República Popular de Donetsk, ¿Estado en construcción o Estado fantasma?

República Popular de Donetsk, ¿Estado en construcción o Estado fantasma?

On the streets of Donetsk, the independent state celebrates the fifth anniversary of its declaration of separation from the rest of Ukraine, as seen here in November 2019. Its black, blue and red flag is everywhere, while the poster reads: “I was born in DRP”.

(Loïc Ramirez)

Una sensación de vacío me invade al entrar en el inmenso edificio administrativo. Un soldado uniformado lleva el registro de visitas. "¡Pasaporte!", me espeta con frialdad. La silla en la que está sentado y la mesa en la que se apoya son los únicos muebles que se ven en el gran vestíbulo de entrada. Las instalaciones, aunque bien mantenidas, dan muestras de abandono. Habitaciones vacías, sin pinturas ni objetos decorativos y un silencio sepulcral en el edificio, donde se adivina un lujoso pasado.

Me encuentro en el Ministerio de Información de la República Popular de Donetsk (RPD), en el este del territorio ucraniano. "Estamos en los locales de un antiguo banco", explica Angelica Shkribitko, encargada del servicio de acreditación de periodistas. "Los antiguos propietarios se marcharon", explica sin dar más detalles. Esta frase bien podría aplicarse a todo lo que aquí encontramos. La ciudad de Donetsk —y su provincia, el óblast de Donetsk— se encontraba antes bajo la soberanía de Kiev y se convirtió de facto en la capital de un Estado que continúa a la busca de su independencia y legitimidad.

Desde la caída del presidente Viktor Yanukovych bajo la presión de las calles, en febrero de 2014, y el levantamiento armado que siguió en las regiones del este del país, Ucrania ha visto amputado parte de su territorio. Además de la anexión de Crimea a Rusia después de un referéndum, ese mismo año aparecieron dos entidades secesionistas en la región de Donbass: las repúblicas populares de Donetsk y de Lugansk.

Dos Estados independientes pero no reconocidos por la comunidad internacional, ni siquiera por la vecina Rusia, que sin embargo les demuestra un apoyo activo, dados los lazos históricos que la vinculan con las poblaciones de habla rusa de esta región.

"Su visado está listo", exclama Shkribitko, entregándome el valioso documento, un papel que parece haber sido cortado a mano, sellado con la efigie de los nuevos dueños del lugar y las firmas de los diversos responsables. Al salir del Ministerio, me detengo a leer la inscripción original escrita en el tejado del edificio, "ПУМБ", las iniciales en cirílico de "Primer Banco Internacional de Ucrania". Como un mundo que suplanta a otro, la República de Donetsk se mudó a los edificios dejados atrás por Ucrania. La bandera negra, azul y roja de los rebeldes separatistas ondea ahora por todas partes. Durante el día, el tráfico es intenso y ruidoso. Los autobuses y los coches desfilan por las principales arterias de la ciudad que, al anochecer, parece vaciarse. El toque de queda de las 23h neutraliza toda la vida nocturna.

En las fronteras, el conflicto continúa latente

"Nací en la RPD", dice uno de los carteles del centro de la ciudad, en el que se ve un niño sonriente junto al número 5, en conmemoración de los cinco años de existencia de la república. Cinco años de guerra ininterrumpida que, según las Naciones Unidas, ya deja un saldo de 13.000 muertos y más de un millón de desplazados.

"Hay disparos cada día", informa sin dudarlo Cyril Jaurena, jefe del Departamento de la Cruz Roja Internacional en Donetsk. "Trabajamos con unos 30.000 hogares, aún presentes en la línea del frente. Les distribuimos comida, kits de higiene, etc.".

Acostumbrado a las zonas de conflicto, Jaurena explica su asombro por la situación de Donbass: "Es la primera vez que veo a gente que se queda a vivir voluntariamente en una zona donde hay disparos y bombardeos diarios. Hay una relación especial con la pertenencia a la tierra y estas personas, en su mayoría mujeres, prefieren quedarse en casa, a pesar de la guerra". ¿Qué hay de la retirada de las tropas decidida por los beligerantes en noviembre de 2019? "Sólo afecta a una pequeña parte del frente", lamenta Jaurena. De hecho, a mediados de febrero de 2020, una nueva escalada mortífera en la otra región separatista, la de Luhansk, está sirviendo para recordarnos que los beligerantes no entregaron sus armas.

La elección de Volodomyr Zelensky como presidente de Ucrania en mayo de 2019 no ha cambiado nada, a pesar de haberse presentado como el "candidato para la paz" sucesor de Petro Poroshenko. El 9 de diciembre de 2019 se reunieron en París Zelensky y el presidente ruso, Vladimir Putin, pero no lograron llegar a un acuerdo sobre el futuro de Donbass. Kiev exige retomar el control de la frontera ruso ucraniana como condición para otorgar la autonomía a las regiones separatistas y convocar elecciones. Algo no previsto en los acuerdos de Minsk de 2015, firmados durante la prolongación de la primera fase militar del conflicto, a los que apela Moscú.

“Lo más importante para mí es la confluencia del pueblo de Donbass en torno a un objetivo: vivir como una sola familia con el pueblo ruso", declaró Denis Pushilin, jefe de la República Popular de Donetsk en su discurso de investidura, el 20 de noviembre de 2018.

