Bretaña y Gran Bretaña: el “Brexit” pone a prueba una relación histórica

Bretaña y Gran Bretaña: el “Brexit” pone a prueba una relación histórica

Four in the morning on 10 May 2017, and a fresh catch of fish and shellfish passes along the conveyor belt in front of the buyers at the Lorient port auction house. These days sales are computerised using these black remote controls, rather than by the crying out that gave the auction house its original name, the “criée”.

(Giovanni Vale)
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En la terminal de transbordadores del puerto de St. Maló, la salida del siguiente ferri está prevista para dentro de una hora. El control de pasaportes, justo antes de embarcar, transcurre lentamente. La travesía del canal de la Mancha comienza aquí, en un ambiente relajado y con los gritos de las gaviotas como ruido de fondo. A continuación, un largo crucero llevará la embarcación hasta la otra orilla, a Inglaterra, y cuesta trabajo creer que en el medio, en un lugar insondable, entre una y otra ola, se atraviesa una frontera.

Sin embargo, al cabo de algunas decenas de kilómetros, las aguas territoriales francesas dan paso a las aguas británicas y esta realidad, a la que apenas se prestaba atención, se ha convertido en los últimos meses en gran motivo de preocupación en estas costas de Bretaña.

¿Erigirá el Brexit un muro en el canal de la Mancha?

En este extremo oeste de Francia son varias las actividades y las comunidades que pueden efectivamente sufrir las consecuencias del referéndum del 23 de junio de 2016, empezando por el sector que más depende de las corrientes del Atlántico.

Bretaña es la primera región de Francia para la pesca, pero la mitad de sus buques faenan en aguas británicas. En el puerto de Lorient (el más importante del país en términos de valor de peces capturados), esta situación es particularmente alarmante. El 80% de la actividad de los armadores que pescan en alta mar, como Scapêche, el de mayor envergadura y que emplea a 250 marinos y oficiales, depende de la zona económica exclusiva (ZEE) del Reino Unido.

A tal grado, que “dejar las actividades pesqueras de altura fuera de las zonas inglesas parece absolutamente inconcebible”, como comentaba recientemente al diario Les Echos el presidente de Scapêche, Sylvain Pruvost.

Pero hasta ahora, los arrastreros podían navegar en aguas británicas gracias a la política pesquera común (PPC), uno de los programas más acertados de la Unión Europea (UE). En lo sucesivo, cabe preguntarse: ¿qué va a pasar cuando Londres firme su salida oficial de la UE?

“En las negociaciones que tendrán lugar en Bruselas, nuestros marinos son los que más tienen que perder”, afirmó en Rennes Olivier Le Nezet, presidente del Comité Regional de Pesca Marítima y Cultivos Marinos (CRPMEM).

Con sus 22 puertos, 5.000 marinos y cerca de 600 empresas activas en el sector, la Bretaña teme que sus zonas de pesca se vean enormemente limitadas. Varias embarcaciones se verán obligadas a faenar en aguas francesas, sin que necesariamente haya lugar para ellas.

Sin embargo, la prohibición de acceso a las aguas británicas no es el único riesgo posible que se desprende del Brexit.

“Los 27 Estados miembros dialogarán conjuntamente con el Reino Unido, pero ¿también habrá negociaciones dentro de la Unión Europea? Los españoles siempre han considerado que las cuotas de pesca establecidas por la PPC son demasiado favorables para Francia”, señaló Le Nezet, antiguo pescador que se vio obligado a abandonar su embarcación tras 24 años de actividad.

“De no haber sido por un cáncer, yo seguiría en el mar y no aquí, ¡vestido de pingüino!”, afirma antes de entrar en su coche para dirigirse a su siguiente cita.

Ante estas inquietudes, los bretones piensan, sin embargo, que aún tienen algunas cartas en la manga: el negociador de la Comisión Europea para el Brexit es el francés Michel Barnier, antiguo ministro de Agricultura y Pesca, pero sobre todo, cuentan con el presidente de la región de Bretaña y antiguo alcalde de Lorient, Jean-Yves Le Drian, que ha sido nombrado ministro de Europa y Asuntos Exteriores por el presidente Macron.

Acompañado por Le Drian, el nuevo jefe de Estado francés también visitó el puerto de Lorient a principios de junio para entrevistarse con los partícipes en la pesca bretona. A bordo del arrastrero Breizh, Macron prometió responder con “la acción” a las reivindicaciones de la gente de mar, especialmente durante las negociaciones relativas al Brexit.

Inquietud entre los británicos de Francia

Los pescadores cuentan, pues, con las autoridades de París y Bruselas para hacer oír su voz. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los 13.000 británicos que residen en Bretaña y que manifiestan, por su parte, pocas esperanzas.

Al igual que sus compatriotas residentes en otras partes del continente europeo, los expatriados del Reino Unido han recibido consternados el resultado del referéndum. Si la libre circulación, uno de los pilares actuales de la Unión Europea, es puesta en tela de juicio, podrían verse obligados a partir y a abandonar los pequeños pueblos de Kreiz Breizh (Centro-Bretaña) en los que numerosos británicos se han establecido desde comienzos del año 2000, y en los que representan hasta un tercio de la población.

Maggie Fee vive desde hace más de 15 años en los alrededores de Gouarec, una población con menos de 900 habitantes. “No sabemos cuál será el resultado de las negociaciones”, comenta, encogiéndose de hombros, para luego precisar con aire desamparado: “Personalmente, introduje la solicitud de ciudadanía francesa, pero ya que el proceso es largo, también tuve que pedir un permiso de residencia”.

