Los trabajadores/as italianos se enfrentan a una pesadilla logística

 

En los últimos meses, los servicios de manipulación de cargas de Milán y alrededores se han visto afectados por las huelgas.

Numerosas multinacionales ubicadas cerca de la segunda ciudad más importante de Italia y motor económico del país también se han visto afectadas.

Polo Logistico, una empresa de logística que trabaja para la multinacional sueca de muebles Ikea, está situada en la localidad de Piacenza.

Como principal centro de almacenamiento de Ikea en Italia, emplea a 500 trabajadores/as que distribuyen sus productos por toda la región del Mediterráneo oriental.

Desde octubre las tensiones han ido en aumento.

Los trabajadores/as, contratados por cooperativas que les explotan, llevan tiempo protestando por los pagos irregulares, las horas extras no pagadas, el racismo, la discriminación de los trabajadores afiliados a sindicatos, las enormes cargas laborales y los bajos salarios.

A finales de octubre, la policía y una manifestación de trabajadores/as se enfrentaron violentamente, lo cual tuvo como consecuencia más protestas en el exterior de la embajada de Egipto, pues muchos de los trabajadores afectados eran ciudadanos de dicho país.

A principios de noviembre estallaron varias escaramuzas cuando alrededor de 150 personas formaron una cadena humana en el exterior del almacén de Ikea.

Además, doce trabajadores fueron despedidos por haber participado en las protestas, aunque más tarde les reincorporaron a sus puestos de trabajo.

Tras el bloqueo del 17 de diciembre, el centro de Polo Logistico se vio obligado a cerrar temporalmente, lo cual tuvo graves repercusiones económicas.

El conflicto más reciente acabó con la reincorporación de ocho trabajadores que, según un portavoz de la empresa, “se habían negado a trabajar en diferentes emplazamientos”.

Los sindicatos lo habían descrito como “un traslado punitivo”.

Básicamente, los trabajadores se han estado manifestando contra el consorcio de cooperativas llamado Consorzio Gestione Servizi (CGS), acusado de explotar a sus trabajadores/as.

Según Paolo Dosi, el alcalde de Piacenza, “los trabajadores son conferiti [contratados] mediante un acuerdo con un consorcio de cooperativas”.

El portavoz de Ikea Italia, Valerio Di Bussolo, alega que trabajan con el CGS porque “puede ofrecer un buen nivel de eficiencia organizativa gracias a la flexibilidad resultante de gestionar varios contratos”.

Sin embargo, dicha “flexibilidad” se traduce en una mayor desigualdad y en malas condiciones laborales para los trabajadores.

 

Código de conducta

En apariencia, esto parece contradecir los valores de Ikea.

“Desde el año 2000, Ikea ha adoptado un código de conducta muy estricto y articulado para garantizar que el bajo precio de sus productos no tenga como resultado la aparición de condiciones sociales y medioambientales inaceptables”, afirma la empresa.

“En todo el mundo fomentamos un diálogo basado en el pleno respeto de los derechos de nuestros trabajadores/as”.

Sin embargo, en el caso de los trabajadores de la cooperativa de Ikea en Italia no ha sido así. Y el miedo a que la multinacional sueca decida llevarse sus negocios a otra parte ha aumentado el apoyo popular a las protestas.

Una persona que apoya a los trabajadores al 100% es Aldo Milani, el secretario general del sindicato independiente COBAS.

“Estos trabajadores cargan 130 kg por hora. Cada año, estas cooperativas cambian de nombre [usando documentos falsos] para evitar las aportaciones al régimen de pensiones. Hemos visto consorcios con 2.000 empleados”.

El señor Milani afirma que este tipo de cooperativa es muy italiano: “No se puede encontrar en ningún otro país.

Con una infraestructura nacional de transporte tan deficiente, basada principalmente en el transporte por carretera, la flexibilidad y el bajo costo de la mano de obra constituyen el único modo de ser competitivos en el mercado internacional”.

 

Disturbios

A las seis de la mañana, en los grupos de piquetes se puede encontrar a una nueva generación de activistas sindicales. Gente como Luis Seclan y Mohamed Arafat son los más conocidos, pero todos son conscientes de lo crucial que resulta su trabajo para el sistema económico italiano y no tolerarán la explotación ni el racismo.

