¿Pueden los bancos comunitarios de grano mitigar la inseguridad alimentaria crónica de Camerún?

¿Pueden los bancos comunitarios de grano mitigar la inseguridad alimentaria crónica de Camerún?

In March 2017, locals stand in front of bags of maize in a community grain bank in Fiang-Ouzzang, a village in Cameroon’s Far North region.

(Amindeh Blaise Atabong)
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Camerún enfrenta desde 2013 una crisis humanitaria provocada por las repetidas incursiones de las milicias de Boko Haram desde la vecina Nigeria. Los numerosos atentados terroristas han obligado a unas 200.000 personas de la zona semisahariana del norte a huir de sus hogares y abandonar sus granjas y ganado.

Esta migración interna forzosa —agudizada por la llegada de refugiados de los países vecinos de la Cuenca del lago Chad, que huyen de Boko Haram y de las inveteradas tensiones políticas de la República Centroafricana— ha desencadenado varias crisis alimentarias graves en esta región, al igual que en otras zonas del Sahel (que se extiende desde el norte de Senegal hasta Sudán) y de África oriental.

La oficina de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea calcula que unos 42 millones de personas del Sahel sufren inseguridad alimentaria moderada o grave, de las cuales, 9,3 millones necesitan ayuda alimentaria urgente.

Paralelamente, unos 20 millones de personas —entre ellas millones de niños en Somalia, Etiopía, Sudán del Sur y Kenia— necesitan urgentemente alimentos y agua debido a una de las mayores crisis humanitarias en la historia moderna, que continúa expandiéndose por África oriental.

Según Bukar Tijani, director general adjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y representante regional de África, también preocupan enormemente las condiciones climáticas desfavorables de esta región —una de las más pobres y desérticas del mundo, en la que viven más de 50 millones de personas—.

“Desde 2015, los fenómenos climáticos de El Niño y La Niña han vuelto a provocar graves perturbaciones en el África subsahariana. Por su gravedad y extensión, El Niño y La Niña han inducido las peores sequías y riadas desde el cambio de siglo y están afectando a los medios de subsistencia de decenas de millones de familias pobres”, afirma.

Richard Munang, coordinador regional de Cambio Climático del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUD) en Nairobi, explica Equal Times que el cambio climático amenaza con reducir hasta un 40% la productividad agrícola de África, debido a la degradación de los ecosistemas, resultante, entre otros, de la escasez de agua, de polinizadores y de suelos fértiles. “La falta de valor añadido provoca pérdidas anuales en alimentos de hasta 4.000 millones de dólares, en la poscosecha, y se dedican hasta 35.000 millones de dólares a importar alimentos para compensar la escasez periódica”.

Un esfuerzo comunitario

Pero los habitantes del norte de Camerún han dado con una forma sostenible de enfrentar la inseguridad alimentaria: se trata de los bancos comunitarios de grano. Cereales como el maíz, el sorgo y el trigo constituyen la base de la alimentación de la población. Sandrine Kouba, de Network for the Fight Against Hunger (RELUFA), la ONG local que encabeza los esfuerzos por mejorar la resiliencia, afirma que en lugar de vender sus excedentes a comerciantes que sólo pretenden maximizar sus beneficios al final del año, las cosechas se almacenan en graneros del pueblo. “Cuando se les acaban sus reservas de grano, las familias pueden llevarse de medio a un saco de grano como crédito en especie y devolverlo con la siguiente cosecha de sorgo, unos meses más tarde”, explica.

Hasta ahora, los habitantes vendían su grano inmediatamente después de cosecharlo, para así ganar dinero con el que cubrir las necesidades de su familia, a pesar de que en ese momento era cuando más bajo caían los precios del grano. Los comerciantes aprovechaban los precios mínimos de compra para acopiar grano, que más tarde vendían a precios exorbitantes cuando escaseaban los alimentos.

Robert Konai, uno de los miembros de un banco comunitario de grano del pueblo de Mounoum, en la región camerunesa del Extremo Norte, explica a Equal Times que cuando las familias se quedaban sin suministros se veían obligadas a vender su ganado o a pedir dinero prestado para comprar grano con el que subsistir. Entonces se disparaban los precios del grano y se desplomaban los del ganado, abocando a los lugareños a una espiral descendente de pobreza e inseguridad alimentaria. “Los intermediarios nos engañaban, pero el banco comunitario de grano está ayudando a las personas vulnerables en lugar de servir a los negociantes”.

Una joven viuda llamada Ajara Fatima, sentada detrás de su choza de paja en la pequeña localidad de Parwai, cerca de Maroua, la capital de la región del Extremo Norte, explica a Equal Times cómo encontró hace dos años el cuerpo decapitado de su marido, que había ido en busca de comida.

A pesar de seguir traumatizada por el asesinato de su marido, supuestamete a manos de milicianos de Boko Haram, Ajara afirma que los bancos comunitarios de grano le han proporcionado la ayuda que tanto necesitaba. “En mi familia pasamos ahora mucha menos hambre”, explica.

Mohammed Faye es otro de los beneficiarios del banco comunitario de grano. Afirma que la iniciativa ha mejorado la cohesión social de su familia. Antes de que se construyera el granero local, Mohamed tenía que trasladarse unos 80 kilómetros, desde el pueblo de Mokolo hasta Maroua, para intentar ganar dinero para su familia entre julio y octubre, cuando más escasea el grano.

Ahora, Mohamed y su familia pueden cultivar y almacenar gran parte de su cosecha en el silo local, para la época de vacas flacas. “Ya acabaron esos días terribles. Mis esposas, hijos y yo no volveremos a pasar hambre, porque tengo cerca de 15 sacos de grano reservados en ese banco”, dice señalando el grano resistente a los insectos acopiado a pocos metros de su cabaña. Incluso ofrece a este reportero unos kilos de maíz, una forma tradicional de hospitalidad camerunesa.

Además de Mohamed, RELUFA explica que unas 25.000 personas se están beneficiando de los bancos comunitarios de grano en 46 comunidades del norte de Camerún. Más de 60.000 kilos de trigo, sorgo, maíz e incluso arroz están almacenados en sus silos. Cuando los habitantes los necesitan, se les prestan hasta 100 kilos de grano y los devuelven durante la estación de recolección, con un interés mínimo de 12 kilos del mismo grano que tomaron prestado. Y quienes tienen exceso de grano pueden ganar dinero vendiéndolo en el mercado abierto.

La iniciativa se está expandiendo con rapidez por toda esta turbulenta región, y otras ONG están inaugurando bancos comunitarios de grano en ciudades como Guerinouel, Parwai, Djaindi y Mounoum. RELUFA tiene previsto ampliar la iniciativa a toda la región. “Continuaremos ofreciendo a las comunidades del Extremo Norte subvenciones para que almacecen sus granos en los bancos. Debemos perseverar, porque nuestra misión consiste en paliar el hambre en todas sus formas”, afirma Kouba.