Esta mujer de larga cabellera rubia forma parte de la Asociación para la integración Kreiz Breizh (AIKB, fundada en 2003), que ayuda a los “recién llegados” a aprender francés y en la gestión de los trámites burocráticos locales.

“Varios miembros de la AIKB vendieron todo lo que tenían en el Reino Unido antes de llegar aquí. Si vuelven, no podrán recuperar la misma calidad de vida”, añade Maggie. Ella misma salió de su país para “cambiar de vida” y “acabar con la ‘carrera de ratas’”, o rutina diaria.

Hoy día, si la comunidad de británicos abandonara los pueblos aislados, las autoridades locales se encontrarían probablemente ante un problema de despoblación y repercusiones directas en la economía local.

Además, según un estudio encargado por la región de Bretaña al Consejo Económico, Social y Medioambiental (CESER) de Rennes y publicado en diciembre de 2016, “el Brexit y el hecho de que los residentes abandonen el país podría afectar indirectamente el servicio público de la región de Centro-Bretaña”. Estos pequeños municipios no solo perderían parte de sus impuestos locales y su dotación global de funcionamiento (DGF) en relación con su población, sino que algunas escuelas podrían verse obligadas a cerrar clases.

Por último, Bretaña también cuenta con 10.000 residencias secundarias propiedad de ciudadanos británicos, que viajan al sur del Canal para pasar vacaciones. A este respecto, la caída de la libra se ha convertido en otra fuente de preocupación para las autoridades de Rennes. Desde junio de 2016, la moneda británica ha caído un 15% frente al euro, provocando una pérdida de poder adquisitivo para aquellos que reciben su nómina o una pensión en esa moneda, pero también para los turistas procedentes del Reino Unido, que representan la principal clientela extranjera en la región.

Una cuestión que Jean-Marc Roué, director general de la empresa naviera de transporte a través de la Mancha, Brittany Ferries, admite seguir muy de cerca. Con sede en Roscoff, en la costa septentrional de Bretaña, la empresa genera el 80% de sus ingresos en libras, pero paga el 80% de sus gastos en euros.

“No tengo ninguna estrategia por el momento, lo único que puedo hacer es esperar a ver cuáles serán las condiciones del Brexit”, explica, al tiempo que observa que “las nuevas barreras arancelarias repercutirán muy probablemente sobre la carga”, mientras que “una caída posterior de la libra podría reducir el número de pasajeros británicos”.

Los efectos de esta situación probablemente se dejarán sentir en los transbordadores que salen lentamente de los puertos del norte de Francia, al tiempo que la isla hacia la que se dirigen parece cada vez más distante.

“Lo que yo constato hasta ahora es que Europa pierde un país de gran calado, un país que ha sido protagonista clave en el desarrollo industrial europeo, que luchó contra el nazismo, en fin, que ha impulsado la creación de Europa”, lamenta Jean-Marc Roué, quien se define ante todo como “ciudadano y empresario europeo” y desea que después de la salida del Reino Unido, la Unión Europea “no se encierre en sí misma como una ostra”, sino que “encuentre la fuerza para revitalizar el proyecto europeo”.

¿Una oportunidad política?

El director de Brittany Ferries no es el único en esperar que el Brexit pueda acarrear finalmente algunas consecuencias positivas. La Unión Democrática Bretona (UDB), el partido autonomista local, tiene la intención de aprovechar el momento para estrechar lazos con sus socios europeos, en especial con el Partido Nacionalista Escocés (SNP) y el Plaid Cymru del País de Gales, dos formaciones decepcionadas con el resultado de la consulta.

Este verano, el festival Intercéltico de Lorient (que cada mes de agosto atrae a la ciudad a más de 700.000 personas), tendrá a Escocia como invitado de honor. Y una fuente cercana a los organizadores ha comentado que uno de los oradores será, Alex Salmond, antiguo primer ministro escocés y líder del SNP.

“Vendrá con un discurso político”, dice nuestra fuente en un arranque de entusiasmo. En lo que respecta al País de Gales, una delegación representando a su primer ministro viajó en marzo de Cardiff a Rennes para dialogar con las autoridades y tantear el terreno con miras a posibles acuerdos posteriores al Brexit.

Presente en la reunión con la delegación galesa, el presidente del CESER, Jean Hamon, confirma que “existe una voluntad de tener vínculos entre ambas regiones” y que las autoridades de Cardiff “se dirigen naturalmente a sus vecinos celtas”.

El Libro Blanco publicado a principios de este año por el Gobierno del País de Gales y el Plaid Cymru parece confirmar esta posibilidad cuando defiende un “enfoque a cuatro naciones” para el Brexit, es decir, negociaciones en las que intervendrían las administraciones descentralizadas de Escocia, Irlanda del Norte y el País de Gales, junto (y en una relación entre iguales) con el Gobierno central de Londres, representando los intereses de Inglaterra. En este caso, el “vecino celta” del otro lado de la Mancha realmente podría desempeñar un papel.

Para satisfacción de Jean-Yves Le Drian, quien, en 2015 deseaba “desarrollar la diplomacia bretona y su capacidad de atracción en Europa”.

No obstante, si Bretaña consigue hacerse oír en Bruselas y defender sus intereses en las negociaciones, la salida del Reino Unido de la Unión Europea acabará, con el tiempo, alejando las dos orillas del canal de la Mancha.

En este estrecho de mar, testigo de varios momentos cruciales de la historia de Europa e, incluso, cuna de uno de sus mitos fundadores, el Rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda, después del Brexit el viaje en transbordador no será más largo, pero la frontera probablemente será mucho más perceptible en medio de las olas.

This story has been translated from French.