Reporteros adolescentes de Kinshasa visibilizan violaciones a los de derechos de la infancia

Reporteros adolescentes de Kinshasa visibilizan violaciones a los de derechos de la infancia

Young reporters get to work in Gambela market in Kinshasa.

(Children’s Radio Foundation/Sydelle Willow Smith)
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En una pequeña y calurosa sala del centro de Kinshasa, Bernice, de 15 años, levanta la voz por encima del zumbido que provoca el incesante y pesado tráfico de la ciudad que penetra en la habitación a través de una ventana entreabierta. Habla saltando con seguridad del lingala al francés y a un inglés casi perfecto.

“A veces los adultos no son muy receptivos a ciertas ideas nuevas que pueden ser beneficiosas para los niños”, afirma Bernice. “Los niños sabemos lo que es bueno para nosotros, y podemos difundir el mensaje mejor que los adultos. Nuestra sociedad no encontrará soluciones para muchos de sus problemas si no escucha a sus niños”.

Bernice es una de los 800 jóvenes periodistas que reciben formación en toda la República Democrática del Congo (RDC) a través del programa de participación infantil de UNICEF en la RDC, puesto en marcha en 2011. En opinión de Yves Willemot, jefe de comunicaciones de UNICEF RDC: “Los niños aún tienen la mente abierta. Ven el mundo de manera diferente a la de los adultos. Darles los medios para documentar su comunidad enriquece nuestra experiencia como adultos”, y añade: “También puede ayudar a promover el cambio”.

Un ámbito en el que los jóvenes periodistas, entre los que se encuentra Bernice, han desempeñado un importante papel de promoción, es en la campaña actual que han puesto en marcha para poner fin a la práctica perjudicial y frecuente del matrimonio precoz.

Las cifras de UNICEF a partir de 2016 indican que en la RDC el 10% de las niñas se casan antes de los 15 años y el 37% lo hacen antes de los 18.

Los jóvenes reporteros de UNICEF han elaborado una serie de contenidos destinados a sensibilizar sobre los efectos negativos del matrimonio precoz, entre los que figuran diversos riesgos para la salud de las niñas, que tienen que dar a luz antes de que sus cuerpos estén plenamente desarrollados (una de las principales causas de la elevada tasa de mortalidad infantil en el país) y las repercusiones socioeconómicas que conlleva el abandono de la educación de las niñas a una edad temprana.

A través de cortos documentales de televisión y radio producidos y grabados por Bernice y sus compañeros, y difundidos regularmente en estaciones locales y nacionales, así como artículos publicados en el blog de UNICEF, en 2016 los niños y niñas reporteros ayudaron a conseguir la revisión de un artículo del Código congoleño de la familia sobre la edad mínima para el matrimonio, la cual se aumentó de 16 a 18 años.

“Estoy muy orgullosa del trabajo que he hecho como reportera infantil”, afirma Bernice, aunque confiesa que a sus padres todavía les preocupa que la distraiga de sus estudios. En 2014, Bernice tuvo que faltar a clases para viajar a Addis Abeba y participar en una cumbre de la ONU sobre los derechos del niño. Señala que el viaje la convenció de que un día le gustaría trabajar para la ONU dedicándose a los derechos de las mujeres en África. “A mi padre no le gusta esta idea”, añade con una sonrisa irónica.

La sociedad congoleña sigue siendo profundamente patriarcal, y al albergar grandes ambiciones, Bernice sigue siendo una excepción más que la regla. Las oportunidades para la mayoría de las niñas y jóvenes congoleñas siguen estando limitadas por diversos factores culturales, dentro de estructuras familiares que a menudo han sido fracturadas por la inestabilidad política y económica y por décadas de guerra.

A pesar de haberse modificado la edad legal del matrimonio en 2016, un sistema jurídico insuficiente y corrupto tampoco ha impedido que muchas niñas se vean forzadas a contraer matrimonio precoz u otras formas de esclavitud doméstica y sexual.

Dar voz a los niños

Alrededor del bullicioso y laberíntico mercado de Gambela, en Kinshasa, multitudes de niños de la calle, entre ellos muchas niñas, han elegido la falta de vivienda como el más grave de los diversos abusos y amenazas a los derechos humanos que experimentaron en sus antiguos entornos familiares. Son aproximadamente 25.000 los niños que viven en las calles de Kinshasa, donde muchas niñas se ven forzadas a ejercer el trabajo sexual como única alternativa al matrimonio precoz.

