección del trabajo que tenga en cuenta la dimensión del género, con la ayuda e la OIT.

Este manual ayudará a los inspectores del trabajo a desempeñar sus funciones siguiendo unas buenas prácticas y teniendo en cuenta la dimensión del género.”

Dice que existen 70 leyes laborales y más de 100 normas que se han implementado en Pakistán.

“La mayoría de estas leyes son neutras en cuanto al género, de modo que enmendar todas estas leyes en función de las necesidades de género sería un proceso bastante largo.

Pero, tras numerosas consultas, hemos decidido que los procedimientos de la inspección deberán tener en cuenta la perspectiva de género.”

Por otra parte, el departamento tiene previsto contratar a otras cinco inspectoras del trabajo para finales de este año.

Se tiene que hacer más, pero esto es ya un primer paso en la buena dirección para las trabajadoras de Pakistán.