Seis países africanos y EEUU se enzarzan por el negocio de la ropa de segunda mano

Seis países africanos y EEUU se enzarzan por el negocio de la ropa de segunda mano

Mujeres de Kenia compran vestidos en un mercado de ropa de segunda mano en Kibera, Nairobi. Las normas internacionales de libre comercio que permiten la importación barata han perjudicado a la industria africana del textil y del vestido a pesar de una ley estadounidense que concede a algunos países de África subsahariana su acceso libre de aranceles y contingentes. Los países de África oriental desean prohibir la ropa de segunda mano como una solución, aunque algunos argumentan que el aumento de los aranceles es una alternativa.

(AP/Khallil Senosi)

En el centro de Nairobi, George Kimondo posee una tienda de ropa femenina de segunda mano, o mitumba, como allí se conoce. Desde que dejó su trabajo en una empresa de seguridad para poner su negocio hace ocho años, George comenta que gana hasta cuatro veces su salario mensual anterior.

Comenzó vendiendo ropa en las oficinas y en las calles y, al cabo de un año, puso su tienda. “El negocio es bueno durante las vacaciones y a final de mes”, comenta, ya que es entonces cuando puede generar hasta 1.000 dólares USD por semana.

Sin embargo, el éxito de George como empresario podría estar llegando a su fin. En marzo de 2016, los seis miembros de la Comunidad Africana Oriental (Kenia, Ruanda, Uganda, Tanzania, Burundi y Sudán del Sur) acordaron conjuntamente la supresión de la importación de ropa y calzado de segunda mano durante tres años. En una declaración conjunta emitida durante una cumbre de 2016 en Arusha, Tanzania, los presidentes de la CAO señalaron que la medida ayudaría a impulsar las industrias locales del algodón, el textil, el vestido y el cuero.

Actualmente, los bienes de segunda mano importados representan un importante negocio en toda África. Según USAID, la agencia estadounidense para el desarrollo internacional, la ropa de segunda mano genera aproximadamente 355.000 puestos de trabajo en la CAO y unos 230 millones de dólares USD en ingresos (estimación que USAID describe como conservadora).

Teniendo en cuenta que se reciben desde autos de segunda mano hasta equipos médicos y ropa, los críticos afirman que el continente es un vertedero de los bienes de consumo usados del Norte y elogian a la CAO por tomar medidas para invertir la situación actual.

Sin embargo, quienes se oponen a la prohibición señalan que suprimirá una fuente importante de ropa barata y de buena calidad procedente de bloques comerciales como Estados Unidos y la Unión Europea, al tiempo que va a perjudicar a los trabajadores y los empresarios de este sector, sin mencionar que amputaría a la región millones de dólares en ingresos fiscales. Kenia, por ejemplo, recaudó 54 millones de USD en aranceles sobre 100.000 toneladas de ropa usada importada en 2013, según la publicación Global Recycling.

La eliminación gradual de la ropa usada, que ya ha comenzado, continuará hasta 2019. Esta medida forma parte de Vision 2050 de la CAO, un plan sobre la prosperidad económica y social, así como de su política de industrialización, ambos destinados a mejorar un sector manufacturero que actualmente sólo representa el 8,7% del producto interno bruto regional, con la intención de que alcance el 25% en 2032.

“Tomar la decisión es sencillo, habrá que asumir las consecuencias”

Uganda, Ruanda y Tanzania ya aumentaron los aranceles sobre la ropa de segunda mano, al tiempo que han ofrecido incentivos a los fabricantes para que inviertan en el sector textil local.

Tanzania ha duplicado los impuestos sobre la importación de ropa usada de 0,20 USD a 0,40 USD por kilogramo, además de anunciar planes para dar formación cada año a 2.000 jóvenes en el ámbito de la confección.

Por su parte, Uganda ha aumentado al 20% las tasas medioambientales impuestas a la ropa usada que antes eran del 15% sobre el costo y el valor del seguro de transporte.

Ruanda es el país que probablemente ha hecho el mayor compromiso para dejar de importar ropa usada, ya que ha aumentado sus derechos de 0,20 USD por kilo a 4 USD en este año financiero, y este gravamen aumentará a 5 USD por kilo.

Estados Unidos ha reaccionado enérgicamente a la prohibición de la CAO, amenazando con suprimir a Kenia, Uganda, Ruanda y Tanzania del Acta de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA, por sus siglas en inglés), que ofrece aranceles comerciales preferenciales a los países participantes de África subsahariana [Nota del editor: Burundi y Sudán del Sur ya no forman parte del acuerdo].

La Asociación de materiales secundarios y materiales reciclados de EEUU, que ha encabezado una petición para revisar el acuerdo con estos cuatro países, señaló que la medida para frenar las importaciones de ropa usada actuaría como una barrera al comercio estadounidense, lo que va en contra de los términos de la AGOA.

