Indonesia y su insistencia en el carbón... o cómo nadar a contracorriente de la marea verde global

¿Qué hacer cuando la principal exportación del país, en este caso el carbón, cae en picado, la producción disminuye y un nuevo acuerdo climático global exige una drástica reducción de las emisiones de CO2? ¿Ir hacia energías limpias? No. A diferencia de algunos de sus vecinos, Indonesia ha optado por seguir la dirección contraria: una mayor quema de carbón para impulsar la demanda.

Con una producción de más de 30 millones de toneladas por debajo de las proyecciones del año pasado, el Gobierno está casi cuadruplicando el número de centrales eléctricas de carbón con la construcción de 117 nuevas plantas en todo el país (que se suman a las 42 plantas actuales), lo que generará 10.000 megavatios de capacidad de producción de energía.

Según Arif Fiyanto, activista de la campaña contra el carbón con Greenpeace Indonesia, de continuar, este plan resultaría devastador, tanto desde el punto de vista medioambiental como económico. "De seguir por este camino, el Gobierno se plegará a los intereses del carbón, nuestro hermoso país se convertirá en un páramo emponzoñado al producir un recurso que cada vez menos personas quieren comprar”, comenta Fiyanto a Equal Times.

Una de las principales razones por las que han caído las cifras de exportación del carbón de Indonesia es que los envíos a China se redujeron a la mitad el año pasado (debido a la desaceleración económica del gigante asiático, así como a su voluntad de reducir los tremendos niveles de contaminación en todo el país). Además, los acontecimientos recientes demuestran que Vietnam y la India no podrán, como se esperaba, llenar el vacío dejado por China.

A principios de este mes, Vietnam anunció que abandonaba sus antes ambiciosos planes de construcción de centrales eléctricas de carbón a fin de “acelerar las inversiones en energías renovables”. Este anuncio fue seguido por la noticia de que las importaciones de carbón de la India se contrajeron en un porcentaje muy por encima del esperado 35% del año pasado, debido a un enorme exceso de oferta y a una expansión más rápida de lo esperado de las energías renovables.

“El declive estructural del mercado del carbón por vía marítima para centrales térmicas es cada vez más evidente vistas las tendencias en China e India”, señaló Tim Buckley, Director de estudios financieros sobre energía en el Instituto de Economía Energética y Análisis Financieros en un comunicado de prensa.

“Que uno de los principales promotores del carbón en el sudeste de Asia, [Vietnam], abandone la construcción de nuevas plantas de carbón es una señal más de la fase terminal en la que se encuentra la industria mundial de carbón”, añadió.

 

Caída de los productos básicos

Estas previsiones no son de buen augurio para Indonesia. En 2014 fue el primer exportador mundial de combustible fósil, con envíos de 410 megatoneladas de carbón esencialmente térmico, el más comúnmente utilizado en las centrales eléctricas, a sus voraces vecinos asiáticos en energía. Esta primacía se debe a que produce el carbón más barato, en comparación con sus competidores en Australia, Rusia y Estados Unidos.

Sin embargo, este carbón barato tiene un enorme costo externo. Los productores dependen de trabajadores mal pagados, esencialmente no sindicalizados, utilizan técnicas de explotación minera a cielo abierto ecológicamente destructivas y envían el carbón en buques de carga sin cubierta que contaminan las vías fluviales.

En caso de que el Gobierno de Indonesia siga con sus planes, solamente consolidará el dominio que ejerce esta destructiva industria sobre la economía del país. Indonesia ha dependido durante mucho tiempo de sus recursos naturales para el desarrollo económico, pese a que este enfoque miope ha demostrado dejar al país a merced de los precios de las materias primas y de los vaivenes de la demanda global.

“Durante el auge [la pasada década] de los recursos, se estancaron el crecimiento de la inversión y la fabricación basada en las competencias y capacidades, cuyo resultado de facto es un proceso de desindustrialización”, señaló Zulfan Tadjoeddin, catedrático de estudios de desarrollo en la Universidad de West Sydney.

