¿Qué herramientas nos faltan para acabar con el tráfico ilegal en línea de especies animales salvajes?

¿Qué herramientas nos faltan para acabar con el tráfico ilegal en línea de especies animales salvajes?

Visitors take photographs next to the still-smouldering pyres of more than 100 tons of elephant tusks and over one tonne of rhino horns, in Nairobi National Park, Kenya on 2 May 2016.

(AP/Ben Curtis)

En 2015, un equipo de investigadores encubiertos de la recién formada comisión de justicia sobre vida silvestre, Wildlife Justice Commission (WJC), efectuó una visita a Nhi Khe, localidad situada al sur de Hanoi, la capital de Vietnam. Se trata de un conocido eje en el tráfico ilegal de fauna silvestre y productos derivados.

El equipo llevó a cabo dos investigaciones en el transcurso de un año, con objeto de revelar la escala, la magnitud y el modus operandi de los traficantes que introducen ilegalmente, a través de la frontera china, productos de fauna silvestre; en gran parte derivados de especies africanas y asiáticas amenazadas, como elefantes, tigres, pangolines, cálaos de yelmo y, como en este caso específico, rinocerontes y sus cuernos.

“Investigamos las actividades criminales de 51 individuos implicados en una red de tráfico ilegal de fauna silvestre entre julio de 2015 y mayo de 2016. Se constató que las redes sociales resultaron ser un método muy utilizado para la venta de este tipo de productos, puesto que el 61% de los traficantes utilizaron Facebook o WeChat para cerrar sus tratos ilegales”, indicó el equipo de investigación en su informe Black Business (negocio negro), publicado en 2017.

En total, los investigadores consiguieron reunir un archivo detallado, con más de 5.000 páginas de pruebas contra 51 traficantes. Aunque el informe no revela si se ha procesado judicialmente a las personas involucradas, estima que se comercializaron a través de Facebook productos valorados en al menos 445.356 USD (389.000 euros), lo que indica un cambio en la manera en que se llevan a cabo las transacciones ilícitas en el comercio de animales.

Las redes criminales transnacionales involucradas en el tráfico de fauna silvestre efectúan un porcentaje cada vez mayor de sus transacciones multimillonarias a través de internet, utilizando herramientas de plataformas en línea y redes sociales para desarrollar su negocio ilícito.

Los traficantes están dejando de lado los mercados físicos, cada vez más controlados por los servicios policiales en África y en Asia, donde encontramos, respectivamente, la principal fuente de origen de los productos provenientes de delitos relacionados con la fauna silvestre, y el mercado final para dichos productos.

No obstante, la capacidad para combatir los delitos contra la fauna silvestre sigue siendo insuficiente en muchos países, donde las fuerzas del orden carecen de los recursos y conocimientos técnicos necesarios para detectar y frenar dicho comercio.

Según cifras de la WJC, “los delitos contra la fauna silvestre han alcanzado un punto crítico”, cuando cada 30 minutos se mata a un elefante por sus colmillos y los rinocerontes son objeto de la caza furtiva cada ocho horas para despojarlos de sus cuernos, cuyo precio en el mercado negro puede alcanzar hasta 30.000 USD (26.200 euros) el kilo tan sólo por la punta del cuerno. Aunque parezca mentira, se calcula que quedan apenas 4.000 tigres salvajes en libertad.

Capacidad limitada para detectar y frenar el fenómeno

Creada en 2015 y con sede en La Haya, Países Bajos, el principal objetivo de la WJC es desbaratar y contribuir al desmantelamiento de redes internacionales organizadas que se dedican al tráfico ilegal de fauna silvestre, madera y peces. Pero también ha desarrollado herramientas para combatir el comercio de fauna silvestre en línea como, por ejemplo, la recopilación de datos de las redes sociales tanto en espacios abiertos como cerrados. Aunque por el momento no se dispone de información sobre el número de traficantes que han sido procesados judicialmente, la WJC colabora estrechamente con diversos cuerpos policiales en los países relevantes, así como con Interpol.

Las autoridades encargadas de hacer cumplir las leyes y de proteger las especies animales salvajes pueden utilizar las redes sociales para descubrir actividades delictivas, recoger evidencia, e identificar la localización de los criminales y sus redes. También pueden recurrir a ellas a fin de sensibilizar sobre los peligros que entraña la obtención de trofeos de la fauna y ayudar a acabar con la demanda de productos derivados de estos animales.

