La epidemia de obesidad que causa estragos en la paradisíaca Tonga

La epidemia de obesidad que causa estragos en la paradisíaca Tonga

Almost a quarter of Tongans over the age of 30 suffer from Type 2 diabetes. Every weekday Vaiola Hospital’s diabetes clinic in the Tongan capital of Nuku’alofa is crowded with patients. Many are in wheelchairs and have had a foot or leg amputated because of diabetic foot infections or sepsis.

(David Browne/Parachute Pictures)
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A primera vista, el Reino de Tonga, situado en el Pacífico Sur, es la mismísima estampa de un paraíso tropical de ensueño. Cocoteros meciéndose al son de una cálida brisa marina, donde el ritmo de vida acontece a un compás más pausado y la gente es tranquila y amable. Incluso el nombre de su capital, Nuku’alofa, significa “morada del amor”.

Pero, hoy en día, esta pequeña y popular nación polinesia, situada a 2.400 kilómetros al norte de Nueva Zelandia, tiene un gran problema: una epidemia de obesidad.
Según un reciente artículo académico publicado por la revista médica británica Lancet, Tonga es actualmente el “país más obeso del mundo”.

Hoy en día, más del 90% de los adultos de esta nación insular de 107.000 habitantes son obesos o tienen sobrepeso, según la clasificación del IMC (Índice de Masa Corporal) internacionalmente aceptada, que calcula los niveles de obesidad a partir de la altura, el peso y la constitución de una persona.

Igualmente preocupante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que casi una cuarta parte de los tonganos mayores de 30 años padece actualmente diabetes tipo 2.

Pareciera que buena parte de los tonganos comen, literalmente, hasta morir. Esto es también cierto en otros siete estados polinesios, entre ellos Fiji, Samoa y Samoa Americana, que también figuran entre las diez naciones con la población más obesa del mundo.

En Tonga, la esperanza de vida media ha disminuido de 72,5 años en 2012 a 67 años tan solo un quinquenio después. Y este antiguo protectorado británico se enfrenta ahora a una epidemia de enfermedades no transmisibles (ENT), como enfermedades cardiovasculares y respiratorias, todas ellas relacionadas con la diabetes, tal como se pone de relieve en un reciente informe del Observatorio de Asia y el Pacífico de Sistemas y Políticas de Asistencia Sanitaria.

Pocas familias de este archipiélago formado por 170 islas han conseguido escapar del flagelo de la diabetes, cuya causa en Tonga se debe sobre todo al estilo de vida sedentario de sus ciudadanos y a la falta de fruta y verdura en la dieta moderna del país.

Otro importante factor que contribuye a esta situación es la popularidad de la que goza la carne “basura” importada, como es la carne en conserva, el pollo barato, la cola de pavo y los colgajos de cordero –una pieza grasa del cordero que se extrae de debajo de las costillas y que apenas se vende en Nueva Zelanda, donde se produce, pero que se exporta al Pacífico Sur–.

Oleada de obesidad y diabetes

Una visita al Hospital Vaiola de Nuku’alofa ilustra gráficamente la oleada de obesidad y diabetes que está amenazando con invadir esta nación insular. Cualquier día de la semana la clínica de diabetes del hospital está atestada de pacientes esperando recibir tratamiento.

Muchos de ellos están en silla de ruedas y se les ha tenido que amputar un pie o una pierna debido a una infección o septicemia diabética en el pie. Otros tienen úlceras en los pies o se les ha tenido que efectuar un desbridamiento para tratar de impedir que la infección se les extienda por todo el cuerpo.

Durante una reciente visita al Hospital Vaiola, Equal Times estuvo con Petilina Malie, de 72 años, que se encontraba en la sala de operaciones esperando a que le amputaran el pie izquierdo.

Petilina, madre de 12 hijos, es diabética desde hace 20 años. Un pequeño forúnculo en el talón se le transformó en septicemia y la infección se le estaba extendiendo inexorablemente por la pierna y poniendo en peligro su vida. Tras dos desbridamientos fallidos, amputarle el pie era la única solución.

En el rostro de la matriarca se acentuaba el miedo y la ansiedad. Tratando de retener las lágrimas, su hijo Leimoni, un pescador de 47 años, nos explica: “Tenemos que ser fuertes por mi madre. No quiero perderla a causa de esta enfermedad. Yo rezo para que el tratamiento que va a recibir hoy la libere del dolor y le devuelva la paz”.

La obesidad y consecuente diabetes, provocadas por hábitos que perjudican la salud, han tenido un efecto devastador en la familia, reconoce Leimoni. Tiene otros dos familiares que también padecen diabetes, explica.

“Deberíamos animar a la gente que no tiene diabetes a ser más conscientes de lo que comen y de su estilo de vida, a llevar una vida más sana. La gente tiene que ser más activa y realizar algún tipo de ejercicio físico, sudar un poco; cualquier cosa que pueda alejar esta enfermedad. Eso significa comer bien y no dejarse llevar únicamente por el apetito y los antojos”, dice.

El año pasado los dos cirujanos del Vaiola realizaron 16 amputaciones importantes por encima y por debajo de la rodilla, así como 43 amputaciones menores, como amputar los dedos del pie o la amputación total o parcial de un pie.

