Una empacadora de banano habla contra la violencia y el acoso: “Vamos a la buena de Dios”

Una empacadora de banano habla contra la violencia y el acoso: “Vamos a la buena de Dios”

Women compromise just 7 per cent of all banana sector workers but they suffer from lower wages, sexual harassment, domestic violence and increased exposure to toxic pesticides.

(AP/Kent Gilbert)

Entre el 11 y el 13 de octubre de 2017, la Confederación Sindical Internacional (CSI) celebró su 3ª Conferencia Mundial – Asamblea de Organización de Mujeres en San José, Costa Rica, donde sindicalistas de más de 60 países se reunieron para preparar sus estrategias de promoción de la igualdad de género y la equidad en el mundo del trabajo.

Uno de los temas de discusión fue la campaña para lograr que los gobiernos apoyen la adopción de un instrumento vinculante de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en forma de un Convenio (complementado por una Recomendación) para acabar con la violencia de género y el acoso en el mundo del trabajo. Durante la Asamblea, Equal Times habló con una sindicalista de Honduras que trabaja como empacadora de bananos y que se encuentra en primera línea de esta lucha.

Honduras es uno de los lugares más peligrosos del mundo para los sindicalistas. Tan sólo en 2016 dos decenas de activistas sindicales fueron asesinados o sufrieron amenazas. Según la ONG británica Banana Link, las mujeres representan apenas el 7% de los trabajadores empleados en la cosecha y empaquetado de bananos en América Latina, una proporción que ha bajado en un 60% debido a la percepción de que las mujeres son trabajadores de “alto costo y alto riesgo”.

Las trabajadoras suelen cobrar menos que sus compañeros masculinos y muchas se ven obligadas a complementar sus ingresos vendiendo comida en sus lugares de trabajo. Se enfrentan además al acoso sexual y a la violencia doméstica, siendo particularmente vulnerables a la exposición de los pesticidas tóxicos empleados en el cultivo del banano. La empacadora y sindicalista con la que hablamos pidió guardar el anonimato, temiendo por su seguridad personal o la posibilidad de perder su empleo.

¿Cuál es el camino que le ha llevado a ser empacadora de bananos y sindicalista?

Yo comencé a trabajar desde los 15 años en una empresa transnacional que se dedica a exportar banano [por los motivos de seguridad mencionados, no identificaremos el nombre de ésta]. Comencé a esa edad porque cuando estaba en secundaria me quedé embarazada y mi padre, por la situación económica, no me pudo seguir dando estudios. En la empresa en la que trabajo, los padres que llegan a la edad de jubilarse tienen derecho a dejar un hijo trabajando. Entonces yo me quedé en lugar de mi padre, y desde que uno entra ya está afiliado a la organización sindical.

¿Puede describirnos su jornada laboral?

Nosotros comenzamos a las 7 de la mañana y, según sea el periodo de producción, podemos laborar 12 horas continuas, con intervalos de media hora para el almuerzo y 15 minutos para tomarnos un descanso hacia las 2 de la tarde. Es un trabajo muy cansado y nuestro salario está ligado al número de cajas que saquemos. Una caja de banano en EEUU [a donde se exporta gran parte de la producción] vale 14 dólares USD, y a nosotras acá en Honduras sólo nos pagan 35 centavos [de dólar] por caja. A veces, hay embarcaciones que están esperando esas cajas que nosotros estamos procesando para ese día, y no pueden esperar más. Entonces se nos presiona para que la producción salga ese día.

Usted es, además, madre de dos hijos. ¿Cómo es su vida familiar?

Cuando regreso a casa preparo la cena para mis hijos, para mi esposo y para mí. Además, dejo preparado para el siguiente día, porque llevo mi desayuno y mi almuerzo al trabajo. Me acuesto a las 10 de la noche, después de laborar 12 horas. Y quien cuida mis hijos es mi madre, porque nosotros no contamos con una guardería donde poder dejar a nuestros hijos.

¿Cómo ha repercutido en su vida el hecho de pertenecer a un sindicato?
He recibido muchas capacitaciones de mi organización, pero al mismo tiempo, nos cierran los espacios a nosotras las mujeres. He aprendido muchas cosas: cómo defenderme ante el patrón y, muchas veces, frenar lo que son acosos laborales y sexuales. Pero la dificultad que hemos tenido como mujeres es que muchas veces no nos toman en cuenta dentro del movimiento sindical. Le voy a poner un ejemplo claro: en los convenios colectivos no hay mujeres, solo hombres. Ellos negocian como ellos quieren sin tomar en cuenta nuestras necesidades como mujeres [por ejemplo, protección de la maternidad, cuidados infantiles y controles médicos tras estar expuestas a pesticidas].

Honduras es uno de los países más peligrosos del mundo para los sindicalistas. ¿De qué manera afecta esto a las trabajadoras en particular?

De muchas maneras. Por ejemplo, salimos del trabajo demasiado tarde. Y muchas mujeres vivimos bastante lejos del centro de trabajo. Entonces nos exponemos a que nos asalten, que nos violen o que nos maten. Nosotros recibimos nuestra paga los viernes. Esos días son muy peligrosos para nosotras las mujeres, porque llevamos nuestro salario con nosotras. Y los ladrones ya están a la expectativa, conocen los días en que nosotras cobramos.

La empresa tiene un bus que transporta a algunas de las mujeres hasta sus casas, dependiendo de dónde vivan. Otras viajamos en motocicleta, y es peligroso. No llevamos armas porque eso no haría sino empeorar la situación. Entonces, nos vamos “a la buena de Dios”.

¿Qué medidas concretas podrían adoptarse para mejorar su vida?

La mejora de los salarios. También podrían mejorar los horarios de trabajo, que no sean tan extensos y nos resulten favorables. Porque trabajamos 12 horas diarias, y cuando salimos es muy de noche. A veces tardo hasta una hora en llegar hasta mi casa, porque las carreteras están muy deterioradas en Honduras. Todo lo que queremos es ganar suficiente dinero para mantener a nuestras familias y saber que no estaremos en peligro por hacerlo.

This article has been translated from Spanish.