Miriam, de 16 años, era una de estas niñas y su historia es similar a la de muchas otras que pululan en las despiadadas calles de la capital de la RDC. Huérfana y repetidamente desplazada por la guerra y la pobreza, Miriam fue explotada por su círculo familiar ampliado y acosada sexualmente por un hombre mucho mayor en cuya casa trabajaba como empleada doméstica.

“Aunque acababa de casarse, quería violarme”, cuenta Miriam sobre su antiguo empleador. “Me mostró una bolsa llena de dinero para intentar que me entregara a él. No podía seguir allí, así que abandoné su casa”.

Desde el año 2015, la Fundación de la Radio de los Niños lleva a cabo un proyecto que forma parte del continuo trabajo de UNICEF, pero con un enfoque particular en los niños de la calle, como Miriam. El proyecto utiliza el considerable alcance de la radio local para dar voz a estos niños y permitirles compartir sus historias y perspectivas, lo que ayuda a poner en jaque las percepciones frecuentemente negativas que se tienen de los niños de la calle como marginales, ladrones y prostitutas.

Miriam era una de las 30 reporteras infantiles que han pasado por la formación en el marco de este proyecto. Desde principios de 2016, estos reporteros han estado realizando y transmitiendo un programa semanal de radio dominical con el nombre de Mungongo ya Mwana, que significa en lingala “la voz de un niño”, en una estación comunitaria de radio local.

“La radio puede jugar un papel muy importante en la protección de los derechos humanos de los jóvenes vulnerables”, indica Clemence Petit-Perrot, una de las directoras de programa de la Fundación de la Radio de los Niños.

“Todavía no hay muchos espacios para que los jóvenes escuchen a otros jóvenes compartir sus propias experiencias sobre cualquier tema. Los niños que viven en la calle deberían tener la posibilidad de hablar sobre sus propias experiencias”, añade.

Sensibilización

Bob Yala es un antiguo periodista congoleño de voz suave que coordina el proyecto y la formación sobre el terreno de la Fundación de la Radio de los Niños en Kinshasa. Cree que ayudar a sensibilizar sobre la difícil situación de los niños de la calle puede movilizar a la comunidad local para que adopte una postura firme contra toda forma de discriminación dirigida a los niños en general y a los que viven en la calle en particular.

Al igual que con el programa de niños reporteros de UNICEF, el matrimonio precoz o infantil es uno de los temas relevantes que cubren con regularidad las emisiones presentadas por los niños reporteros de Yala. “Nuestros reporteros han desarrollado suficiente confianza en sí mismos como para educar a los demás, incluyendo a los padres, en lo que se refiere al matrimonio infantil. Las niñas conocen sus derechos y pueden defenderlos”, asevera Yala. El proyecto también trabaja en colaboración con la unidad de protección de la infancia de la policía para vigilar los casos de matrimonio precoz en Kinshasa.

Sin embargo, a pesar de todos los progresos realizados, Yala reconoce que a principios de este año perdió a dos de sus reporteras víctimas de matrimonios forzosos, lo que, afirma, le afectó mucho. Miriam era una de estas niñas: su hermana mayor y su tutor legal llegaron a Kinshasa e insistieron en que Miriam regresara a la región oriental del país, donde se había convenido su matrimonio con un hombre mayor que ya tenía hijos con otra mujer.

“Todavía experimentamos grandes dificultades para establecer una línea entre proteger a los niños que viven en la calle y asegurar o ayudar a la reunificación familiar cuando ambas partes lo desean”, comenta Yala.

Lamentablemente, una vez que los jóvenes son devueltos a sus familias, a veces todavía terminan sometiéndose a los deseos de sus familiares, incluso contrayendo matrimonio contra su propia voluntad”.

Sin embargo, Bernice sigue confiando en que el trabajo que ella y otros niños reporteros están haciendo para aumentar la sensibilización sobre temas como el matrimonio infantil también puede influir positivamente en las actitudes de sus familias. Bernice utiliza el ejemplo de su propia familia, a la que dice “le costó mucho convencer” antes de que finalmente empezaran a apreciar el valor de su participación en el programa de UNICEF.

“La apertura y la disposición a escuchar son primordiales”, comenta Willemot sobre el papel que los padres y otros adultos pueden desempeñar en la determinación del éxito del programa de reporteros infantiles.

En última instancia, Willemot cree que el programa necesita crear un consenso general para que se acepte que “el derecho más importante de un niño es ser un niño y seguir siendo un niño”.