Necesitamos soluciones locales para la crisis mundial de la industria siderúrgica

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La industria siderúrgica británica está en crisis. 1.200 empleados perderán sus puestos de trabajo en tres acerías de la multinacional Tata Steel ubicadas en Scunthorpe, Motherwell y Cambuslang en Escocia. Asimismo, se han perdido ya 2.000 puestos de trabajo en la acería de SSI en la localidad de Redcar. Para más inri, Caparo Industries, una empresa de productos de acero con sede en el condado inglés de las West Midlands, también ha anunciado que se declarará en quiebra, lo cual afectará a otros 1.700 trabajadores.

Además de los puestos de trabajo que se pierden, también tendrá como consecuencia la destrucción del carácter de las comunidades basadas en la industria del acero. Escocia perderá los últimos reductos de su industria siderúrgica que ostenta una historia de 150 años. La localidad escocesa de Motherwell, ya diezmada por el cierre de la acería de Ravenscraig, perderá su último vínculo con la industria que la definió durante varias generaciones.

Mientras tanto, en Escocia se está construyendo un nuevo puente sobre el río Forth con acero chino, ya que ninguna empresa británica licitó para obtener el contrato de suministro.

Sin embargo, no solo el Reino Unido se ha visto afectado. En Estados Unidos, 9.000 trabajadores del sector siderúrgico perderán sus puestos de trabajo este año.

¿Qué está pasando?

En parte, todo se puede explicar mediante la globalización y el cambio que se ha producido en las economías de los países en vías de desarrollo, que han pasado de manufacturar a ofrecer servicios. Reino Unido no tiene tanta manufactura como en el pasado, lo que significa que el país ya no utiliza tanto acero.

A pesar de la gran demanda de acero que existe en el mundo, a Reino Unido le resulta difícil exportar sus excedentes de este metal debido a lo fuerte que está la libra esterlina. Es decir, el acero británico es caro para el mercado mundial.

Asimismo, la demanda de acero disminuye a medida que los países se van desarrollando, por lo que las centrales siderúrgicas son menos viables. Las economías desarrolladas son capaces de reciclar acero usando, por ejemplo, materiales procedentes de automóviles desguazados.

Sin embargo, este fenómeno no solo se explica mediante los avances tecnológicos y los graduales cambios en las economías. Los trabajadores siderúrgicos de todo el mundo están sintiendo la presión; no solo los de las economías desarrolladas.

La pérdida de empleos en Reino Unido y Estados Unidos es relativa si se compara con los 190.000 trabajadores que están amenazados en la industria siderúrgica sudafricana. 10.000 trabajadores perderán su empleo durante los próximos seis meses, pero muchos más están en riesgo debido a la posible quiebra de esta industria en Sudáfrica.

A diferencia de Reino Unido, Sudáfrica cuenta con un próspero sector industrial. Exporta automóviles, electrodomésticos y piezas al resto de África y a otros continentes. Por tanto, existe una enorme demanda de acero. Entonces, ¿por qué está la industria en crisis?

¿Por qué está sucediendo esto ahora?

La respuesta inmediata y a corto plazo es que existe una enorme superabundancia de acero en el mercado mundial. Esto se debe a la desaceleración económica en China a medida que dicho país se acerca a la crisis económica. La economía china se enfrenta a un colapso que podría desestabilizar al resto del mundo y que la revista The Economist ha tildado de ‘La Gran Caída China’.

China cuenta con una enorme industria siderúrgica que recibe apoyo del Estado, pero debido a su economía en desaceleración la demanda interna ha disminuido, por lo que el gigante asiático está inundando el mercado mundial con sus excedentes de acero barato y subvencionado.

Otros productores de acero que operan en industrias no subvencionadas y están sometidos a las fuerzas del mercado ni siquiera pueden competir con China.

