Un proyecto finlandés de vivienda demuestra que la situación de las personas sin hogar es evitable

Un proyecto finlandés de vivienda demuestra que la situación de las personas sin hogar es evitable

There are currently approximately 5,500 homeless people in Finland, a country of approximately 5.5 million people.

(AP/Ted S. Warren)
News

En abril, Rita Lahtinen, de 54 años, por fin se mudó a su propio hogar tras siete años viviendo en albergues temporales. “Me ha cambiado la vida”, nos cuenta. El sol entra a raudales por los grandes ventanales de este piso de una habitación ubicado en Helsinki, la capital finlandesa. En una esquina hay una pequeña cocina. Además tiene un sofá, una cama y un gran escritorio donde trabaja en sus creaciones artísticas. Casi todos los muebles son de segunda mano, aunque algunos son nuevos.

“Si vives en un albergue resulta difícil llevar a cabo cualquier tipo de trabajo exigente. Aunque allí puedes dormir, ducharte y lavar tu ropa a diario, resulta difícil si para tu trabajo necesitas pensar. Allí el ambiente es muy agitado”, nos explica. “Todos están esperando para conseguir un alojamiento. Si tienes suerte puedes conseguir una vivienda de alquiler, pero la mayoría de nosotros tenemos un historial crediticio desfavorable o directamente no tenemos ninguno”, asegura Rita, que antes era propietaria de un bar y acabó debiendo cientos de miles de euros en impuestos tras vender su negocio en 2002, lo cual la hundió en una espiral de deudas que la dejó sin hogar.

Como las listas de espera son largas, la historia de Rita de pasar años viviendo en diferentes albergues no es única. Sin embargo, Finlandia está trabajando para cambiar las cosas. Actualmente es el único país de Europa donde está disminuyendo la cifra de personas sin hogar, gracias a un programa llamado La vivienda es lo primero.

La idea es sencilla: todo el mundo tiene derecho a un lugar donde vivir, incluso las personas con complejos problemas psicosociales, financieros o de salud, como las adicciones o una mala calificación crediticia. En teoría resulta más fácil abordar los múltiples problemas a los que se suelen enfrentar las personas en situación sin hogar si dicha persona tiene un hogar estable.

Juha Kaakinen es el director general del proveedor finlandés de viviendas asequibles de alquiler Y-Foundation, proveedor que dispone de más de 17.000 apartamentos en ciudades y municipios de todo el país. Como director del cuarto mayor arrendador de Finlandia, Juha estuvo involucrado en el desarrollo del llamado ‘modelo finlandés’ desde sus orígenes. En 2007, el entonces ministro de Vivienda de Finlandia, Jan Vapaavuori, creó un grupo de trabajo para solucionar el tema de la situación crónica de las personas sin hogar, pues las estrategias ya existentes no lo estaban abordando por aquel entonces.

Juha, que fue el secretario de dicho grupo de trabajo, explicó a Equal Times que “la base es que todo el mundo puede vivir independientemente con el apoyo adecuado. Se trata de ofrecer un hogar permanente y acabar con el modelo del alojamiento temporal. El alojamiento temporal no ofrece mucho en términos de construcción de una vida estable”.

El modelo finlandés se basa en cuatro principios. Primero: que el alojamiento permanente permite a las personas vivir de manera independiente. Segundo: que la gente puede elegir cómo interactuar con los servicios y que no es necesario dejar de consumir totalmente las sustancias adictivas; de hecho, el proyecto está más enfocado a una reducción de daños que respete la autonomía de las personas. Tercero: los trabajadores se reúnen con los usuarios y les tratan como a iguales y tienen como objetivo generar confianza y empoderarles. El cuarto principio consiste en apoyar la integración de estas personas en su comunidad y en ayudarles a construir redes sólidas.

Diferentes modelos

El modelo finlandés se creó independientemente del modelo estadounidense que ostenta el mismo nombre. La vivienda es lo primero surgió por primera vez en Nueva York a principios de la década de 1990. Lo impulsó una organización llamada Pathways to Housing en respuesta a las necesidades de la gente con problemas de salud mental. Desde entonces se ha implementado en varias ciudades, incluida Nueva Orleans después del 2005, fecha en la que el huracán Katrina duplicó la cifra de personas sin hogar de la ciudad.

Aunque los principios son parecidos en ambos países, las principales diferencias residen en que en Finlandia el apoyo está diseñado de manera más individual en base a las necesidades del usuario y eso es posible gracias a la mayor calidad de los servicios sociales públicos. Asimismo, los usuarios pagan el alquiler ellos mismos y pueden optar a los subsidios de vivienda como cualquier otro finlandés, aunque las ONG sí están implicadas en la gestión de las viviendas. En Estados Unidos, la organización que se encarga de la vivienda asume la responsabilidad del alquiler y se lo deduce al usuario directamente de sus ingresos.

El programa finlandés se basa en la cooperación entre el Estado, los ayuntamientos y las organizaciones del sector servicios. Por ejemplo, el contrato de arrendamiento de Rita Lahtinen se firmó con la ciudad de Helsinki, pero la vivienda subvencionada donde reside la gestiona VVA (Vailla Vakinaista Asuntoa o No Fixed Abode), una ONG que trabaja para ofrecer y mejorar los servicios a las personas sin hogar.