Como resultado de la presión estadounidense, Kenia, que según TradeMark East Africa “es el que más perdería con la suspensión de sus privilegios de exportación de textiles libres de impuestos que cualquier otro país de la CAO”, decidió en junio pasado derogar su plan de gravar la ropa de segunda mano con 0,40 USD por kilo. TradeMark East Africa afirma que “Kenia vendió 394 millones de USD en textiles y ropa en el mercado estadounidense el año pasado, en comparación con los 43 millones de USD que representó el total del comercio de Ruanda, Tanzania y Uganda en el marco de la CAO”, lo cual probablemente explica por qué Kenia no desea abandonar el acuerdo comercial.

Sin embargo, como señala Peter Njoroge, antiguo director de comercio de la Comunidad Africana Oriental y ahora experto en comercio regional, la decisión de prohibir las importaciones de ropa usada no puede ser ignorada o revocada por un solo país.

“La CAO es una unión aduanera que exige decisiones conjuntas de los Estados socios”, explicó Njoroge a Equal Times.

Hasta la fecha, Ruanda, Uganda y Tanzania han mantenido su posición con respecto a la prohibición. Los medios de comunicación locales citaron las palabras del presidente de Ruanda, Paul Kagame, el defensor más abierto de la prohibición, cuando afirmó que la ropa de segunda mano compromete la dignidad de sus ciudadanos, y que la presión de EEUU no va a tener ninguna influencia.

"Esta es la decisión que pensamos que debíamos tomar. En lo que a mí respecta, tomar la decisión es sencillo, habrá que asumir las consecuencias. Incluso cuando nos vemos confrontados a decisiones difíciles, siempre hay una salida”, afirmó.

Asimismo, subrayó: “Ruanda y otros países de la región que se acogen al Acta AGOA tienen que tomar otros rumbos, tenemos que crecer y establecer nuestras industrias”.

El debate sobre las repercusiones

En otros lugares, la prohibición de la importación de ropa usada en la región ha suscitado reacciones encontradas. Mukhisa Kituyi, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, comentó a Equal Times que “la decisión de imponer una prohibición a la ropa de segunda mano echa un balde de agua fría sobre acuerdos comerciales como la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África. Los Estados de la CAO deben hablar al unísono al desvelar las diferentes posiciones tomadas con respecto a la prohibición”. Kituyi también hizo un llamamiento a los países de la CAO y a Estados Unidos para llegar a un entendimiento recíproco.

Sin embargo, Lilian Awinja, presidenta ejecutiva del Consejo Empresarial de África Oriental (EABC, por sus siglas en inglés), considera que la prohibición es positiva. En sus comentarios a este medio señaló que permitirá el tipo de creación de empleo, de reducción de la pobreza y de avance tecnológico que sólo puede lograrse fomentando la manufactura local.

“Los países de la Comunidad Africana Oriental han estado desarrollando su industria textil para tener la seguridad de ser capaces de suministrar ropa nueva decente y a precios competitivos que reemplace la demanda de ropa usada”, aseguró, al tiempo que añadió que la región tiene como objetivo incrementar la producción en un 25% para 2032.

Betty Maina, secretaria principal de Kenia para África Oriental, coincide con la evaluación de Awinja.

“La prohibición beneficiará a la industria y aumentará el acceso a los productos fabricados localmente en la región, y al mismo tiempo creará más oportunidades de empleo”, explicó.

Asimismo, afirmó que Kenia no ha vuelto la espalda a su promesa de reducir el consumo de ropa usada; por el contrario, Maina indica que Kenia sólo busca aumentar la disponibilidad de ropa nueva, asequible y de fabricación local en la región para garantizar la posibilidad de elección del consumidor.

No obstante, existe el peligro de que las fábricas locales no puedan incrementar a tiempo su producción para cubrir el déficit creado por la prohibición. En tal caso, es probable que China cubra este desfase, que ya es la mayor fuente de ropa nueva en la región de la CAO.

Sin embargo, aunque la ropa hecha en China representó el 58% del total de importaciones de ropa nueva a la CAO en 2015, la calidad suele ser baja en comparación con la ropa usada importada. Asimismo, gran parte de la ropa se importa ilegalmente y, por lo tanto, no está gravada.

Como solución, la organización no gubernamental de investigación y promoción del comercio mundial CUTS International Geneva ha formulado varias recomendaciones, incluyendo un enfoque de la prohibición por etapas de cinco a ocho años. Además, el centro regional de comercio e inversión para África Oriental de USAID sugirió recientemente que no era necesaria una prohibición para impulsar la industria manufacturera de la región.

“Sería aconsejable que los responsables políticos de la Comunidad Africana Oriental mantuvieran tanto el sector de la ropa usada como los beneficios a la exportación que concede la ley preferencial AGOA al tiempo que se concentran en el desarrollo de la industria nacional, sabiendo que ambos objetivos no son excluyentes”, concluía este centro regional.

Este artículo ha sido traducido del inglés.