 

Un capitalismo rentístico

La crisis siderúrgica se inscribe en última instancia en el ámbito de la visión política y de las políticas económicas. Los gobiernos occidentales siguen una ideología neoliberal que sostiene que no se debe intervenir en el mercado, aunque apoyen encubiertamente determinadas industrias. Transferir el apoyo económico de la manufactura al sector de servicios (en especial el bancario) es una decisión política.

Los principales motores del crecimiento en Reino Unido son una burbuja inmobiliaria insostenible y una industria de servicios financieros que básicamente blanquea las ganancias de los oligarcas del mundo obtenidas de manera ilegal.

En lugar de fabricar productos útiles para vender, las economías avanzadas generan sus ingresos mediante la práctica del capitalismo rentístico. Los países ricos hacen dinero mediante la propiedad de recursos (propiedad física e intelectual) y fijando normas mundiales que el resto de los países deben cumplir. Esto también produce un cambio económico dentro de los países ricos, que se han alejado de los trabajos seguros, bien pagados y cualificados en la industria para pasar a fomentar una economía precaria basada en los servicios.

Esto, junto a la “nueva economía colaborativa”, está convirtiendo a gran parte de los trabajadores/as en sirvientes de los ricos, pero freelance y con conocimientos tecnológicos.

El gobierno de Reino Unido ha hecho del mercado libre un objeto de culto. Asegura que el Estado no debe interferir en el mercado y no apoyará a la industria siderúrgica. Además, está intentando privatizar los sectores de la economía que siguen siendo públicos, como el servicio de salud.

Paradójicamente, muchas de las licitaciones para ofrecer servicios en Reino Unido las obtienen empresas que son propiedad de otros gobiernos, lo cual permite a Estados extranjeros ser los propietarios y gestionar infraestructuras vitales, como la red ferroviaria y las centrales nucleares. De alguna manera, nos quieren hacer creer que el Estado británico es el único incapaz de gestionar una industria.

Tenemos que ganar la batalla política sobre la intervención del Estado en el mercado y la planificación económica a largo plazo. Tenemos que propugnar una estrategia industrial que vincule los futuros proyectos de infraestructura a la cadena local de suministro.

Existen indicios de que esto está empezando a suceder en Escocia. El gobierno escocés al menos se ha comprometido a intentar salvar la industria siderúrgica que queda, aunque un importante conservador opinó que ésta “es una buena ocasión para que los trabajadores siderúrgicos pierdan puestos de trabajo”. La empresa CalMac, que es propiedad del gobierno escocés, otorgó a un astillero local un contrato de 97 millones de libras esterlinas para construir ferries, evitando así su cierre.

Aunque esta noticia es esperanzadora, también se trata de una medida irregular e insuficiente. Lo que necesitamos es una política industrial explícita que fomente los puestos de trabajo de calidad a nivel local. Por desgracia, muchas de estas disposiciones son contrarias a la legislación de la UE. Esto es algo que los británicos tendrán que cuestionar durante las deliberaciones sobre la permanencia de Reino Unido en la UE.

En Sudáfrica, el sindicato de trabajadores metalúrgicos NUMSA se declaró en huelga para exigir al gobierno que utilizara acero nacional en sus proyectos de infraestructura. Esta es una demanda que deberían adoptar los sindicatos de todo el mundo.

Refiriéndose a la pérdida de puestos de trabajo en el sector siderúrgico británico, Fernando Lopes, el secretario general adjunto de la internacional de trabajadores siderúrgicos IndustriAll, declaró:

“La pérdida de estos puestos de trabajo significará la destrucción de comunidades enteras. Instamos al gobierno a que haga todo lo posible para defender a la industria siderúrgica británica mientras trata de competir con el acero chino barato que está inundando Europa. El gobierno británico debe apoyar a la industria siderúrgica en este difícil momento, en lugar de quedarse de brazos cruzados y dejarla morir”.

Lopes tiene razón. Nuestra política industrial debería defender nuestros puestos de trabajo y apoyar a nuestras comunidades.

 

Este artículo ha sido traducido del inglés.

Este artículo se publicó por primera vez en la Union Solidarity International.