Del despido a Ri-Maflow: cuando los trabajadores toman el relevo

 

¿Conocen la historia de la empresa italiana en quiebra que fue retomada por sus antiguos trabajadores y puesta en marcha como una nueva cooperativa, haciendo al mismo tiempo algo por el medioambiente?

Esta es la historia de Ri-Maflow.

 

En marzo de 2013 un colectivo formado por unos cincuenta trabajadores y trabajadoras en la ciudad de Trezzano sul Naviglio, cerca de Milán, decidió ocupar la fábrica en la que habían estado trabajando y hacerla funcionar como una cooperativa, dedicándose a la producción y venta de componentes eléctricos y electrónicos reciclados.

Estos trabajadores habían estado anteriormente empleados por Maflow, una multinacional italiana especializada en la fabricación de tuberías para sistemas de aire acondicionado de automóviles.

Maflow fue líder del mercado durante muchos años, prestando servicios a grandes empresas de automóviles como BMW, su principal cliente.

Pero tras una serie de dificultades financieras, la empresa procedió en 2012 al cierre de sus principales divisiones italianas.

Los trabajadores, no obstante, se negaron a darse por vencidos. Unos días después de los despidos, un grupo de antiguos empleados entraron en la fábrica y volvieron a poner en marcha las máquinas.

Y ahí es cuando nació Ri-Maflow, dando sus primeros pasos como cooperativa social y decidida a garantizar un futuro a los ocupantes de las instalaciones y a sus familias.

 

 

Drama transformado en oportunidad

En su apogeo, Maflow estaba compuesta por 23 fábricas repartidas por todo el mundo, cuatro de las cuales estaban en Italia. La fábrica de Trezzano empleaba, por sí sola, a 350 trabajadores.

Fundada en 1973 con el nombre de Murray, la empresa fue en su comienzo un modelo ejemplar que conciliaba la necesidad de obtener beneficios con un fuerte compromiso a favor de los empleados.

Sin embargo, en 2004 fue vendida a una empresa de capital privado, y en 2009 entró en liquidación después de declararse en deuda de 300 millones de euros.

Se hicieron varias tentativas para mantener la empresa a flote, incluyendo la compra por parte de la sociedad polaca Boryszew, la cual redujo el número de empleados a 80.

Durante ese periodo germinó por primera vez la idea de transformar Maflow en una empresa social.

Sin embargo, en diciembre de 2012 se anunció el cierre definitivo de la fábrica de Trezzano.

Antes del anuncio del cierre, los trabajadores de Maflow ya habían estado organizando sentadas y huelgas para defender sus puestos de trabajo.

Llegaron incluso a montar tiendas y acampar delante de la fábrica. Pero tras el cierre definitivo de la fábrica, decidieron ocuparla.

La pregunta era: ¿qué hacer a continuación.

Michele Morini, uno de los trabajadores, explica: “Estábamos un poco perdidos, pero después de un mes de discusiones varios de nosotros decidimos que podríamos utilizar las instalaciones y el material para poner en marcha una cooperativa.

“Al reutilizar los componentes eléctricos y electrónicos mataríamos dos pájaros de un tiro: crear trabajo a largo plazo para nosotros y hacer una acción positiva para el planeta.”

Así fue como en marzo de 2013 Morini y 16 de sus colegas fundaron Ri-Maflow, con el apoyo de otros 50 antiguos empleados de Maflow. Juntos, fundaron la asociación Occupy Maflow.

“Con las pequeñas indemnizaciones por despido que habíamos recibido, y con las prestaciones de la seguridad social, sabemos que podemos mantener este proyecto en marcha durante un par de años sin tenernos que preocupar demasiado por nuestra subsistencia”, explica Morini.

“Y además, visto el tiempo y la energía que se necesitan estos días para buscar trabajo, hemos decidido invertir en nuestro futuro y en una actividad que respete el medio ambiente.”

 

 

Un sector en rápido crecimiento

Ri-Maflow se ha introducido así en un mercado nicho pero potencialmente rentable. Según

RREUSE, una federación europea de empresas sociales activas en la reutilización y el reciclaje, la necesidad de servicios de clasificación y reciclaje de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) es un sector que está en pleno crecimiento.

Por ejemplo, la UE ha fijado su objetivo de reciclaje de RAEE en cuatro kilos por habitante por año, aunque en países como Alemania este objetivo ya se ha superado, con una cifra que alcanza los siete kilos por persona por año.

La directiva revisada relativa a los RAEE, que está siendo transpuesta a la legislación italiana, establece el objetivo de colecta de RAEE en 20 kilos por habitante por año a partir de 2019.

En Francia, la red de empresas sociales ENVIE – dedicada a la recogida, reutilización y reciclaje de aparatos eléctricos y electrónicos – emplea actualmente a 1.653 trabajadores, 1.076 de los cuales proceden de entornos desfavorecidos.

Se calcula que ENVIE vuelve a poner cada año en el mercado unos 70.000 electrodomésticos reciclados.

Michal Len, Director de RREUSE, explicó a Equal Times: “La reutilización, la reparación y el reciclaje de artículos electrónicos tiene un valor social, económico y medioambiental real.

La aplicación adecuada de las leyes europeas relativas a los residuos, con un acento en la prevención y la reutilización de los residuos, contribuiría a una mayor difusión de buenos ejemplos como el de Ri-Maflow.

La historia de Ri-Maflow muestra cómo las empresas sociales del sector de la gestión de residuos combinan la eficacia de los recursos con la inclusión socioeconómica.”

 

Escribir nuestras propias reglas

Estos últimos meses, Ri-Maflow ha suscitado una atención mediática considerable, tanto en Italia como en el extranjero, y sus miembros han establecido contacto con otras organizaciones parecidas.

A través de la asociación Occupy Maflow, han recibido a delegaciones del movimiento argentino Fabricas Recuperadas, de la organización italiana Officine Zero (una antigua empresa dedicada a la reparación de vagones de tren para el ferrocarril italiano y que en un momento dado fue recuperada por los trabajadores, que la reenfocaron hacia el reciclaje y la reutilización en el sector del transporte) y de la organización griega Vio.Me (otro ejemplo de trabajadores que tomaron el relevo de una empresa de construcción en quiebra y que volvieron a poner en marcha la producción utilizando materiales residuales).

“No hemos hecho más que comenzar. Todavía estamos lejos de la autonomía”, afirma Morini, “pero hemos empezado recibir solicitudes de otros trabajadores que se encuentran en la misma situación y que quieren saber cómo hemos establecido la cooperativa.”

“Hay gente que ha empezado a enviarnos sus currículums. Estos correos me hacen sonreír pero al mismo tiempo guardo la esperanza de que un día podamos proponerles un trabajo a algunos de ellos.

Cuando decidimos poner en marcha Ri-Maflow, sentimos que era la ocasión, tan esperada, para aportar nuestro granito de arena y contribuir a un cambio, por pequeño que fuera, en el sistema capitalista.

La ocasión de empezar a escribir nuestras propias reglas. Y de no haberlo hecho aquí y ahora, ¿cuándo habría sido?”