Pushilin sucedió a Alexander Zakharchenko, que murió en un atentado por la explosión de una bomba colocada en un café del centro de Donetsk, en agosto de 2018. Algunos observadores, como el grupo de reflexión Carnegie Moscow Center y el medio de comunicación en ruso Meduza, con sede en Letonia, consideran que se trata de la asunción por parte de Moscú del liderazgo sobre el Estado secesionista, deshaciéndose de los antiguos dirigentes, que se inclinaban demasiado por una cierta autonomía.

"El verdadero poder es el Parlamento, como órgano legislativo, y quien lo dirige, como primer ministro desde las últimas elecciones, es Alexander Ananchenko", explica Boris Litvinov, primer secretario del Partido Comunista de Donetsk. Litvinov conoce los entresijos de la política local. Fue uno de los fundadores de la entidad secesionista y, en su momento, presidente del Parlamento. "Ananchenko nació en Donbass, pero ha pasado su vida en Rusia, representando los intereses económicos de Serhiy Kurchenko, un oligarca ucraniano exiliado hoy en Moscú", añade Litvinov, que, con cautela, afirma que el Kremlin "no controla" a la RPD, solo tiene "influencia".

El espinoso tema de las pensiones

"Hace mucho que somos rusos de corazón", dice Tatiana A., colocando sobre la mesa su flamante pasaporte ruso. Esta joven abogada residente en Donetsk aprovechó el decreto emitido por el presidente Vladimir Putin en abril de 2019, que facilitaba a los residentes de Donetsk y Lugansk la obtención de la ciudadanía rusa. Como todavía tiene familia "del otro lado", prefiere permanecer en el anonimato.

"Ya no tengo derecho a ejercer como abogada en Ucrania, pero seguimos colaborando clandestinamente con los colegas ucranianos". ¿Sobre qué temas? "Las pensiones. La RPD considera que Kiev debe pagar las pensiones de las personas que han cotizado toda su vida en Ucrania", explica la abogada.

"Durante casi tres años, el Estado ucraniano ha congelado el pago de las pensiones de muchas personas que viven aquí, así que decidimos llevar el caso a los tribunales argumentando que según la ley, Donbass sigue siendo Ucrania, y hemos ganado el caso".

El problema es que quienes deseen recibir su pensión ucraniana deben registrarse oficialmente como residentes en zona leal. ¿Era necesario hacer esta trampa para presentar los casos ante los tribunales ucranianos? "Yo no lo llamaría trampa", interrumpe Tatiana, "Kiev les debía ese dinero". Un ejercicio de equilibrismo jurídico que, según la abogada, explica que sólo entre el 45% y el 50% de los pensionistas de la RPD reciba hoy su pensión ucraniana.

Ante esta realidad, Donetsk paga a sus ciudadanos unas —modestas— pensiones sustitutivas en rublos rusos, moneda utilizada en las dos repúblicas secesionistas desde el comienzo del conflicto. A pesar de que sea ilegal, hay quienes reciben pensiones de ambos lados. "Mi madre recibe 2.000 rublos de Ucrania (equivalentes a unos 28 euros, pagados en jrivnias ucranianas) y 3.000 rublos (42 euros) de Donetsk, lo que sigue siendo irrisorio", se burla Andrei P., un residente local. "El problema es que tienes que presentarte físicamente en las oficinas de la administración, por eso muchos ancianos cruzan habitualmente la frontera", explica el joven a Equal Times.

Recaudación de impuestos y requisiciones

¿Cómo ha logrado la RPD suplantar al Estado vacante tan rápidamente? Desde el comienzo del conflicto, las nuevas autoridades se aseguraron el cobro del impuesto de sociedades a todas las empresas que permanecieron en el territorio y a aquellas cuyas infraestructuras fueron requisadas cuando sus antiguos propietarios huyeron de los combates. Es el caso de los restaurantes MacDonald’s de Donetsk, llamados desde entonces "DonMac", o de las tiendas de alimentación que ahora pertenecen a la nueva cadena local llamada "Primer Supermercado Republicano" (Первый Республиканский Супермаркет), aparecida en 2015.

La empresa estatal Phoenix, lanzada al mercado en marzo de 2016, es un operador telefónico que facilita las comunicaciones dentro del territorio separatista y con Rusia (además del acceso a internet). Este nuevo agente económico heredó la infraestructura de la antigua compañía telefónica ucraniana "Kyivstar", que dejó de funcionar en Donetsk en 2015. El luminoso y animado cartel de la tienda de Phoenix destaca entre el tono gris de los edificios de uno de los bulevares del centro de la ciudad. "Sus precios son inmejorables, es casi un monopolio", dice uno de los clientes.

Pero todos estos nuevos rótulos con los colores autóctonos tienen apenas peso en la economía frente al principal activo de la región: la producción de carbón. Según el economista ucraniano Oleksey Kushch, "el carbón representa el 90% de la capacidad de exportación de la RPD" . Su valor total se estima en 500 millones de dólares USD (unos 456 millones de euros) anuales pero, señala, la coyuntura mundial (el bloqueo por parte de Kiev), el exceso de carbón en Rusia (el principal socio económico) y la situación de "no reconocimiento", "implica un dumping en los precios de venta", que reducen el valor de las exportaciones a unos 300 millones de dólares (alrededor de 274 millones de euros).

Una delicada situación económica que podría fomentar el tráfico ilegal de esta materia prima, según revelaba el periódico suizo La Tribune de Genève en diciembre de 2019, y que, de nuevo según Kushch, supone una mayor financiación por parte del principal protector de la república rebelde: la Federación de Rusia. "Las donaciones rusas a la RPD se estiman en 300 millones de dólares al año", calcula, ya que estas cifras continúan siendo difíciles de conocer.

This story has been translated from French.