Rita considera que el apoyo es indispensable, aunque ahora le va bien y después del verano empezará a trabajar a tiempo parcial en un proyecto de arte. “Ha sido como un trampolín para mí”, asegura.

Hoy en día hay aproximadamente 5.500 personas sin hogar en Finlandia, un país de unos 5,5 millones de habitantes. La mayoría se aloja en casa de amigos y familiares; la cifra de personas sin hogar en la calle tan solo asciende a unos pocos cientos.

Este número relativamente bajo es el resultado de la cooperación entre diferentes actores que se inició en la década de 1980, incluso antes de que se desarrollara el modelo de La vivienda es lo primero. Según Y-Foundation, en los últimos 30 años han encontrado viviendas para más de 12.000 personas.

VVA ayuda a los que tienen necesidades urgentes, gestiona un albergue nocturno y ofrece otros servicios de fácil acceso. Todo lo que hace gira en torno a las experiencias que han vivido las personas sin hogar. Sin embargo, la demanda es más alta que su capacidad. Uno de los grupos de personas sin hogar que más rápido están creciendo es el de los inmigrantes, pues en Finlandia resulta difícil acceder a los servicios si la persona no está empadronada en el ayuntamiento. Además, las barreras lingüísticas pueden impedir que la gente conozca sus derechos, mientras que los prejuicios hacen que sea más difícil conseguir un trabajo o una vivienda si la persona tiene un nombre foráneo.

“El modelo de La vivienda es lo primero ha aportado muchas cosas positivas, pero en los últimos años hemos visto cada vez más gente en situaciones aún más vulnerables”, explica Erja Morottaja, de VVA. “Cada vez hay más gente joven en peores condiciones que antes, a menudo con antecedentes en los servicios para menores y que han caído por varias redes de seguridad”. A principios de la década de 1990, Finlandia sufrió una profunda crisis económica que provocó el desempleo masivo, la pobreza y los recortes en los servicios sociales. Dicha época de austeridad dejó una marca indeleble en los que crecieron en ella, lo cual es evidente incluso hoy en día.

Erja cree que los principios de La vivienda es lo primero se pueden aplicar en otros países, aunque los sistemas de protección social sean diferentes. “Tener un hogar es un derecho humano. Ese es el punto de partida estés donde estés. El asunto es cómo lograr que eso ocurra”, advierte. Mayormente, VVA opina que los que han pasado por esa experiencia tienen que estar involucrados en la toma de decisiones para encontrar soluciones.

Interés internacional

El interés internacional en el programa La vivienda es lo primero está aumentando y su modelo ya se ha probado en toda Europa. Según Juha, la diferencia entre muchos de los ensayos en otros países y el programa finlandés es que en Finlandia La vivienda es lo primero no es un proyecto, sino un cambio drástico de la política nacional de vivienda. Hoy en día, Escocia está avanzando para convertirlo en un objetivo de la política nacional y en Dinamarca el modelo también se ha ampliado. Sin embargo, en la mayor parte de los países “las estadísticas demuestran que lo único que ofrecen son albergues temporales. A esto se le suma el hecho de que no hay viviendas de protección oficial ni un sistema de subsidios para la vivienda”, según Juha.

La FEANTSA (Federación Europea de Asociaciones Nacionales que Trabajan con Personas sin Hogar) ha publicado el nivel del progreso que se está haciendo para lograr que La vivienda es lo primero sea una medida de intervención pública. Este varía considerablemente, desde el modelo finlandés y los experimentos nacionales a gran escala subvencionados por el gobierno, como en el caso de Bélgica, Francia e Italia, hasta los experimentos locales con un fuerte respaldo político, como en España e Irlanda, o los que no reciben apoyo, como en Hungría.

Según un informe de 2016 de la Comisión Europea, los resultados derivados de la aplicación de La vivienda es lo primero fueron principalmente positivos. En los casos en que se han dado resultados dispares se debió, sobre todo, a dos cuestiones: el nivel de apoyo que recibió el proyecto y si las viviendas se dispersaron o concentraron en zonas subvencionadas como la de Rita.

A los activistas les preocupa que el último caso concentre los problemas en una zona y pueda estigmatizar a los usuarios.

“Los fracasos casi siempre tienen que ver con que no se ha recibido el suficiente apoyo”, asegura Juha. “Algunas personas pueden vivir solas, mientras que otras necesitan el apoyo que aporta la comunidad. No existe un modelo único para todos. Lo mismo ocurre con el apoyo. Por ejemplo, si alguien necesita tratamiento para su adicción, no basta con meterle entre cuatro paredes. Hace falta la gente”.

Erja, de VVA, afirma que no existen soluciones fáciles para los problemas que varían considerablemente de un país a otro. “Sin embargo, sí existe un denominador común: no hay suficientes viviendas y las que hay son demasiado caras. La vivienda es un gran negocio. Los gobiernos tienen que asegurarse de construir viviendas y que estas sean asequibles”.