Sin embargo, Ikea es solo un ejemplo. Todas las plataformas de logística de los alrededores de Milán sufren disturbios.

Desde las cadenas de supermercados como Esselunga y Coop hasta las empresas de mensajería como TNT y SDA.

En todas, los trabajadores/as están contraatacando. La acción que más utilizan son los bloqueos (que impiden la entrada de esquiroles y la salida de productos), aunque los piquetes y las protestas también son muy comunes.

En junio del 2012, en una acción de piquetes en el centro comercial de Basiano, cerca de Piacenza, hubo enfrentamientos con la policía, que dejaron a varios huelguistas con las piernas rotas y a una persona en coma.

La huelga se inició después de que despidieran a decenas de trabajadores/as de una cooperativa en concreto y a otros trece trabajadores que habían apoyado la huelga de sus colegas.

A los trabajadores que llegaron para sustituir a los despedidos solo les pagaban 4,50 € por hora, en lugar de los 9 € previstos en el convenio nacional.

A pesar de la crisis económica en Italia, el sector de la logística está creciendo.

Los centros comerciales, el comercio electrónico y las empresas de mensajería han obtenido notables beneficios en los últimos años.

La Región Milanesa de Logística (RML) es el corazón italiano de este sistema.

Los proveedores envían los productos por barco a las grandes plataformas, que los distribuyen a su vez entre los minoristas.

Los productos que los consumidores italianos encuentran en las tiendas o compran a través de internet los mueven físicamente trabajadores peruanos, paquistaníes y egipcios.

Estos trabajadores cada vez toleran menos sus condiciones laborales que se van volviendo más precarias, sobre todo debido al fuerte contraste con la riqueza de sus jefes.

En años anteriores, con la estabilidad económica que les proporcionaban los contratos fijos e indefinidos y los salarios decentes, podían formar familias, asumir hipotecas y mandar a sus hijos a la universidad.

Sin embargo, en los últimos años, los alquileres y los impuestos han aumentado y los salarios reales han disminuido. Esto ha provocado una enorme oleada de huelgas apoyadas por pequeños sindicatos independientes (no por las principales federaciones sindicales) y por una red solidaria de activistas de izquierdas y estudiantes.

 

Contratación ilegal de manera legal

Claudio Frugoni es abogado. Se dedica a la protección jurídica de los trabajadores/as de la zona de Basiano, conocida por sus centros comerciales.

“Es una lucha laboral, no una lucha contra el racismo”, apunta.

Las cooperativas se han convertido en una forma encubierta de contratación ilegal, aunque oficialmente estas organizaciones son legales.

La trampa consiste en contratar a alguien como “trabajador asociado”, figura que no tiene derecho a cobrar las horas extras.

Si se quejan, los jefes les dicen: “Quédate en casa unos cuantos días.

Ahora no hay trabajo para ti”. En realidad se trata de un acto de represalia.

Las cooperativas italianas tienen una larga historia. En sus orígenes, se crearon para fomentar la protección mutua de los trabajadores, pero hoy en día se suelen usar como herramienta de explotación, en especial debido a que muchas cooperativas tienen un solo cliente y trabajan con un solo almacén.

En estos casos, el presidente de la cooperativa suele ser un antiguo capataz que lleva toda la vida desempeñando el mismo trabajo.

Nabil Hassan, un activista sindical del COBAS, explica que el sistema se parece a la contratación ilegal en el sector agrícola: “El 90% de las cooperativas no tienen recursos en la empresa y no eligen las jornadas laborales”.

El pasado noviembre, el director de cine británico Ken Loach denunció la explotación de los trabajadores/as migrantes en el norte de Italia. “Los premios son importantes, pero el respeto a los trabajadores es aún más importante”, explicó al rechazar el premio al conjunto de su carrera que le había otorgado el Festival de Cine de Turín.

Con este acto simbólico, Ken Loach no solo hizo públicas las deplorables condiciones que sufren los trabajadores de las cooperativas logísticas, sino que también alzó su voz contra todo el sistema de subcontratación en Italia.