El trabajo mal remunerado no ayudará a los guatemaltecos a salir de la pobreza

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Mientras los sindicatos británicos luchaban por los salarios decentes en la campaña Fair Pay Fortnight (la Quincena de los Salarios Justos), Guatemala tuvo que hacer frente a una amenaza a su salario mínimo, una de las pocas protecciones de que disponen sus trabajadores y trabajadoras.

Aunque el gobierno guatemalteco apuesta por una carrera hacia el abismo, los sindicatos nacionales están trabajando arduamente para mejorar los salarios de los trabajadores.

En una de las sociedades más violentas del mundo, el derecho a trabajar por un salario mínimo inferior al del resto del país está generando violencia a nivel local, pues están aumentando las protestas en ambas partes del crucial debate nacional sobre los salarios mínimos regionales y sectoriales.

A pesar de que el movimiento sindical guatemalteco se opone a la propuesta de los salarios mínimos diferenciados impuesta por decreto presidencial en marzo de 2014, los alcaldes y ciudadanos de los cuatro departamentos afectados se han movilizado para defender el derecho a un trabajo mal remunerado.

En una reciente manifestación en la capital, la policía y un grupo de manifestantes se enfrentaron al irrumpir éste último en la oficina del Procurador de los Derechos Humanos para abogar por su opinión sobre los puestos de trabajo.

Dicha opinión se basa en la presunción errónea de que el trabajo mal remunerado puede ayudar a los guatemaltecos a salir de la pobreza.

Desde principios de este año, los que defienden el derecho a trabajar, incluso por bajos salarios, están luchando contra el Procurador nacional de los Derechos Humanos, que logró vetar la medida del gobierno y sus aliados de reducir el salario mínimo en cuatro departamentos del país donde algunas empresas están invirtiendo en la producción para los mercados internacionales.

Algunos departamentos, como Zacapa al nordeste de Ciudad de Guatemala, se enfrentan a un 75% de desempleo y algunos guatemaltecos están convencidos de que la solución a este drama reside en puestos de trabajo con salarios tan bajos que apenas marcarán una diferencia.

Los cambios propuestos para el salario mínimo reducirían el sueldo diario a 41 quetzales (5.40 USD) de los 77,80 (10.20 USD) actuales, es decir entre 1.757,43 (230.50 USD) y 2.108,92 (276.60 USD) quetzales al mes, pero las cifras del propio gobierno revelan que la cesta de la compra suficiente para cubrir las necesidades básicas cuesta más del doble de la cantidad que ofrece.

Las experiencias en otros sectores mal remunerados, como el textil y el de la confección de ropa, ya han demostrado que este tipo de trabajos no sacan a nadie de la pobreza y que los niveles actuales de sueldos de pobreza todavía no han provocado un auge de los puestos de trabajo. En lugar de mejorar las vidas en departamentos como Zacapa, parece probable que lo único que se logre sea reducir al resto de los trabajadores del país al mismo nivel de desesperación.

Aunque las actuales propuestas tan solo se aplicarían a la manufactura ligera, estas nuevas tarifas únicamente frenarían los firmes avances que se están logrando para aumentar los salarios y mejorar las condiciones de los trabajadores y trabajadoras de Guatemala en otros sectores.

 

Trabajadores bananeros sindicalizados

Al norte de Zacapa, en las comunidades fuertemente sindicalizadas y exportadoras de plátanos del departamento de Izabal, el Sindicato de Trabajadores Bananeros de Izabal (SITRABI) y las organizaciones afiliadas al mismo han negociado con gran esfuerzo, a lo largo de muchos años y con un costo terrible en vidas humanas, salarios muy por encima del salario mínimo.

Por ejemplo, en las plantaciones de Del Monte, el sindicato no duda en mencionar que los hombres y mujeres que allí trabajan están cerca de niveles salariales ‘decentes’ o ‘vitales’.

El SITRABI pretende lograr el objetivo opuesto al del gobierno y trabaja para aumentar los salarios de los trabajadores que actualmente no están representados por un sindicato.

La brecha salarial media entre las plantaciones de Del Monte en el norte sindicalizado y la mayor parte de las del sur no sindicalizado de Guatemala es de alrededor de 2:1. Asimismo, en muchas de dichas plantaciones meridionales, los trabajadores tendrían que trabajar más de 12 horas al día y seis días a la semana incluso para aproximarse a los salarios del norte.

El SITRABI pretende trabajar con los mejores empleadores de la región para subsanar dicha brecha de un modo positivo, apoyando a los trabajadores del sur para iniciar un proceso de negociación colectiva y, en última instancia, para aumentar sus salarios con el objetivo de acercarlos más a un salario vital.

La central sindical británica Trades Union Congress y el sindicato general de trabajadores Unite, la Unión Internacional de los Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA), la Confederación Sindical Internacional (CSI), la central sindical estadounidense American Federation of Labor and Congress of Industrial Organizations (AFL-CIO) y la Confederazione Generale Italiana del Lavoro (CGIL) se han movilizado para apoyar la causa de SITRABI, inspiradas no solo por su dedicación, sino también por las implicaciones de su labor.

Los salarios bajos no solo significan un recorte de los sueldos locales, sino también de las condiciones laborales en toda la región.

La propuesta del gobierno de ofrecer mano de obra a precios de saldo puede perjudicar a los trabajadores de toda Centroamérica, pero las actividades del SITRABI pueden beneficiarles.

De hecho, es este logro del sindicato guatemalteco más antiguo del sector privado el que está amenazado por un gobierno abierto a jugar el juego de los empleadores poderosos que está vendiendo a su pueblo las falsas virtudes de una carrera hacia el abismo.

 

La versión completa de este artículo se publicó por primera vez en la página web Stronger Unions.