¿Puede la energía solar ayudar a resolver la crisis eléctrica en Afganistán?

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Deh Sabz (“Pueblo Verde”) es uno de los municipios más antiguos de Afganistán. Ubicado en las afueras de la capital, Kabul, sus casas de adobe contrastan con sus brillantes paneles solares que producen electricidad para una población rural cada vez más conectada.

Para el agricultor Mir Mohammad Khan, la energía solar significa poder ahorrarse los elevados gastos de funcionamiento del antiguo generador diésel que se vio obligado a utilizar para evitar los frecuentes cortes de electricidad. “A mí y a mis hijos no nos gustaba el ruido que hacía ni el olor que desprendía, pero lo que es más importante, nos estaba saliendo muy caro”, explica a Equal Times.

Los posibles beneficios de una energía limpia y asequible en Afganistán son enormes. Se trata de un país con una de las menores tasas de consumo de electricidad del mundo, en el que tan solo el 38% de la población está conectada a la red eléctrica, pero en el que abunda la luz solar.

Los habitantes de muchas zonas del país, incluida Kabul, dependen en gran medida de ‘energías sucias’, como los generadores diésel, el fueloil y la leña para cocinar, alumbrarse y calentarse. Incluso después de la modernización de la infraestructura eléctrica tras varias décadas de conflicto, muchas regiones siguen sin tener acceso a este servicio básico.

Al sur del país se encuentra la provincia de Kandahar, más conocida por ser el lugar de origen de los talibanes. Sin embargo, la región está emergiendo como un centro para la producción de energía solar en Afganistán. Aunque la mayor parte de las tropas extranjeras estacionadas en la provincia, en su mayoría estadounidenses, ya se han ido, los gobiernos de EE.UU. y Afganistán esperan poder crear un referente con una central solar de 10 megavatios en compensación por la rescisión en septiembre de un programa de subvenciones financiado por Estados Unidos para construir generadores diésel.

Actualmente, el gobierno está aceptando ofertas para el contrato y aunque la central, que será gestionada por la empresa nacional de suministro eléctrico Da Afghanistan Breshna Shirkat (DABS), no cubrirá todas las necesidades energéticas de Kandahar, se espera que desempeñe un importante papel complementario en el suministro eléctrico de la provincia y sirva de modelo para otras regiones de Afganistán.

 

Vacío energético

En la actualidad, Afganistán depende en gran medida de la electricidad importada de países vecinos como Uzbekistán, Tayikistán y Turkmenistán (hasta 400 de los 600 megavatios generados en Afganistán proceden de Asia central).

Por tanto, el gobierno afgano está cada vez más interesado en la energía solar, eólica e hidráulica. Aunque solo unos cuantos afganos pueden disfrutar de todas las comodidades de la vida moderna, toda la población se ve afectada por los frecuentes cortes de electricidad.

Además de los últimos smartphones, televisiones y videojuegos, los mercados de todo Kabul venden una amplia gama de paneles solares pequeños y medianos para poder usar dichos productos.

El auge de las ventas de paneles solares no solo ha creado cientos de nuevos puestos de trabajo, sino que también ha atraído inversiones extranjeras. Varias empresas creadas por afganos expatriados han accedido a este mercado emergente. Con una oficina exquisitamente amueblada y ubicada en la calle principal de Darulaman, en la zona occidental de Kabul, Afghan Solar Ltd es una de estas empresas.

Su director, el ingeniero Syed Humayoun, es muy optimista sobre el futuro de este sector. “Hasta la fecha, los paneles solares se usan principalmente para fines domésticos, explotaciones agrícolas a pequeña escala y el alumbrado público, pero existe un enorme potencial para que se utilicen en la producción energética a escala comercial”, explica a Equal Times.

Como es la principal contribuyente para la reconstrucción de Afganistán, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) también está impulsando iniciativas con el objetivo de diversificar las fuentes de energía del país y minimizar la forma en que el gobierno de Kabul depende del costoso combustible para conseguir su electricidad.

“Estamos colaborando estrechamente con el sector privado y público para expandir la energía limpia y renovable”, afirmó el mes pasado Bill Hammink, director de USAID para Afganistán, en una entrevista para una estación local de radio en Kabul. “Aquí existe un enorme potencial para la energía solar y eólica. Así es cómo Afganistán puede volverse menos dependiente de la energía importada”.

De vuelta en Deh Sabz, al agricultor Juma Deen Khan ya no le afecta la fluctuación de los precios del combustible. De hecho, ya está cosechando los primeros beneficios de su inversión en la energía solar.

“Como bien sabe, en este país no hay muchas cosas que sean estables: atentados terroristas, tensión política… Estas cosas me preocupan. Pero al menos puedo confiar en que el sol brillará y cargará las baterías para que pueda irrigar mis tierras”, aseguró Khan con una sonrisa luminosa.