Aviso a la prensa extranjera en Turquía: prisión y multas si “exageran”

News
Explore similar themes
Human rightsTurkey ViolenceCensorship

“¿Eres extranjero? Fuera de aquí”, amenaza un ciudadano turco, navaja en mano, a un cámara con pasaporte europeo pasada la medianoche del 15 de julio en la plaza Taksim. La veintena de soldados que rodeaban el monumento a la República acababan de ser detenidos de forma pacífica por el centenar de policías que hasta entonces habían observado la situación a unos veinte metros de distancia.

La amenaza provenía de un pequeño grupo que no representaba la actitud de los doscientos o trescientos manifestantes que, en apoyo del Gobierno de Recep Tayyip Erdogan, y al grito de Allahu Akbar (Alá es mucho más grande), habían rodeado a los soldados durante las tensas horas que siguieron al intento del golpe de Estado. Estos ciudadanos posaban triunfales y desinhibidos delante de las cámaras, y corrían en estampida bajo los tiros que se hacían al aire o cuando los cazas F-16, a velocidad supersónica, volaban inusualmente bajo.

Otros periodistas que eran o parecían extranjeros recibieron amenazas similares. Eran casos aislados en comparación con lo que estaba viviendo la prensa local desde que se inició el golpe en la noche del viernes (15 de julio). Según la organización para la protección de periodistas Committee to Protect Journalists (CPJ), por lo menos un periodista local murió esa noche, mientras que los golpistas tomaron por la fuerza las oficinas de televisiones y diarios locales y obligaron a los profesionales a leer un comunicado a punta de pistola.

Una vez contenido el golpe, otros periodistas fueron atacados y retenidos por efectivos policiales y por grupos no identificados de jóvenes leales al Gobierno, según datos recabados por CPJ.

En los últimos días se han emitido 42 órdenes de arresto a periodistas turcos. A esto se añade, según denuncia el CPJ, la censura a, por lo menos, 30 sitios Web relacionados con noticias, la revocación de licencias a 13 televisiones y a 12 estaciones de radio, así como la revocación, en este caso de parte de la oficina del primer ministro, de credenciales de prensa de al menos 34 periodistas.

Una vez el Gobierno de Erdogan estabilizó la situación, miles de detenciones de soldados, académicos y funcionarios se han ido sucediendo.

Desde la represión del golpe, 10.000 personas han sido detenidas en Turquía, según el portavoz del gubernamental Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP): entre ellos 7.423 soldados, 287 efectivos policiales, pero también 2.014 jueces y fiscales.

Aparte de los arrestos, más de 37.500 funcionarios y policías fueron suspendidos, y 21.000 profesores de escuelas privadas han sido privados de sus licencias, según la agencia de prensa alemana DPA.

 

Periodistas, abogados e intelectuales, nuevamente en el punto de mira

El golpe aceleró una tendencia, iniciada mucho antes de la asonada, en la que cientos de periodistas, abogados e intelectuales han sido detenidos y en algunos casos acusados de diversos delitos.

El estado de emergencia durante 90 días, aprobado el 21 de julio por el Parlamento, da carta de legalidad para esta y otras acciones, según los artículos 120 y 121 de la Constitución turca.

Pocas horas después del golpe, y una vez los medios internacionales empezaron a publicar sus artículos y columnas, las críticas a la prensa extranjera comenzaron a llegar desde las redes sociales.

“No sois periodistas, sois unos racistas apologistas del golpe. Vergüenza”, arremetía contra The New York Times el 19 de julio en su cuenta de Twitter Ceren Kenar, una columnista del Türkiye Daily [Nota de la redacción: diario afín al AKP] con más de 63.000 seguidores.

“Periodismo fallido. ¡200 personas mueren en las calles pero The Economist está ocupado con la obsesión de Erdogan!”, señala la cuenta Kebab and Camel, que con 2.800 seguidores y desde octubre pasado se dedica a atacar a la prensa extranjera.

Otra cuenta iniciada en diciembre, Fact Checking Turkey (Corroboración de datos sobre Turquía), con cerca de 2.000 seguidores, empezó a publicar las listas de artículos que consideran incorrectos por parte de la prensa extranjera: “Condenamos a los órganos internacionales y a los periodistas que apoyan el golpe militar en Turquía. Aquí una lista de ellos”. The Guardian, France 24 y Reuters, son solo algunos de los medios que integran esta lista.

“La cobertura internacional del intento de golpe de Estado ha sido parcial”, explica a Equal Times la coordinadora de Fact Checking Turkey, que prefiere no ser citada por su nombre.