No obstante, son pocos los Gobiernos de África y Asia que cuentan con la capacidad necesaria para detectar y desmantelar el comercio ilícito en fauna silvestre, y aún menos los que cuentan con las leyes necesarias para combatirlo.

El resultado, según afirman las fuerzas del orden y distintas agencias de conservación, es que cada año es mayor el número de animales salvajes y productos derivados traficados entre África y Asia, poniendo en peligro especies icónicas en un comercio cada vez más difícil de detectar, especialmente con el creciente uso de criptomonedas como el Bitcoin.

“Internet ha aportado a los traficantes y comerciantes más visibilidad, permitiéndoles llegar a un mayor número de consumidores de productos ilegales de fauna silvestre con mayores garantías de privacidad”, comenta Simone Haysom, analista principal de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, organización con sede en Ginebra, Suiza.

Indica que el creciente uso de Internet facilita un intercambio más simple y rápido de información entre intermediarios, minoristas y consumidores en los distintos continentes.

“Todo puede empezar con una simple fotografía de un adorable animal publicada en una página de Facebook, pero esa entrada aparentemente inocente podría reunir a muchas personas con intereses comunes, incluyendo entusiastas y coleccionistas”, indicó la experta a los periodistas que participaron en un taller de formación que tuvo lugar en Bangkok, Tailandia, entre el 5 y el 9 de noviembre de 2018, acogido conjuntamente por la Fundación Thomson Reuters y la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.

“Las redes criminales se están aprovechando del ciberespacio para eludir los tradicionales mercados callejeros, y recurren al máximo a los canales de comunicación encriptados que ofrecen ciertas herramientas, como grupos cerrados y secretos en Facebook, para llevar a cabo su negocio ilícito”, observó Haysom.

Si se permite que continúe creciendo, este floreciente comercio por Internet pondrá en grave peligro a ‘megafauna carismática’ como elefantes, rinocerontes y pangolines. Además, miles de especies más, que por el momento reciben menos atención, están siendo traficadas hacia nuevos mercados emergentes como Rusia, Ucrania u Oriente Medio, donde se venden como mascotas, afirmó Haysom.

Tratarlo como un crimen – no sólo un problema de conservación

Según Ricardo Forester, analista sobre delitos en la iniciativa USAID-Wildlife Asia, de la Agencia de los EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID), al igual que otras formas de comercio ilícito en línea –como el tráfico de armas, drogas o personas–, el comercio en fauna silvestre a través de internet ofrece cierto resguardo a las redes de traficantes frente a posibles redadas por parte de las fuerzas del orden, al tiempo que les resulta más fácil llegar a mercados globales.

“Tiene sentido desde el punto de vista financiero puesto que el comercio en línea ayuda a eludir la fiscalidad, cualquier forma de regulación, ofrece mayor protección frente a cualquier control policial y facilita el acceso a mercados internacionales”, observó el investigador.

Comenta que Internet ofrece un mercado “dinámico, flexible y maleable” que elimina además la necesidad de reuniones y transacciones físicas, al tiempo que permite mantener el secretismo y el anonimato.

Por otro lado, su colega Salvatore Amato, especialista en aplicación de la ley también en USAID-Wildlife Asia, señala que el tráfico de fauna silvestre debe ser tratado como un crimen y no como un problema de conservación.

Ello requiere un enfoque global que incluiría el desarrollo de capacidades para vigilar el cumplimiento de la legalidad tanto en los puntos de origen del comercio como en el otro extremo de la cadena de suministro.

También contribuiría a combatir este comercio la aplicación adecuada de la legislación nacional sobre ciberdelincuencia en relación con la fauna silvestre, según Marcos Mileo Brasil, analista de inteligencia criminal en relación con la silvicultura global en Interpol, quien afirmó que su organización está trabajando de momento con los países miembros para ayudarles a desarrollar capacidades con vistas a atajar y poner fin a los mercados ilícitos de especies a través de su Comité de Observancia y Cumplimiento Ambiental (ECEC) junto con sus Grupos de Trabajo.

Para Sam Weru, consultor en conservación ambiental basado en Kenia y ex director de conservación de WWF Kenia, Gobiernos y grupos ecologistas en África deben tomar medidas para evitar que sus propios países no sólo sean la principal fuente de tráfico ilegal de especies salvajes, sino que además se conviertan en mercados emergentes de los productos finales.

“Actualmente, este comercio no sólo se practica ampliamente a nivel local, sino que el continente ganará terreno conforme aumenta el uso de Internet y se expande la clase media”, declaró a Equal Times. “Lo que tenemos que hacer es prepararnos para poder hacerle frente cuanto antes”.