Las ENT y las denominadas “enfermedades relacionadas con el estilo de vida” –en particular la diabetes y las enfermedades cardiovasculares y pulmonares asociadas a la misma– provocan el 74% de las muertes en Tonga.

En el año 2000 el país gastó el equivalente a 163 dólares USD por persona en sanidad. El año pasado la cifra había aumentado a 245 USD, lo que representa cerca del 12% del gasto público total.

Casi la mitad del presupuesto sanitario de Tonga proviene de donantes y de la financiación del desarrollo. El Hospital Vaiola, por ejemplo, fue en gran parte reconstruido y renovado gracias a la financiación de la agencia japonesa de cooperación Japanese International Cooperation Agency (JICA). Otros donantes importantes son la OMS y los Gobiernos de Australia y Nueva Zelanda.

El impacto de la globalización

La globalización ha sido un factor importante que ha contribuido a la crisis de obesidad. En 2004, Tonga era el primer país insular del Pacífico que había desarrollado una estrategia sanitaria exhaustiva para luchar contra la incipiente amenaza de la obesidad.

Pero un año después el país pasó a formar parte de la Organización Mundial del Comercio, redujo sus aranceles de importación y abrió su mercado nacional a la inversión extranjera.

El resultado ha sido una dependencia aún mayor de las importaciones alimentarias de carnes grasas relativamente baratas, carbohidratos refinados y otros alimentos envasados con un alto contenido de azúcar y sal.

Básicamente, muchas familias han abandonado la saludable dieta tradicional de pescado, fruta y verdura y se han pasado a la comida basura de importación.

“Las enfermedades no transmisibles constituyen el mayor reto al que se enfrenta mi país ahora mismo”, declara a este medio Siale Akauola, director de Sanidad de Tonga. “Antiguamente la gente solía cazar. Iban a pescar y traían pescado del mar. Pero ahora hay tiendas. Y lo que se vende no siempre es la opción más sana”.

“El desarrollo urbano es algo bastante nuevo por aquí. Somos conscientes de que se trata de la transición normal de una población expuesta a un nuevo entorno, a la novedad de la comida rápida”, prosigue.

“Actualmente estamos teniendo problemas en el mundo debido a la tecnología de una producción de alimentos muy rápida y muy eficiente en la que se utiliza mucha comida salada y barata.

“Es un problema mundial. Somos conscientes de ello, y sabemos que nuestro país no es el único que lo está pasando mal por todo esto”, concluye el Dr. Siale.

Se calcula que en todo el mundo hay 600 millones de personas obesas. La cifra se ha duplicado desde 1980. Lo más sorprendente de todo quizás sea el hecho de que, en los últimos 33 años, ni un solo país ha conseguido reducir su índice de obesidad.

Impertérrito, el Gobierno de Tonga ha intensificado ahora su lucha contra este problema.

Contraatacar con un impuesto sobre las grasas

El año pasado el Gobierno decretó un impuesto especial adicional –el denominado ’impuesto sobre las grasas’– de 40 senitis por kilo (aproximadamente 0,15 USD) sobre varios productos alimentarios de importación, entre ellos el pollo, los colgajos de cordero y las colas de pavo.

Y a principios de este año, Tonga Health, el organismo sanitario semiautónomo que dirige la campaña contra la obesidad, pudo disponer de nuevas oficinas en el Hospital Vaiola para acomodar a su equipo ampliado de 13 trabajadores sanitarios.

“Actualmente nos estamos centrando en la actividad física y en una dieta saludable, los dos factores de riesgo que están realmente repercutiendo en nuestra población”, indica Monica Tuipulotu, coordinadora de programas de Tonga Health.

“A los tonganos nos encanta comer. En todas las celebraciones comemos. En nuestra cultura, cuanta más comida sirves a una persona, más la quieres. Y no estoy hablando solo de una taza de té, sino de grandes cantidades de carbohidratos, grasas, azúcar y alimentos salados. Sabemos que es muy difícil cambiar de cultura y de estilo de vida. No es algo que vaya a suceder de la noche a la mañana. Llevará mucho tiempo”, explica Tuipulotu.

Tonga Health también supervisa un programa emblemático denominado Mai-e-Nima, que significa “cinco por día” y por el cual se anima a los niños a comer al menos cinco porciones de fruta y verdura al día.

“Tonga es el número uno en obesidad del mundo. Es difícil cambiar la mentalidad de los adultos de nuestra generación”, señala Minoru Nishi, presidente de la campaña Mai-e-Nima.

“Tenemos que abordar el problema a nivel de la enseñanza primaria porque estoy convencido de que, si conseguimos cambiar la mentalidad de los niños, conseguiremos cambiar la mentalidad de toda una generación. Todo depende de nuestras decisiones personales y de lo que comemos y bebemos”, concluye Nishi.

A Petilina Malie le han tenido que amputar el pie debido a la diabetes que padece como consecuencia de su estilo de vida.

En su constante lucha contra la obesidad, podría decirse que Tonga también está en la mesa de operaciones.