“Ha habido falta de referencia a ciertas cosas y en realidad están tratando de justificar el golpe, muchos de ellos. Han ignorado a la gente que fue a las calles a defender la democracia. Están diciendo, ‘Turquía ha sobrevivido al golpe, pero ahora el futuro es más oscuro’, o ‘A Turquía le aguardan tiempos oscuros tras el golpe porque Erdogan es un dictador’. La democracia turca ha sobrevivido, estaba en peligro, pero estamos muy sorprendidos de que los medios internacionales no han cubierto eso. Hay hipocresía y dobles estándares”, añade la coordinadora.

Fact Checking Turkey es uno de los tres proyectos de Bosphorus Global, una organización no gubernamental que se financia con donaciones privadas. Según su coordinadora, sus editores chequean a diario la cobertura que los medios hacen de Turquía a través de palabras clave y dice que a menudo encuentran errores factuales tales como citar a Erdogan como primer ministro aunque actualmente es presidente. O al AKP como su partido. Incluso errores más graves como que “Turquía apoya al Estado Islámico (EI) o que las minorías son reprimidas en Turquía”, señala la coordinadora.

Esta última crítica está relacionada con el hecho de que organizaciones y medios internacionales han acusado a Turquía de permitir la entrada y salida de radicales musulmanes a través de su porosa frontera con Siria y han criticado el actual conflicto en el sureste del país –considerado oficialmente con terrorismo kurdo–.

Sin embargo, Fact Checking Turkey no puede dar un porcentaje de errores por parte de la prensa internacional de habla inglesa en su criba diaria. La coordinadora añade que también han encontrado errores similares en la prensa francesa, griega, alemana y árabe –“por ejemplo, de Egipto”–.

No obstante, señala que su objetivo no es que se produzcan amenazas contra los corresponsales (a pesar de que además de la mención a medios, también especifiquen puntualmente los nombres de los periodistas). “Nos causaría mucho malestar que hubiera amenazas contra periodistas extranjeros, eso sería horrible, no es en absoluto nuestro objetivo, y bajo ninguna circunstancia usamos un lenguaje amenazador (...). Sentimos mucho si alguien ha sido amenazado sobre el terreno”, concluye la coordinadora de Fact Checking Turkey.

 

Periodista extranjero, “negocio arriesgado”

En estas circunstancias y bajo el estado de emergencia, ser periodista extranjero “es un negocio arriesgado”, explica a Equal Times Erkan Saka, profesor de Ciberantropología de la Universidad de Bilgi, en Estambul.

“Desde las protestas de Gezi (2013), los periodistas extranjeros están bajo riesgo; se les acusa de ser agentes extranjeros por estos actores (una élite progubernamental) y muchos ciudadanos les creen. Creo que va a ser difícil hacer coberturas periodísticas, podríamos ver más deportaciones, los periodistas extranjeros deberán ser más cautos sobre el terreno. En cuanto a los locales, la mano dura contra ellos no es nada nuevo, y creo que incluso si no hubiera habido un intento de golpe de Estado, los arrestos y encarcelaciones continuarían. El estado de emergencia incrementa el nivel y el ritmo del acoso”.

El artículo 25 del estado de emergencia penaliza a periodistas y analistas que “exageren” las noticias.

Según datos de CPJ, 61 periodistas permanecen encarcelados en Turquía en relación a su trabajo.

Por lo tanto, el acoso contra los medios no es algo nuevo en Turquía. “Hace tiempo, cuando el modelo del AKP era alabado por los medios internacionales, los círculos anti-AKP eran hostiles a la prensa extranjera. Ahora la tendencia se ha revertido: los círculos pro-AKP son hostiles a los medios internacionales que son críticos con el AKP. Esta es mi observación básica. Pero en un sentido más específico, algunos titulares después del golpe, especialmente en medios estadounidenses, fueron tan críticos con el AKP que los seguidores del partido se han sentido muy frustrados. Por ejemplo, la cita errónea de Kerry en el Washington Post fue interesante. Los seguidores del AKP probablemente esperaban alabanzas por el hecho de que el golpe falló por la reacción de los ciudadanos. Esta es la línea oficial ahora”, explica el profesor Saka.

Y esto sucede en un contexto, añade, en el que no existen medios locales que puedan informar de forma independiente. “Muchos turcos leen la prensa extranjera para saber qué sucede en su país. Por lo que ha llegado el momento de ir contra la prensa internacional como principal fuente de información”.

Los perfiles detrás de esta campaña –contra la prensa internacional– no sólo cuentan con seguidores del AKP, “muchos son voluntarios en este intento de campaña de propaganda global, aunque la mayoría de las cuentas parecen vinculadas a recursos del Gobierno, tales como columnistas o think tanks”, explica Saka.

La mayoría de los seguidores del AKP no hablan inglés, concluye el profesor, “pero recuerden que el partido gobernante cuenta por lo menos con el 40% de los votantes”.

This article has been translated from Spanish.