Siete maneras de consolidar la economía solidaria

Opinión

La economía solidaria es un movimiento global dedicado a la construcción de un mundo poscapitalista que dé prioridad a las personas y al planeta en lugar de buscar el crecimiento ciego y la maximización de los beneficios. No se trata de un modelo sino de un marco que abarca un amplio abanico de prácticas económicas que están en consonancia con sus valores: solidaridad, democracia participativa, equidad en todas sus dimensiones —"raza", clase y género—, así como sostenibilidad y pluralismo, lo que significa que no puede ser un planteamiento único. No obstante, el concepto de buen vivir, o vivir bien y en armonía con la naturaleza y con el prójimo, impregna toda la labor de este movimiento.

Algunas de estas prácticas son antiguas y otras son nuevas; algunas son convencionales y otras son “alternativas”. Las prácticas de la economía solidaria existen en todos los sectores de la economía: producción, distribución y comercio, consumo, finanzas y gobernanza/Estado. Las más conocidas son las cooperativas y uniones de crédito de propiedad colectiva y gestionadas por sus miembros; pero estas no son más que un par de ejemplos. Otros tipos de organizaciones son los fideicomisos colectivos de tierras, la presupuestación participativa, las monedas sociales, los bancos de tiempo, el préstamo entre pares, los sistemas de trueque, el intercambio de regalos, las huertas comunitarias, las ideas en torno a los bienes comunales, algunos tipos de comercio justo y economía colaborativa, y el trabajo de cuidados no monetizado.

La idea de la economía solidaria consiste en utilizar todas estas prácticas y entretejerlas, con el objetivo de transformar el capitalismo, elevando y alentando lo mejor de nosotros mismos.

En lugar de convertir en virtudes la búsqueda del interés personal calculado, la maximización de los beneficios y la competencia —elementos que sustentan el capitalismo—, este tipo de economía nutre nuestra capacidad de solidaridad, cooperación, reciprocidad, ayuda mutua, altruismo, empatía, intercambio, compasión y amor. A través de múltiples disciplinas, la investigación está dejando cada vez más patente que estamos predispuestos a la cooperación y que en realidad la supervivencia de la especie humana ha dependido de nuestra capacidad para trabajar juntos.

Si le parece que esto es algo que usted desearía apoyar, le presentamos a continuación siete maneras de contribuir a consolidar la economía solidaria.

1. Aumente el autoaprovisionamiento y la producción comunitaria

A lo largo de la historia las comunidades han cultivado y se han procurado alimentos; han construido carreteras, sistemas de riego y viviendas; han desarrollado medicamentos y fabricado prendas de vestir, muebles y objetos de arte para su propio mantenimiento. Pero la sociedad capitalista nos incita a comprar todas estas cosas, por lo que necesitamos un trabajo que nos permita ganar dinero para pagarlas. Desde la crisis económica mundial del año 2008 se teme cada vez más por la inestabilidad y la fragilidad de este tipo de economía. Si a esto le añadimos el pronóstico de que el 40% de los puestos de trabajo en Estados Unidos podrían reemplazarse por la inteligencia artificial y la automatización, resulta más urgente todavía plantearse otros métodos que permitan a las comunidades valerse más por sí mismas para sobrevivir al inminente colapso económico y a la destrucción masiva de puestos de trabajo.

La producción comunitaria utiliza tecnologías poco avanzadas para responder a las necesidades humanas, como es el cultivo de alimentos y la cría de pollos en huertas comunitarias y paisajes urbanos “comestibles”, así como el trueque (mercadillos), redes de ayuda mutua e intercambios de saberes. Pero también se extiende a la democratización de las tecnologías punteras. En Detroit, por ejemplo, donde algunas comunidades han estado viviendo durante décadas con un nivel de desempleo descomunal, el centro James and Grace Lee Boggs Center to Nurture Community Leadership and Incite/Focus, un “fab lab” que pone la tecnología de fabricación puntera en manos comunitarias, promueve todo un espectro de experimentos de producción comunitaria, desde la permacultura, el trueque y el intercambio de saberes, hasta los edificios impresos en 3D y la fabricación digital mediante el diseño asistido por ordenador.

2. Desplace su dinero

Si usted tiene una cuenta en uno de los grandes bancos, plantéese trasladar su dinero a una unión de crédito local. Las uniones de crédito son cooperativas financieras que son propiedad de y están gestionadas por sus miembros, los titulares de las cuentas. Mejor todavía: encuentre una unión de crédito de desarrollo comunitario que esté comprometida con el servicio a las comunidades de ingresos bajos y moderados. Las uniones de crédito son exactamente lo mismo que un banco en el que uno puede abrir una cuenta de ahorro o una cuente corriente, obtener una tarjeta de débito/cajero automático y solicitar un préstamo, pero que (por lo general) no se han involucrado en los tipos de préstamos predatorios y demás trapicheos financieros que provocaron el derrumbe de la economía en 2008.

