La rapiña del agua del Tíbet por parte de China puede provocar conflictos y una gran devastación regional

La rapiña del agua del Tíbet por parte de China puede provocar conflictos y una gran devastación regional

Indian activists hold placards and a banner that reads "Save Brahmaputra" as they march past the Brahmaputra River in Gauhati, India, in January 2011. The river is among several major Asian rivers threatened by China’s dam-building.

(AP/Anupam Nath)

Los proyectos no controlados que China está llevando a cabo para la expansión minera y la construcción de presas en la altiplanicie tibetana, a los que viene a sumarse el problema de la fusión de glaciares como consecuencia del cambio climático, están poniendo en peligro los ríos Amarillo, Yangtsé y Ganges (entre otros) de los que cientos de millones de personas dependen. Así lo han afirmado los observadores en un llamamiento al debate sobre la crisis que se avecina.

Según un informe publicado por el Australian Tibet Council, 1.400 millones de personas que viven en países situados río abajo, como por ejemplo la India, Pakistán, Bangladés y Birmania, dependen del agua de los ríos que nacen en el Tíbet ocupado por China. El riesgo de que la cantidad y la calidad del agua que fluye río abajo se vean mermadas está aumentando.

“Esto es eludir la agenda política internacional”, dice John Jones de Free Tibet. “De momento, la situación se está considerando como un problema regional en lugar del problema mundial en el que se va a convertir”.

El Tíbet es el lugar de origen de varios grandes ríos de Asia, entre ellos el Amarillo, el Yangtsé, el Brahmaputra, el Indo y el Ganges. La meseta tibetana, con una altitud media de 4.000 metros y considerada el tercer polo del mundo debido a sus enormes glaciares y reservas de agua dulce, desempeña un papel crucial en la regulación del clima regional.

“Ver cómo China destruye el Tíbet es como ver a alguien destruyendo toda la Antártica”, dice Michael Buckley, autor de Meltdown in Tibet. Buckley es una de las personas que creen que el proceso de desarrollo dirigido por las autoridades chinas está poniendo en peligro los medios de vida de millones de personas que viven en zonas situadas río abajo. Y la situación se está agravando.

La explotación de los recursos naturales y la construcción de embalses no han hecho más que acelerarse desde el año 2006, cuando China terminó de construir el ferrocarril entre Golmud y Lhasa. Este es uno de los ferrocarriles más elevados del mundo, gracias al cual se han podido transportar bienes y equipos hacia y desde el Tíbet de forma más rápida y más barata.

Buckley declara que a partir de ese momento empezó a observar cambios devastadores. “La situación se está agravando. Los grandes ríos del Tíbet están siendo embalsados por consorcios chinos de ingeniería para alimentar el implacable afán de poder de China”.

“Nadie está haciendo nada para detener esta destrucción”, declara Buckley a Equal Times, “y los tibetanos carecen de derechos para proteger su propio medio ambiente”.

El espectro de las guerras por el agua

La inminente crisis del agua es consecuencia de años de negligencia y de la escasa presión que se ha ejercido sobre China por los proyectos que ha llevado a cabo en el Tíbet. A menos que las cosas cambien, millones de personas van a verse en situaciones muy complicadas. Observadores y activistas afirman que se tienen que adoptar medidas para proteger el agua del Tíbet así como a sus habitantes, porque si los glaciares del Tíbet se funden y sus ríos se secan, las repercusiones podrían ser terribles, llegando incluso a provocar conflictos.

China no ha publicado información sobre sus proyectos de construcción de embalses en el Tíbet, pero los observadores estiman que Beijing tiene previsto construir decenas de ellos en el marco de un objetivo nacional para aumentar de forma masiva la generación de energía hidroeléctrica en China. Algunos de ellos, como es el proyecto de construcción de una presa de 295 metros de altura en una región de etnia tibetana de la provincia de Sichuan (Kham en tibetano), que sería la tercera mayor presa del mundo, terminarán por inundar pueblos, monasterios budistas tibetanos y montañas sagradas. Las repercusiones en los países situados río abajo tampoco están muy claras debido a la falta de información disponible.

“Es absolutamente imprescindible que China mantenga un debate abierto sobre sus planes en el Tíbet, y que comparta datos sobre los cursos fluviales y los cambios ecológicos que se están produciendo en la altiplanicie”, explica Beth Walker, editora del sitio web de investigación y noticias The Third Pole, y experta residente sobre cuestiones relacionadas con el agua en la región del Himalaya.

A muchas personas les preocupa que el cambio climático acentúe la crisis del agua. Al ser una región muy elevada, el efecto en el Tíbet es parecido al que se observa en los polos norte y sur, que se están calentando a mayor velocidad que el resto del planeta.

“En la altiplanicie tibetana, las temperaturas están aumentando tres veces más rápido que la media global, y los científicos han predicho que de aquí a finales de siglo se producirá un aumento de 4,6°C”, recalca Walker.

Ya estamos observando una creciente desertificación, la fusión de glaciares y otros efectos relacionados con el clima como es la fusión del permafrost, los desprendimientos de tierras, las avalanchas y la pérdida de hábitats naturales. A pesar del limitado acceso del que disponen los científicos, debido a cuestiones políticas y fronterizas, lo que sabemos es preocupante.

“Los casquetes de nieve del Himalaya se están fundiendo como consecuencia del cambio climático, un proceso que se está acelerando con la lluvia de hollín negro procedente de la quema masiva de carbón y otros combustibles fósiles tanto en China como en la India”, dice Buckley.

Estos glaciares controlan los cursos fluviales río abajo y son fundamentales en las estaciones secas. El Tíbet cuenta con enormes reservas de agua dulce en sus miles de glaciares y lagos alpinos. A medida que se van fundiendo, la escorrentía aumenta, lo que hace que los cursos sean menos fiables.

“El 90% de la escorrentía a partir de los ríos tibetanos fluye río abajo hacia China, Vietnam, Camboya, Laos, Tailandia, Birmania, Bangladés, India, Nepal, Bután y Pakistán, y se utiliza para beber, para la agricultura, para la pesca, para la industria, etc.”, dice Buckley.

Control político

El Tíbet fue un país independiente hasta que se produjo la invasión y ocupación china en 1950. El Dalai Lama, líder espiritual del país, huyó en 1959. China ha estado ejerciendo desde entonces un férreo control no solo de los enormes recursos hídricos de la altiplanicie sino también de su riqueza mineral. Para muchos, ese es el origen del problema.

“Básicamente, la prioridad de Beijing es velar por los intereses de China, no por los del Tíbet”, dice Jones. “En China hay escasez de agua y en el Tíbet no”.

El control chino se ha comparado con una forma de colonialismo, y, además de la extracción de los recursos naturales del país, se están produciendo numerosas violaciones de los derechos humanos, como es la restricción del uso de la lengua tibetana, la destrucción de instituciones culturales y religiosas, la incentivación de una afluencia masiva de migrantes chinos de la etnia han, e incluso la retención de pasaportes de los tibetanos que intentan irse al extranjero.

“La evidencia objetiva en cuanto a la situación del Tíbet como uno de los países más reprimidos y menos libres del mundo es abundante e indiscutible”, dice Jones.

“Nadie hace nada para detener esta destrucción”, dice Buckley, “y los tibetanos carecen de derechos para proteger su propio medio ambiente”.