“No cabe duda de que el fin del auge mundial de productos básicos ha afectado a la economía de Indonesia, pero aún está por ponerse en marcha una diversificación para dejar de depender de estos recursos”.

Todo esto ocurre cuando el medio ambiente de Indonesia está en vias de recuperación tras años de explotación. Una explotación que, por otra parte, no ha mejorado la infraestructura del país, ni ha sacado de la pobreza a sus poblaciones rurales.

Indonesia es actualmente el líder mundial en materia de deforestación, superando recientemente a Brasil. En la isla de Borneo, donde por ahora se explota la mayor parte del carbón, existen altos niveles de contaminación del agua y numerosos incidentes de violaciones de los derechos humanos en las comunidades locales, incluyendo la reubicación forzosa que les obliga a abandonar sus tierras ancestrales.

Un estudio publicado por un consorcio de ONG indonesias el año pasado encontró que, de continuar con los planes para aumentar la producción de carbón en el país, las repercusiones sobre la salud podrían llegar a ser mucho peores, resultando en la pérdida de otras 21.200 vidas humanas más cada año, además de las aproximadamente 6.500 muertes prematuras causadas por las centrales de carbón existentes.

 

Derechos de los trabajadores, corrupción y esperanzas de reforma

La explotación minera del carbón, donde la mayoría de los trabajadores mineros suelen ser migrantes procedentes de otras islas, plantea otros problemas. El grado de sindicalización es bajo no solamente en la explotación minera del carbón, sino en todo el sector de la minería, por lo que los trabajadores disponen de escasos derechos y, a menudo, trabajan en condiciones peligrosas. A juicio de Izzah Inzamliyah, responsable de programa con el Centro de Solidaridad de Indonesia, este es un problema capital.

“En la industria minera, donde las condiciones son tan peligrosas, necesitamos de sindicatos que desempeñen el papel de centinela, que supervisen la implementación de condiciones de trabajo seguras”, señaló Inzamliyah en una entrevista con Equal Times.

Un claro ejemplo de esta necesidad es el accidente que se produjo en una mina de cobre y oro explotada por la multinacional estadounidense Freeport Memoran, en la isla de Papúa, y que se cobró la vida de 21 personas.

No obstante, la institución más reconocida del país, la Comisión de Erradicación de la Corrupción (KPK, por sus siglas en inglés), ha dado paso a la esperanza, ya que ha hecho de la reforma del sector de la minería una de sus principales prioridades.

La corrupción es un problema muy importante en el sector de los recursos naturales, y una de las razones por la que muchos creen que Indonesia se niega a dar primacía a la explotación del carbón, pese a los bajos precios. Sin embargo, la India puede servir de modelo a Indonesia. Es un país que se enfrenta a retos similares, con una economía en crecimiento y enormes demandas de energía, pero está dando el giro, mucho más rápido de lo que nadie esperaba, a las energías renovables.

Indonesia, que posee extensos recursos geotérmicos, solares, hidroeléctricos de pequeña potencia y de biomasa, podría disponer de una energía limpia incluso más rápido que la India.

"No hay ninguna justificación para que Indonesia conceda más licencias para la explotación de minas de carbón. Tiene que seguir el ejemplo de China y EE.UU., imponer una moratoria sobre las nuevas minas de carbón y ofrecer a la población indonesia un futuro libre de contaminación”, indicó Fiyanto.

Están dándose algunos pasos para que el país deje de depender del carbón, como por ejemplo, el impulso a la expansión geotérmica, la cual abunda en un país activo desde el punto de vista sísmico.

Sin embargo, a juicio de Puis Genting, investigador jefe en el Foro Indonesio para el Medio Ambiente/Amigos de la Tierra Indonesia, sin una estrategia nacional coherente con respecto a las renovables, Indonesia no será capaz de hacer realidad su potencial en materia de energía limpia.

“El Gobierno debe desarrollar una estrategia de energía renovable con incentivos apropiados dirigidos a aumentar intensivamente la inversión en energías renovables”, señaló Genting, “a fin de evitar la enorme contaminación que inevitablemente acarrearán consigo nuevas plantas de carbón”.

 

Este artículo ha sido traducido del inglés.