3. Invierta o haga un regalo a las nuevas instituciones económicas

Hay muchas maneras de apoyar la economía solidaria desde el ámbito financiero. Por ejemplo, las Ofertas Públicas Directas se han convertido en una forma popular y satisfactoria de reunir capital para las cooperativas. Las Ofertas Públicas Directas se ponen en contacto con la comunidad para encontrar inversores que estén dispuestos a aceptar unos tipos de interés relativamente bajos porque creen en la misión de la empresa. El sistema de círculos de préstamos, una práctica antiquísima que se está volviendo cada vez más popular, consiste en reunir a un grupo de personas que cada mes aportan una determinada cantidad de dinero, y después cada uno de los miembros tiene un turno para recibir el fondo completo de dinero sin intereses. También existe la opción de participar en campañas de financiación colectiva (crowdfunding) y en otras formas de apoyo a redes y organizaciones de economía solidaria.

4. Dé prioridad al uso, no a la especulación, de la vivienda

Nuestro sistema actual de bienes inmuebles da lugar a unos resultados disparatados. Haciendo una estimación a la baja, por ejemplo, en Estados Unidos más de medio millón de personas duermen cada noche en la calle, a pesar de que existen 5,8 millones de viviendas vacías (excluyendo las viviendas de temporada y las que están en venta). Una de las razones de este desajuste es que la vivienda se ha convertido cada vez más en un bien especulativo —un activo con el que apostar por una enorme ganancia potencial— en lugar de ser algo para responder a nuestras necesidades humanas. La especulación provoca una creciente falta de alojamiento al mantener las viviendas fuera del mercado y disparar los precios, sino que también puede implosionar, como sucedió de manera espectacular en 2008, dando lugar a una crisis económica mundial.

Si usted está estudiando las diferentes opciones de vivienda, le recomendamos las viviendas de renta limitada como son los fideicomisos colectivos de tierras y algunas cooperativas y promociones de coviviendas que retiran las viviendas del mercado especulativo. En estos proyectos se limitan los precios de reventa con vistas a mantener la asequibilidad. Aunque así se impide que personas de ingresos bajos y moderados puedan acumular riqueza a través de la revalorización inmobiliaria, el modelo de renta limitada permite precisamente que los precios sean asequibles.

5. Sea su propio jefe: busque un trabajo en una cooperativa de trabajadores o inicie la suya propia

Las cooperativas de trabajadores son propiedad de y están gestionadas por sus trabajadores, que son quienes deciden cómo llevar su negocio y qué hacer con los beneficios, si compartirlos, reinvertirlos en la empresa y/o asignar parte de ellos a proyectos comunitarios. Esto contrasta con los negocios capitalistas en los que los propietarios captan todos los beneficios generados a través del trabajo de los empleados —un proceso de explotación así como una lucha de clases—.

Algunas ciudades como Nueva York y Madison (Wisconsin) están invirtiendo millones de dólares en crear y financiar cooperativas de trabajadores como parte de una estrategia de desarrollo económico inclusivo para crear empleo y riqueza ofreciendo oportunidades en comunidades de ingresos bajos y comunidades de color. Si le interesa esta forma de democracia económica, intente buscar un trabajo en una cooperativa existente o crear la suya propia. Es un reto, pero el creciente sistema de apoyo que proporciona programas de formación en cooperativas y otras formas de apoyo le ayudarán a desenvolverse a su manera.

6. Póngase en contacto y hable con otras personas que integran el sistema económico emergente

Si está interesado, busque más información sobre lo que está sucediendo y plantéese incorporarse a la U.S. Solidarity Economy Network o al RIPESS (Réseau intercontinental de promotion de l’économie sociale solidaire) para otras partes del mundo. Si usted es escritor, escriba sobre ello; si es estudiante, estúdielo; si es docente, enséñelo; si usted es activista, anime a su organización a adoptar un marco de economía solidaria. Si usted es político, promueva políticas que apoyen la economía solidaria; si usted ya pertenece a una institución del tipo cooperativa, intente ponerse en contacto con otras personas para desarrollar cadenas de suministro que trabajen en sintonía con los principios de solidaridad. Hay infinidad de maneras de contribuir a fortalecer y dar mayor visibilidad a la economía solidaria. El simple hecho de hablar de ello ya resulta valioso.

7. Viva según los principios

El capitalismo nutre unos valores y comportamientos competitivos, calculadores y de interés propio, pero Elinor Ostrom (que ganó el Premio Nobel por su trabajo sobre las bienes comunales) y otras personas han documentado cómo los recursos gestionados de manera comunitaria, ya sean bosques, pesquerías, áreas de pastoreo o agua, pueden gestionarse de manera más eficiente, sostenible y equitativa que los recursos que se hallan en manos privadas, siempre y cuando existan normativas y mecanismos de aplicación para evitar posibles abusos de este sistema.

Necesitamos construir y desarrollar una economía que se base en la totalidad de nuestro ser y que fomente la solidaridad. Estamos implicados en el valioso trabajo social y económico de proporcionar cuidados a nuestros hijos, mayores, vecinos y comunidades —no por dinero, sino por nuestra capacidad innata de amor, amistad, reciprocidad, empatía y compasión—. Reconozca, por tanto, que la economía solidaria ya forma parte de su vida. Siga desarrollando lo mejor de sí mismo y vívala bien.

Para más información sobre la economía solidaria y el movimiento global para hacerla realidad, visite http://www.ussen.org

Este artículo ha sido traducido del inglés.

Este artículo se publicó por primera vez en openDemocracy.