¿Es el proyecto solar más grande del mundo un “megavatio verde” o una “apropiación verde”?

A cuatro horas en coche desde el lugar donde se celebró la reciente conferencia de las Naciones Unidas sobre el clima, en Marrakech, se encuentra la planta termosolar Noor. Este complejo forma parte del plan de Marruecos para generar más del 40% de su electricidad a partir de fuentes de energía renovable que, una vez terminada, se convertirá en la planta solar más grande del mundo. El director de Noor califica el proyecto de “megavatio verde”. Sin embargo, los críticos prefieren calificarlo de “apropiación verde”.

"Marruecos es visionario”, afirma Paddy Padmanathan, presidente ejecutivo de ACWA Power, la empresa con sede en Riyadh propietaria de Noor. “En los próximos siete años cubriremos las necesidades del país, pero no cabe duda de que Marruecos tendrá una gran oportunidad de convertirse en exportador neto de energía durante la próxima década”.

El proyecto se financia con préstamos por un valor de 519 millones de USD del Banco Mundial y 654 millones de euros (690 millones de USD) del banco estatal alemán KFW. El Banco Africano de Desarrollo, la Comisión Europea y el Banco Europeo de Inversiones también lo han respaldado financieramente.

Noor se sitúa 20 kilómetros al norte de la ciudad de Ouarzazate (Uarzazat), un lugar que la población beréber local conoce como “La puerta del desierto”.

Sin embargo, con una escasez de agua cada vez más acuciante, debido en parte al calentamiento global, y la adquisición de 32 kilómetros cuadrados de tierras por solamente unos pocos céntimos el metro cuadrado, la población local considera que el proyecto no les hace justicia.

“Ningún proyecto de energías renovables es automáticamente sostenible por sí mismo. No procura automáticamente resultados equitativos y sostenibles para la población”, señala Boris Schinke, asesor principal de energía y desarrollo para la ONG Germanwatch.

Ausencia de compromiso con la comunidad

Schinke dirigió un estudio de tres años que evaluaba la dimensión de los medios de subsistencia de la planta solar Noor. Se realizaron cientos de entrevistas y se entablaron amplias discusiones con las comunidades afectadas.

El problema principal, concluyó el equipo de Schinke, fue la ausencia de participación de la comunidad y de su consentimiento previo e informado. También se criticaron las condiciones de trabajo, la inadaptación de la educación al mercado de trabajo y cuestiones relacionadas con el proceso de adquisición de tierras.

“Para tener éxito, los proyectos de energía renovable necesitan la aceptación de la comunidad a nivel local, de lo contrario la población se opondrá a ellos y podría sabotearlos. Está claro que el proyecto Noor no es una panacea. Es solamente un proyecto de infraestructura que no puede resolver todas las necesidades de desarrollo de la región”, confía Schinke a Equal Times.

Sin embargo, en comparación con la alternativa, es decir, la construcción de plantas de combustibles fósiles en otras partes del país, el proyecto Noor sigue siendo, a su juicio, la mejor opción de Marruecos.

El estudio se llevó a cabo conjuntamente con el Instituto Wuppertal y con el apoyo del Centro Alemán de Bonn para la Conversión, el instituto marroquí de investigación y consultoría MENA Renewables and Sustainability y L’Association Draa des Énergies Renouvelables.

“Nuestro enfoque consistía en asegurarnos de que estos proyectos se construyeran realmente en beneficio de la población norteafricana y no solamente para servir los intereses extranjeros”, señala Schinke.

Hamza Hamouchene, activista argelino ecologista y pro derechos humanos residente en Londres, se ha pronunciado en contra del impacto social negativo de los mega proyectos de energía. En su informe The Struggle for Energy Democracy in the Maghreb (La lucha por la democracia energética en el Magreb), publicado por la Rosa Luxemburg Stiftung el pasado mes de junio, Hamouchene pide cambios.

“Tal parece que no será diferente con la producción de energía procedente del sol, ya que también será controlada por multinacionales únicamente interesadas en hacer grandes beneficios a expensas de la soberanía y de una vida digna para los marroquíes”, escribió Hamouchene en un reciente artículo para el Instituto de Estudios Árabes.

Hamouchene también cuestionó la sostenibilidad de tales proyectos, particularmente en lo que atañe al agua.

“El mayor problema con esta tecnología es el uso extensivo de agua que conlleva la etapa de enfriamiento con recirculación húmeda. En una región árida como Ouarzazate, esta apropiación del agua para un programa supuestamente verde constituye una apropiación verde que intensificará la actual dinámica agraria y las luchas de subsistencia en la región”, concluyó.

 
Un gran paso adelante

Noor constituye una parte importante de los planes de Marruecos para la expansión de su capacidad de generación eólica, solar e hidroeléctrica por un valor de 13 mil millones de USD.

Para el año 2020, la cuota de fuentes de energía renovable del país podría aumentar hasta el 42%, reduciendo enormemente la dependencia de Marruecos de los combustibles fósiles.

Es un gran paso adelante para este país de 34 millones de habitantes, que se clasifica como el 126º (de 188) en el Índice de Desarrollo Humano, a la par de Namibia y justo detrás de países como Irak y Nicaragua.

El complejo solar es explotado por un consorcio encabezado por NOMAC, una filial de ACWA Power, una empresa privada propiedad de ocho conglomerados sauditas, y la Agencia Marroquí de Energía Solar (Masen).

La primera fase del proyecto, que ya está en funcionamiento, consistió en la construcción de una planta de energía solar concentrada de 160 megavatios denominada Noor I. La segunda fase consiste en la planta Noor II de 200MW y la Noor III, de 150MW, que empezarán a funcionar en 2017 y 2018, respectivamente.

La fase final incluirá la construcción de Noor IV, que tendrá una capacidad menor, 70 MW. Todas juntas se conocen como el Proyecto de energía solar concentrada Noor.

“Desde que el Rey (Mohammed VI) anunció este proyecto, los marroquíes comenzaron a creer en la viabilidad de la energía renovable”, señala Schinke.

“En la región de Ouarzazate ahora se ven proyectos de energía fotovoltaica a pequeña escala en muchos tejados, al tiempo que los agricultores reemplazan sus bombas de agua diesel por bombas de energía solar”.

Sin embargo, en el caso de Noor, la ausencia de procedimientos claros para la adquisición de tierras ha representado un obstáculo importante.

El promotor del proyecto realizó cuatro rondas de consultas, pero invitó solamente a los representantes de la comunidad, y no a los ciudadanos. “Y es aquí donde empezó el problema”, afirma Schinke, añadiendo que el lenguaje utilizado durante el proceso de consulta fue bastante técnico.

"Los ciudadanos locales carecían de información y de elementos de comprensión “lo que suscitó expectativas poco realistas”.

El promotor y los líderes comunitarios negociaron un precio de un dirham (0,09 USD) por metro cuadrado. Sin embargo, la población local se siente frustrada porque no sabe cómo se gastarán los 32 millones de dirhams (3 millones de USD) que se han pagado por las tierras.

“Los ciudadanos locales se sienten excluidos”, comenta Schinke. “De modo que ahora la población tiene la sensación de haber perdido sus tierras. Se quejan de carecer de justicia procesal y de un medio de gobernanza participativa en el sistema político marroquí.

En Marruecos, no es habitual que los ciudadanos participen de una manera democrática y las decisiones se toman de arriba hacia abajo”, asegura.

Schinke señala que ante el efervescente resentimiento de la comunidad, que generó protestas durante la fase de construcción, la NOMAC ha introducido mejoras en su proceso de participación de la comunidad.

 
¿Tensiones con el agua?

No obstante, otra preocupación fundamental es la gestión del agua. El agua que se bombea desde la presa más cercana en Al Mansour Addahabi podría ser una fuente potencial de conflicto, afirma Schinke, ya que los hogares locales compiten por el agua con la planta de energía.

Para los próximos años se prevé un grave impacto del cambio climático en esta zona ya árida.

Las lluvias son cada vez más erráticas y las temperaturas van en aumento, induciendo mayores tasas de evaporación, provocando la erosión del suelo y perturbando la captación de las represas.

Por consiguiente, Schinke aconseja una estrecha supervisión del consumo de agua en la planta Noor.

Dado que Marruecos no tiene ninguna experiencia previa con un megaproyecto solar de esta envergadura, todos están pendientes de él.

El éxito de este esfuerzo es crucial para la puesta en marcha de proyectos similares en África del Norte y otros países en desarrollo que aspiran a explorar alternativas ecológicas y a reducir su dependencia de los combustibles fósiles.